El Santuario de Lluc, donde reside el autor.

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domingo, 21 de agosto de 2016

Vocabulario breve para un itinerario cordial

El 17 de agosto pasado la Congregación a la que pertenezco cumplió 126 años de su fundación. Trato de resumir lo más denso de su carisma y de su mística en unos pocos vocablos. Por orden alfabético, a modo de diccionario.
 BÁCULO Y HIEDRA
El báculo designa al obispo en cuanto animador de la Iglesia local. La hiedra evoca la Congregación. La hiedra desea arrimarse al báculo episcopal, no con el ánimo de importunarle sino en vistas a auxiliarle en su ministerio diocesano. Estas metáforas proceden del mismo Fundador y recuerdan la franqueza, la amistad y colaboración ―quizás crítica si llega el caso― que debe reinar entre las relaciones de los congregantes con sus respectivos obispos. Recuerdan y propician, a la vez, la nota de diocesaneidad que siempre vivió el Instituto y desea continuar manteniendo. En esta perspectiva se traban también los vínculos con los presbíteros diocesanos.
COMUNIDAD.
Muchos fundadores han vuelto los ojos hacia la primitiva comunidad cristiana por aquello de "la multitud de creyentes tenía un solo corazón y una solo alma. Nadie consideraba suyo lo que poseía, sino que todo lo tenían en común". Una tal actitud llamó también la actitud del P. Joaquín. En su testamento se refiere al estrecho lazo de caridad que les unía, deseando que lo mismo acontezca entre los miembros congregantes. Y, embargado por el sentimiento, recomendó con tiernas lágrimas que el amor mutuo fuera para sus hijos el signo que les diera a conocer en todas partes. El instituto valora grandemente el aprecio fraternal entre los hermanos. Y trata de conseguir en cada casa un número significativo de miembros que favorezca la comunidad.
CORAZÓN.
Órgano fisiológico que sostiene la vida, cuyos latidos marcan la intensidad de los sentimientos que agobian o exaltan a la persona. Evoca la intensidad más profunda del ser humano. Constituye el centro simbólico de la persona -cuerpo y espíritu- de donde surgen los sentimientos, las opciones morales y las más comprometidas decisiones. Se ha dicho que lo más importante no se ve con los ojos, sino con el corazón. Vocablo un tanto desgastado por el uso excesivo y trivial, pero insustituible por sus raíces bíblicas, psicológicas y humanas. Y porque no existe otro con idéntica riqueza de contenido.
CORDIALIDAD.
"El Señor es compasivo y favorable, es lento para enojarse y generoso en perdonar". Así describía Israel a su Señor. El pueblo se dirigía al Dios fiel, clemente y misericordioso. Como un padre, Dios se muestra solícito por sus hijos. Como una madre se relaciona tiernamente con ellos. Es el Dios de Jesucristo que espera al hijo pródigo y carga sobre los hombros a la oveja descarriada. En una palabra, nuestro Dios es cordial, o sea, lleva el corazón en la mano. Los MM. SS. CC. predican con especial complacencia estos rasgos de amor, amistad, cercanía y perdón. A la vez que muestran a sus hermanos a ser misericordiosos y clementes como lo es quien hace salir el sol cada día para todos sus hijos, sin discriminaciones.
CREDO.
Los MM. SS. CC. tienen su Credo particular cual acotación muy preciada hecha en el gran Credo de la Iglesia. Creen que Dios no envía a nadie a condenar. Creen que el poder del amor ―que nada tiene de despótico― empuja a servir hasta la muerte. Creen que la salvación no llega por la Ley ni por la inteligencia ni por los líderes terrenos, sino por la Muerte y Resurrección del Señor. Y esta fe quieren vivirla como un dinamismo que penetre, oriente y dé sentido a sus vidas. De modo que han plasmado estos conceptos y vivencias en un capítulo privilegiado de las Reglas.
FUNDADOR.
El P. Joaquín Rosselló i Ferrá fundó la Congregación de los Misioneros de los SS. Corazones de Jesús y María (Mallorca). Le legó como herencia y exigencia la espiritualidad del amor, el gusto por la contemplación y las ganas de trabajar por el Reino. El fundador nació el 28 de junio de 1833 en Mallorca y murió el 20 de diciembre de 1909. Una infancia movida por el instinto de lo divino, y la contemplación. Fue consejero de muchos sacerdotes, entusiasta predicador de misioneros populares y un ejemplo preclaro de inquietud apostólica. 
MARÍA LA VIRGEN.
María es la mujer elegida que supo decir sí y cuyo corazón latió al ritmo del de Jesús durante nueve meses. La que contempló más de cerca que nadie el misterio de su Hijo. Ella nos enseña que el apostolado no requiere de grandes protagonismos ni escenarios para ser efectivo. Ella es como la raíz que sostiene el árbol entero desde el anonimato. Por eso nos enseña la contemplación humilde. A la vez nos demuestra cómo la caridad le empuja a tender una mano al prójimo en la visita a su prima Isabel.  María no es sólo la mujer de virtudes domésticas y pasivas, sino que también sabe luchar por un pueblo nuevo en el que los opresores sean derribados de sus tronos.
MONTAÑA.
En la Biblia la montaña adquiere el preciso significado del trato cercano con Dios. Abraham en el monte Moriah,  Moisés en el Sinaí, Elías esperando la revelación de Dios sobre un cerro, Jesús transfigurándose en el Tabor... La Congregación nació en una  montaña y no por azar. La montaña como símbolo de soledad y cercanía de Dios, se insinuaba en los sueños del P. Joaquín antes de la fundación. La montaña llenaba de gozo sus días mientras residió en ella. De nuevo la montaña era motivo de nostalgia cuando tuvo que abandonarla atendiendo a los requerimientos del obispo.
SANT HONORAT
Ermita del monte de Randa (Mallorca) donde el Fundador gozó de inalterable paz y consuelo. Tal era su actitud de alabanza a Dios al contemplar los paisajes desde allá divisados, tan grande la ternura experimentada, que fácilmente se traducía en lágrimas. Lugar santificado por la oración y la penitencia de muchos ermitaños. Sirvió de adecuado escenario para que el obispo Cervera erigiera canónicamente la Congregación de Misioneros de los SS. Corazones el 17 de agosto de 1890. Sant Honorat evoca a los congregantes el compromiso de llevar una intensa vida de contemplación. 
TRASPASADO
El Corazón de Cristo atravesado por la lanza es la imagen más elocuente del amor de Dios. Los brazos abiertos del crucificado indican su voluntad de reunir a todos los hermanos en un solo abrazo. Su corazón evoca hasta dónde llegó su entrega. La sangre que mana del costado abierto significa que Cristo es el auténtico Cordero -degollado, pero de pie- que libra a los suyos de toda esclavitud y opresión. El agua que brota, junto a la sangre, es el símbolo del Espíritu que El nos regala, que los limpia y guía en el camino.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Mueren los autores de la Teología de la Liberación

He recibido la noticia de la muerte de Teófilo Cabestrero con una dosis de nostalgia. Su obra a favor de la teología de la liberación fue muy amplia. Y no sólo escribió, también actuó en lugares difíciles. No se arredró ante circunstancias que exigían una valentía superior a la media. Asocio su fallecimiento a otros reconocidos autores que han caminado por la misma senda. Autores de edad provecta que pronto desparecerán de nuestro mundo: Pedro Casaldáliga, Leonardo Boff, Gustavo Gutiérrez…

Teófilo Cabestrero
En la cresta de la ola
Comulgué con las ideas centrales de esta Teología, especialmente cuando viví en República Dominicana. Se hablaba mucho de ella, estaba en el centro de numerosas conferencias, artículos y tertulias. Además, experimentaba de cerca las privaciones de los pobres. Carecían de luz, de agua potable, de horizontes... Muchos niños jamás habían salido del barrio que habitaban. Andaban descalzos y con harapos. Las niñas muy pronto eran convertidas en madres, echando así por la borda su propio futuro y el de sus hijos.  
En algunos ambientes la teología de la liberación era denostada. La misma jerarquía vaticana escribió algunos folletos (“Instrucciones”, los llamaban) sobre la misma y no era precisamente simpatía lo que desbordaba de sus páginas. Aunque también recogió al cabo del tiempo alguna que otra alabanza.
Poco a poco fueron menguando las voces que hablaban de ella. Sobretodo a partir de la caída del muro de Berlín en 1989. ¿Por qué se la arrinconó? Diversas fueron las razones. Aventuro que una de ellas reside en el prurito del hombre contemporáneo de “usar y tirar” también las ideas y programas. Los medios de comunicación se ven abocados a generar cuestiones originales para atraer la atención de los lectores o espectadores.
Además, el socialismo de procedencia soviética había fracasado… Y aunque la mencionada teología tenía un muy lejano parentesco con el citado socialismo ―si es que tenía alguno―, los adversarios de estas ideas se regocijaban, vitoreaban y pregonaban la derrota.
Leonardo Boff
En este clima le preguntaron a un santo y sabio varón si ya la Teología de la liberación había pasado de moda. Respondió de modo contundente: no, mientras existan Dios y los pobres. Gran lección en muy escasas palabras.
En una próxima ocasión tengo intención de emborronar unas cuartillas sobre algunos de los autores que más han influido en mis ideas y, en consecuencia, en mis años de docencia. Adelanto dos nombres: Leonardo Boff y José I. González Faus. No es que firme todas las páginas que han escrito, pero sintonizo con sus afirmaciones fundamentales. Ambos muestran claras simpatías por la mencionada Teología.
Leonardo Boff hace gala de una gran sensibilidad hacia los pobres que, en los últimos años ha ampliado a la naturaleza. Escribe con singular unción. González Faus sabe cómo escribir y hablar al hombre de hoy, conecta con los medios de comunicación y hace gala de una ironía muy efectiva, sin que pueda tachársela de ofensiva.
Los fundamentos inamovibles
Algunas de las grandes ideas de la Teología de la liberación son absolutamente válidas, actuales y necesarias.
·         El amor de Dios y la misma salvación cristiana requiere de un marco de libertad económica y política. Sin este ámbito de libertad, sin alguna integración social el ser humano no logra gozar de una vida digna. Y Dios quiere la salvación no sólo en el más allá, también en el más acá. Al menos, de modo inicial.
·         La meta de la liberación irradia una determinada espiritualidad. El pozo de la misma se halla en Jesús, el hombre nuevo, capaz de enfrentarse a quienes arrinconan a los pobres y a quienes se sirven de ellos.
·         La liberación exige como paso previo tomar conciencia de la realidad en que se vive. Es preciso analizar a quién beneficia la economía, el por qué existen tan enormes diferencias entre seres humanos. Porque la miseria y las injusticias no son fatalidades que le advienen a la persona, sino estructuras interesadas creadas para y por unos pocos. Aunque en un segundo paso las revistan con leyes, culturas y tradiciones…
·         Dios no quiere la situación de miseria en que tanta gente está sumida. No es su voluntad. Hay que luchar y no resignarse ante la consecuencia de la injusticia y el pecado. Por supuesto que la lucha debe hacerse con grandeza de ánimo, sin odio y tratando de evitar el sufrimiento ajeno.
·         Por todos los poros del Evangelio se urge la caridad hacia el prójimo. La mayor y más primaria caridad es la que se da a la tarea de vestir y dar de comer al necesitado.
·         Importa mucho el método elegido en la Teología de la liberación. No se parte de un texto abstracto del cual puedan deducirse variadas conclusiones. El punto de partida es la práctica de la fe en un determinado contexto. Ahí es donde vive el individuo y se cocinan sus intereses. La reflexión y la celebración deben tenerlo muy en cuenta.
Distintos ambientes
Personalmente dejé la República Dominicana a principios del 1995 para residir en Puerto Rico. ¿Motivo? El Cardenal que regía por entonces la diócesis me impidió enseñar en cualquier Universidad o Centro religioso. Le desagradaban mis artículos en la prensa local. Hace unas semanas, cuando ha sobrepasado con creces la edad de retiro, ha sido sustituido. Los haitianos tienen mucho que decir sobre su actuación. Afortunadamente no me toca a mí juzgar su comportamiento.


González Faus
No perdamos el hilo. En Puerto Rico trabajé en la Facultad de Teología que los Dominicos tienen en Bayamón. Gozaba de mucha más libertad. El Director ―fue colega del famoso biblista Crossan― era un holandés inteligente y capaz que, por cierto, también está en las últimas.
Confieso que el ambiente era distinto y las preocupaciones diarias muy otras. Dejé de cultivar intelectualmente la Teología de la Liberación, aunque seguí y sigo compartiendo sus afirmaciones. Luego regresé a España. Se me encomendó una tarea más burocrática como Vicario y Secretario de mi Congregación.
Los cinco últimos años los he vivido en Lluc (Mallorca), donde he centrado mis tareas. Atiendo a los peregrinos que suben al Santuario. Escribo en varios blogs y colaboro en algunas revistas. Tampoco mi interés inmediato se centra en la Teología que ocupa el artículo. Pero sigo creyendo firmemente que no pasará de moda mientras existan Dios y los pobres.

Pere Casaldàliga

sábado, 30 de julio de 2016

¿Como enfrentar a los terroristas islamitas?

El Papa no se cansa de decir que el mundo está en guerra, pero no se trata de una guerra de religiones, sino de intereses. Tiene toda la razón. En el Corán hay frases ambiguas respecto de la guerra, pero la mayoría de los musulmanes han sabido convivir con otras religiones a lo largo de cientos de años. Y quiero creer que la mayor parte de ellos rechaza de plano el vocabulario belicoso y más todavía hechos tan repugnantes como quemar y degollar a un ser humano.  

Una historia de resentimientos y violencias
Dicho esto, no se puede olvidar la loca violencia con que una minoría islamita trata de sembrar el terror. Ahora, por vez primera, también en un templo católico del norte de Francia. Pero antes han llevado a cabo cientos de actos terroristas en las comunidades cristianas de Oriente Medio y algunos países de África. Más aún, la barbarie alcanza también a quienes pertenecen a otros grupos en el interior del islam. Y a quienes tienen otra interpretación de la sharia (la ley) coránica.

Por su parte los cristianos también tenemos que recitar el mea culpa por haber declarado y ejercido, en más de una ocasión, la guerra declarada al islam. Basta con pensar en el tópico de las cruzadas. En otras guerras la motivación religiosa era quizás mera excusa que velaba razones de carácter político, territorial o económico. La guerra de Irak no estuvo motivada por causas religiosas ni tampoco la actual ofensiva contra el Estado islámico. En estos conflictos ―por ambas partes― hay mucho de odio al que es diferente. Se acumulan grandes dosis de resentimiento y se pretende vengar humillaciones anteriores.

En efecto, los musulmanes se sienten humillados por la guerra de Irak, por el modo de proceder en Guantánamo, por sólo enumerar dos motivos más actuales. Se sienten ofendidos por lo que consideran un comportamiento impúdico en occidente. Consideran que se les arrincona injustamente cuando grandes empresas les impide seguir trabajando como pescadores o agricultores en tierras africanas. En cada caso habría que matizar ulteriormente, pero sin duda se trata de heridas no restañadas.  

Algunas minorías islamitas están por la guerra, el asesinato y el terror. La última noticia sobre el particular es la de un joven exaltado que degolló a un sacerdote en el interior del templo, mientras oficiaba una misa. Un acto religioso, por cierto, en el que se hace memoria de la paz y la reconciliación obrada por Cristo. Los creyentes en Jesús de Nazaret no debieran apoyar guerra alguna.  

Los terroristas del Estado Islámico quieren unir a todos los musulmanes sunitas en torno a su causa. Con tal fin proclaman la guerra santa y declaran la hostilidad a la civilización occidental. Es así, aunque no debemos pasar por alto que la mayoría de las víctimas del terrorismo fundamentalista islámico pertenece a la fe musulmana no sunita.

Las armas de la paz y el diálogo
Se lee en ocasiones en la prensa occidental que o ellos o nosotros. No es el dilema que necesitamos afrontar. La fe cristiana no es ideología ni está necesariamente vinculada con la política o las razones de Estado. De ahí que el discurso deba ser bien distinto. Es en estos momentos tensos y dramáticos en los que urge redescubrir el meollo del mensaje de Jesús. A saber, propuesta de fraternidad, de no violencia y de diálogo. Pensar así no es de tontos, sino de cristianos. Es la debilidad del evangelio de la que hablaba Pablo, en todo caso. Es la contracultura de los creyentes.  

El martirio es un hecho que la Iglesia asumió desde los inicios. Encontramos ya su profecía en labios de Jesús: Si me han perseguido a mí, os perseguirán también a vosotros. El tenaz Tertuliano afirmaba, con razón, que los mártires son semilla de nuevos cristianos. La lógica cristiana, difícil de asimilar, afirma que la sangre derramada cosecha  frutos de reconciliación y de perdón.

Es una estampa de gran calidad dramática y cristiana la de un sacerdote de 86 años ― dedicado a repartir paz y fraternidad a lo largo de su vida― arrodillado y degollado cabe el altar. La Iglesia no dispone de otras armas que no sean las del perdón y el diálogo.

Los radicales islamitas se declaran en guerra contra todo y contra todos. Quizás en algunos puntos tengan algo de razón, pero en muchos otros recurren a falacias políticas y a falsos argumentos religiosos. ¿Cómo responder a tanta violencia? ¿Con más violencia? Nos instalaremos entonces en una loca espiral que no sabemos a dónde puede conducirnos.

Nada fácil resulta dar una opinión acerca de cómo comportarnos ante tanta barbarie. No parece que la mejor solución consista en hacer una exhibición de fuerza por parte de las naciones occidentales. Les seguiríamos el juego a los terroristas y se apoderaría de todos el temor y la sospecha.

Se ha publicado que el sacerdote degollado, P. Hamel, donó una parcela del templo para que los fieles musulmanes pudieran construir una mezquita. Todo un signo, todo un paradigma de la paradójica respuesta que debe dar la Iglesia. Un tal comportamiento indica el camino acerca de cómo plantar cara al fanatismo.

¿Este modo de afrontar la realidad es un suicidio, es una estupidez? Más de uno concluirá que sí. Pero el Evangelio habla de la fuerza de la debilidad, de devolver la otra mejilla. Creamos en la fuerza regeneradora del Evangelio. 

miércoles, 20 de julio de 2016

Partidos rumbo a la indecencia

Han pasado ya unas semanas tras las elecciones. El inesperado aumento de votos para el PP me ha sorprendido altamente. Más allá de las opciones y matices políticos llama la atención el hecho de que salga elegido por amplia mayoría un partido que más bien parece una maquinaria de individuos moralmente corruptos e infectos.

Los medios de comunicación han hecho hincapié en la mancha de aceite provocada por toda clase de latrocinios, corruptelas y delitos. Una y otra vez han señalado con el dedo a los más desvergonzados e impúdicos protagonistas. Los jueces han corroborado que se trata de comportamientos siniestros, que van más allá de la culpa individual. Incluso han imputado al colectivo de algunas zonas.

Se trata de tramas y complots que se confunden con el tejido del partido. El presidente del país, por si fuera poco, se apresura a solidarizarse con los nuevos investigados que sucesivamente aparecen en el horizonte.

No hay excusa posible para el ciudadano, ni le es dado recurrir a la ignorancia. Pues bien, los votantes han elegido una vez más, de modo mayoritario, a quienes han protagonizado toda clase de escándalos y excesos punibles.   

Sacar conclusiones
Le he dado vueltas al asunto y me resistía a sacar la conclusión. Pero hay que tomar aliento y admitir que el país de los votantes del PP es una tierra en la que la impunidad tiene salvoconducto. Cuando la más voluminosa masa de votantes elige a un partido con tantísimas corrupciones en su mochila se hace preciso concluir que la honradez y la ética preocupan muy poco a la mayoría de los ciudadanos.

Se diría que una gran parte de la gente prefiere la corrupción conocida a los programas regeneradores prometidos. Prefiere las injusticias contantes y sonantes al vago temor que produce el cambio. Y cuando digo injusticias pienso en los desahucios, los fraudes a Hacienda que implican recortes en la educación y la sanidad, las comisiones ilegales que multiplican el precio de las viviendas y los servicios públicos…

Da igual. Por pura inercia, por temor, porque a mí ya me va bien, porque me caen antipáticos quienes ostentan modos menos refinados…sigo votando a los corruptos. Y a otra cosa.

Les importa la seguridad a los votantes mayoritarios de la corrupción. Al menos eso es lo que se percibe. No están orientados hacia la honradez, la solidaridad con el prójimo desfavorecido o hacia unos mínimos éticos. En consecuencia nos hallamos frente a un grave dilema. Se levanta ante nosotros un conflicto ético, político y también religioso.

Dicho en palabras corrientes ello significa que a una gran mayoría le preocupa su propio bienestar, y su seguridad mucho más que el dolor de los pobres. Y cree que el fin ―la esperanza de que no ocurran sobresaltos― justifica los medios, sin importar su calificación ética.

Entonces no queda sino reconocer que el Evangelio anda muy lejos de estas opciones. Y no se diga que es inconveniente mezclar la política con evangelio. Cuando la política incide en la moralidad, cuando a unos empobrece de modo vergonzoso y a otros enriquece ilícitamente, la obligación es clara: hay que lidiar con tales comportamientos. Sostener lo contrario equivale a ponerse una venda ante los ojos y, acto seguido, tomar partido por los propios intereses.

Siempre he pensado que no es correcto destacar un partido sobre los demás alegando su mayor moralidad o compromiso. A la larga ello conlleva saborear la decepción. Los partidos bailan al ritmo que impone el poder y éste favorece situaciones turbias, maquinaciones indecentes y puñaladas traperas.

Cierto que no todos los políticos son iguales y que los hay honrados. Sin embargo, el humus de la política es el que es y cada día se nos sirve una generosa ración del mismo en los medios de comunicación.

En nombre del evangelio no creo que hay que privilegiar a ningún partido, si bien cada persona tiene sus preferencias legítimas. Pero cuando las corruptelas se acumulan, cuando las prevaricaciones y latrocinios se hacen evidentes, cuando los menos favorecidos sufren toda clase de injusticias, a uno le asiste el derecho de condenar, por fidelidad al evangelio, a quienes ejercen la dirección de un colectivo que como tal se ha corrompido.    

La funesta manía de pensar
Es conocida la frase de aquel Rector servil que, en presencia de Fernando VII, se declaraba contrario a la funesta manía de pensar. Personalmente trato de pensar y sacar las conclusiones pertinentes. Como creyente en Jesús de Nazaret, que estaba al lado de los más humildes y perjudicados, creo que también la política debe ser objeto de reflexión y luego hay que extraer claras obligaciones morales.

A propósito del llamado Rey Felón, de infausta memoria, se cuenta también que, con gran entusiasmo, algunos proclamaban ¡vivan las caenas! con motivo de su vuelta a España. Les diría a los votantes del PP que reflexionen y no se adhieran a ninguna de las dos frases. Pensar no es una manía y adherirse a las cadenas sólo tiene un nombre: masoquismo.