El Santuario de Lluc, donde reside el autor.

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sábado, 3 de marzo de 2012

Urdangarín, el insaciable



Los indicios son abundantes y visibles. Muchos artículos en la prensa digital y de papel están convencidos de que Urdangarín usó y abusó de sus vínculos con la familia real. También lo piensa así la Fiscalía anticorrupción de Baleares. Por su parte el juez tuvo que interrogarle a lo largo de muchas horas sobre asuntos turbios que no llegaron a aclararse.

La actitud políticamente correcta exige que se considere a nuestro hombre inocente hasta tanto no se le condene. Incluso hay voces alegando que la hostilidad de cierta prensa hacia el duque se debe a una veta de republicanismo. O que el yerno del Rey es un personaje ideal para convertirlo en chivo expiatorio al hallarse encumbrado por su matrimonio, construirse un palacete y llevar un alto ritmo de vida. La inquina nacería de la pura envidia.

Llamémosle presunto inocente para ser políticamente correctos, si bien este protocolo cada vez me incomoda más. Pues se observa que no raramente los jueces dictaminan por una diferencia mínima de votos, sobre todo cuando la causa es de tipo ideológico. Se da el caso de que los votos de un signo proceden de quienes fueron elegidos por uno u otro partido… Luego uno escucha determinadas grabaciones telefónicas o inauditas confesiones de súbita pérdida de memoria y el protocolo de la presunta inocencia acaba desmoronándose. 

Después de todo, uno no es o deja de ser culpable porque lo diga el tribunal de turno. Simplemente hay que actuar como si -una vez dictada sentencia- este señor fuera culpable o inocente. Las sentencias civiles para nada afectan al fuero interno. Reconozco que lo correcto en política y en sociedad consiste en ser consecuente con la sentencia. De lo contrario se instalaría el caos. Reconozco también que si una ley o una sentencia va contra la conciencia personal o contra la justicia evidente es preciso desacatarla en la medida que a uno le corresponda.

El tal Urdangarín, Duque por gracia de su boda con la hija del Rey (otra ganga, la de tener por padre a un rey) es un exjugador de balonmano al que su carrera se le antojó corta y siguió dando pelotazos. Sus excompañeros de equipo cobran al parecer un promedio de 2.500 € al mes. El yerno ha acumulado inexplicablemente una fortuna de 11 millones, según leo en la prensa. Urdangarín, el insaciable, podría llamársele. Parapetado detrás de la Casa Real daba sablazos a diestro y siniestro. Y es que todavía debe funcionar aquello de que “si rechazas mi propuesta te enterarás de quién soy”. Desde luego, lo decía en términos más suaves e implícitos, tampoco vamos a exagerar.

El Duque montó un entramado societario para apoderarse de fondos públicos y privados a través de una entidad sin ánimo de lucro. Se ha sabido que el príncipe azul no hizo el servicio militar alegando sordera. Reconozco sin el menor sentido de culpa que no he leído el libro de Pilar Urbano sobre la Reina, pero sí una cita en la que Doña Sofía dice del yerno: “Es bueno, buenísimo y tiene un fondo espiritual y moral enorme. Un hombre muy sensible, muy bien educado, atento y además espontáneo, alegre y animado”. Sin comentarios.

“La justicia es igual para todos”, dijo el Rey. Cuesta creerlo cuando quienes hunden bancos por su afición a la burbuja inmobiliaria siguen impunes y al retirarse se asignan  sueldos millonarios. Unos dineros públicos que inyectó el Estado al banco precisamente obligado por la ineptitud del Director o por su ambición desmedida.

Confiemos en que la justicia es igual para todos. Aunque se haga cuesta arriba digerir que a la Infanta no se la llame a declarar  “porque nada tiene que ver con el asunto”. Ella que era vocal o secretaria de uno de los organismos y firmaba actas. Ella que ciertamente sabía del palacete y de los pisos comprados en Palma. ¿O quizás desconocía estos datos? ¿O tal vez era la timidez lo que impedía preguntarle a su esposo de dónde sacaba tanto combustible?

Evasión de capital e impuestos, creación de una trama de sociedades que transitaban por el Reino Unido y Belice, facturas sin justificación, cobros exagerados que no se correspondían con las tareas llevadas a cabo. Tales son los cargos que se le imputan al Duque y que otros excolegas han confirmado.

Un personaje tan decidido a la hora de hacer negocios nos sorprende ahora con su actual timidez y súbita pérdida de memoria. Mientras estaba en la cresta de la ola se mostraba valeroso y seguro de sí. Ahora, frente a las consecuencias de su obrar, aparece más bien apocado, si es que no cobarde. No sabe, no recuerda, era su socio quien transgredió la ley, le falsificaron la firma... Desconocía lo que ocurría en sus empresas… Él era una estatua silente que nada veía cuando sus socios saqueaban las arcas públicas. Él sólo pasaba por allí casualmente.

Hoy día el paro, los recortes y la crisis taladran manos y pies de muchos ciudadanos. Para más escarnio no acaba la veta de los saqueos de dinero público y siguen los sueldos obscenos de algunos banqueros y políticos. Los discursos oficiales dicen que los tiempos son recios y todos tenemos que apretarnos el cinturón. No es de extrañar que al Duque le insultaran cuando iba a declarar al juzgado, justamente en una calle cercana a la avenida llamada “Els Ducs de Palma”. Muy comprensible.





1 comentario:

Anónimo dijo...

Un poco fuerte el artículo, pero más fuertes fueron los fraudes. Cuando la gente no llega a final de mes a otros les sobra sueldo para lustros y decenios.