El Santuario de Lluc, donde reside el autor.

El Santuario de Lluc, donde reside el autor.

lunes, 23 de febrero de 2015

Turismo religioso en Lluc

Clausura del Congreso sobre turismo y cultura


La Universidad de las Islas Baleares ha organizado un congreso internacional de turismo cultural con el objeto de realizar análisis, diagnósticos y formular perspectivas de futuro. Se celebró los días 19, 20 y 21 de febrero del año en curso.

Los dos primeros días las sesiones tuvieron lugar en el edificio Archiduque Luis Salvador de la Universidad. El sábado por la tarde las conferencias se dictaron en Lluc. Además, los participantes visitaron algunos espacios del Santuario.

Tres conferencias han tratado el tema de Lluc desde diversos puntos de vista. El espacio que sigue reproduce la que me encargaron a mí. Se trata de una traducción del catalán, idioma en el que se pronunció y que hablaba la mayoría de los participantes.

Turistas y peregrinos

A menudo, al hablar de turismo, se colocan adjetivos detrás del nombre. Turismo cultural o turismo religioso, por ejemplo. La verdad es que la distinción es un poco brumosa pues que el turista no tiene dificultad en combinar varios objetivos. Al santuario de LLuc, donde resido y trabajo, suben ciclistas y excursionistas, gente que quiere contemplar la naturaleza y gente que quiere rezar ante la imagen de la Virgen. Las páginas que siguen se limitan, pues, a exponer brevemente lo que piensa y hace la comunidad del Santuario a la hora de acoger a las personas que llegan hasta aquí.

Valga notar que los peregrinos que suben a pie o en vehículo tienen una perspectiva algo diferente del mero turista. Unas palabras sobre el particular.

El peregrino se deja empapar de las leyendas del lugar que visita y toma conciencia de que en el suelo del santuario se han ido acumulando numerosas capas de emociones, aflicciones y gozos a lo largo de los siglos.

Para los peregrinos cuentan menos las distinciones sociales, en el camino nivelan las jerarquías, todo se vuelve más horizontal. Lo mismo si el viaje se hace a pie como en un vehículo colectivo.

No hay que olvidar que el hecho de desplazarse ya tiene un valor. La meta es el camino, se ha dicho, en frase lapidaria y que merece una buena reflexión para ser captada en su profundidad. Aunque sin un punto preciso de llegada el conjunto queda algo devaluado desde la perspectiva religiosa.

La situación geográfica del santuario, a menudo aislada y elevada, junto con la belleza del paisaje —austero o exuberante—  se asocia a la armonía del cosmos. Se considera reflejo de la misma divina belleza.

El santuario se diferencia de la parroquia, a la que no debe suplir ni imitar. En principio debe ser un símbolo del Pueblo de Dios en marcha, un zumbido del misterio divino que atrae a los peregrinos. Misterio, naturaleza, fraternidad de los seres humanos, comunión con los antepasados, identificación con una misma cultura. Esto es lo que puede ofrecer y transmitir el santuario.

La acogida de carácter religioso

El profesor Sebastià Serra, organizador
del congreso, y Pere Muñoz, 
a punto de comenzar su charla
A menudo los peregrinos sube al santuario tras largas ausencias de la Iglesia o incluso manteniendo una franca hostilidad hacia ella. Por lo cual debe hacer la función de una puerta siempre abierta, favoreciendo el contacto con Dios y el regreso a la comunidad. Un personal expresamente dedicado a la acogida cumplirá una muy oportuna función.  Normalmente el peregrino es favorable a la confidencia.

Conviene que la acogida tenga presente el carácter específico de cada grupo, de cada persona, de sus expectativas y necesidades. Está fuera de lugar una acogida standard. Quien visita un santuario lo hace probablemente en circunstancias especiales: vive momentos de preocupación, incertidumbre, esperanza, sufrimiento, alegría, fracaso, agradecimiento... Otros buscan un sentido a la vida. Preguntan el porqué de tantas cosas, A partir de un tal estado de ánimo se facilita el diálogo.

La acogida implica amabilidad y deseo de compartir. En cambio el mero hecho de recibir tiende a ser pasivo e incluso puede coexistir con una actitud a la defensiva o para meramente cumplir el expediente. Se puede recibir alguien sin acogerlo. Para acoger hay que abrirse al otro y valorarle. Lo cual nada tiene que ver con un comportamiento meloso y una sonrisa extrapolada. Además el santuario es lugar donde se va y vuelve, no de permanencia. Por lo tanto, nada de proselitismo, y menos crear dependencias. El peregrino sólo circunstancialmente pisa el santuario y en estas condiciones es que debe ser acogido.

La acogida tiene unas exigencias en principio elementales, pero no por ello se deben descuidar. Hay que tomar en consideración el estado de las instalaciones, cuidar de la seguridad, funcionalidad y belleza del edificio. Oportuno resultará tener a punto la cafetería, salas de estancia, baños, áreas verdes y de descanso. Por supuesto que es importante la limpieza. Tales detalles invitan inconscientemente a los peregrinos a permanecer más tiempo en el santuario y a regresar cuando si hace al caso.

Ofrecemos algunos materiales litúrgicos, así como audiovisuales, que ofrecen alguna explicación del santuario, de la advocación de la Virgen en particular. El peregrino agradece que haya algún pequeño detalle de gratuidad.

Devoción popular a la Virgen

En cuanto a la religión o devoción popular debemos decir que la misma situación de Lluc constituye la inspiración primera. El amplio encinar, las rocas que parecen tutelar al caminante, las montañas en el horizonte, las tradiciones originadas aquí y los numerosísimos antepasados ​​que subieron las montañas, así como los actuales peregrinos, hacen del lugar un espacio peculiar y sembrado de emociones. Tanto más cuanto que ya se consideraba un lugar sagrado (lucus significa bosque sagrado) mucho antes del cristianismo.

Participantes en la clausura.
Cerca de un centenar. Sala de "la Santa Figura"
Se comprueba día a día la secularización intensa por la que transita el pueblo mallorquín. Se constata en la disminución de los participantes en la Eucaristía, así como en el rezo del rosario por la vía monumental del rosario, así como en otras muestras de devoción años atrás bien presentes. Sin embargo, no menguan las visitas a Lluc, más bien al contrario. Ni, por supuesto, al camarín de la Virgen.

Detallamos un poco más. La imagen morena de la Virgen es el centro de la atracción que irradia Lluc. La gente que sube, con pocas excepciones, va a ver o saludar a la Virgen, como se dice. El libro que hay a disposición de los visitantes poco a poco va llenándose de súplicas o experiencias que expresan la emoción del peregrino o simple turista. En dicho libro cada vez aparecen más idiomas extranjeros y algunos con caracteres árabes o del lejano oriente.

Aunque la idea no resulte tan popular, la comunidad trata de transmitir en homilías y escritos tres mensajes relacionados con la venerada imagen. Primero, la dimensión ecuménica de la Virgen que recibe peregrinos de todo el mundo. Por cierto, los de rito oriental necesitan más tiempo para venerarla ya menudo provocan largas filas. Para acentuar esta dimensión ecuménica unas oraciones del Beato Ramón Llull encuentran en el camarín su lugar y se han traducido al árabe.

En segundo se quiere sensibilizar a la gente respecto de la problemática social y de cara a una mayor solidaridad hacia los pobres. Por eso no es extraño escuchar homilías y leer escritos que se refieren al sufrimiento maternal de María. Se retoma así el verso de aquella canción: "per les passades dolors, morena sou en figura”.

En tercer lugar se acentúa el hecho de que los escolanes cantan a la Virgen cada día en nombre de todos los mallorquines. Y a partir de ahí procede hablar de la lengua y cultura que les y que ya cultivaron los antepasados. Defender la lengua, la tierra y el sentido de pueblo es un valor típico del santuario y que la Virgen, siempre encarnada en su pueblo, favorece sin duda.

Un signo muy apreciado consiste en beber el agua de la fuente cubierta. Se perdió la antigua afición de años atrás, pero todavía mucha gente sigue con la costumbre. Antiguamente era el signo que indicaba el final del peregrinaje, antes de entrar en el santuario. En una pared de la fuente hay una inscripción atribuida a Costa y Llobera que dice así: “Grans mercès d’aquesta aigua, Oh Reina i Mare, amb que apagau la set tan dolçament, dins nostres cors feis-n’hi brollar des d’ara l’aigua de vida eterna sempre clara que hi brolli eternament.” No es un sacramental estrictamente el agua de la font cuberta, pero mucha gente se aproxima a ella como si lo fuera.

Programación pastoral del Santuario de Lluc

1. Celebraciones de más relieve

Navidad (maitines, con el canto de la Sibil.la, del ángel y la calenda). Semana Santa (con "el plany de la Verge" de Ramon Llull, recitado por dos buenos locutores). Pascua, con las celebraciones adecuadas, particularmente la ceremonia del Sábado Santo).

La Diada: mucha gente sube a pie y participa de las diversas actividades religiosas y lúdicas. El recuerdo del día de la Coronación (10 de agosto de 1884) no mueve tanta gente, pero en este año se conmemoró el centenario de la dedicación de la Basílica, la remodelación de la hospedería y la obra de la vía monumental de la colina de los misterios.

2. Peregrinaciones y Jornadas (Asociaciones. Tercera Edad, Varios...)

La Part forana y Ses Marines son nombres que indican la deferación de diversas asociaciones de 3ª edad. Hasta 3.000 personas se reúnen en el amplio edificio de l’Acolliment. Luego está la subida a pie de la part forana organizada por los Antics Blauets y la que organiza el grupo  Des Güell a Lluc a peu. Igualmente suben la montaña, especialmente en primavera, numerosas asociaciones de Tercera Edad de diversos pueblos. Se encargan de las ofrendas, lecturas y cantos.

La fecha señalada para reunir a los enfermos acoge a una gran cantidad de personas con dificultades de salud y a sus acompañantes. La fiesta de Jesucristo Sumo sacerdote depara la ocasión para que el obispado invite a todos los sacerdotes de la diócesis y rinda homenaje a quienes celebran las bodas de plata y de oro sacerdotales. Además hay que contar con la abundante asistencia del día de la familia, la asamblea anual de la Confer (religiosos/as de Mallorca), etc.

También numerosas asociaciones de carácter devocional suben periódicamente a Lluc y algunos colegios traen cientos de alumnos, para unas jornadas en las que cabe el deporte, la espiritualidad y la convivencia.

3. Celebraciones pastorales habituales.

Cada domingo se celebran tres misas, la de las 11:00 con el canto de los escolanes. Los sacerdotes están a disposición para quien desea una conversación más personalizada.

Cada día los Blauets cantan la Salve. En los meses de más concurrencia, anteceden unas palabras en cuatro idiomas para explicar muy brevemente qué representa el santuario, la imagen de la Virgen y los niños cantores. Durante el mes de mayo también los niños hacen una oración muy breve diariamente.

4. Pastoral y celebraciones más personalizadas

Estamos siempre a disposición por si alguien desea hablar con un miembro de la comunidad. Hay poca demanda, pero la hay. No se rechaza a quien pide satisfacer alguna devoción más popular, como bendecir algún vehículo o medallas.

Se celebran algunos bautismos, primeras comuniones y bodas. Preciso es reconocer que merma este apartado, sobre todo en cuanto a las bodas. En cambio abundan las parejas que quieren celebrar las bodas de plata o de oro de su unión matrimonial.

5. Medios de comunicación

La acogida también debe reflejarse en los medios. Tenemos en marcha una Web sobre el santuario (informaciones sobre la historia, actividades religiosas, y aspectos más prácticos, como la hospedería y los restaurantes). También una revista, de las más antiguas de la isla,  (Lluc), y un suplemento de la misma (Comunicació-Lluc) con artículos, crónicas del día a día y fotografías.

No dejamos de lado Facebook, y disponemos de un canal de videos en Youtube, así como de blog sobre temática relativa al santuario. Finalmente hace poco se puso en marcha un espacio para ver un audiovisual que muestra la Serra de Tramuntana y se hace eco de la experiencia del peregrino. Da a conocer los aspectos más importantes del Santuario.

jueves, 12 de febrero de 2015

Mentes rígidas, flexibles y líquidas

De vez en cuando aparecen términos inusuales en los periódicos o por las emisoras. El lector, por poco que ejerza como tal, habrá tomado nota de que los panelistas, analistas y psicólogos se valen de unos adjetivos que sitúan estratégicamente detrás del sustantivo “mente”.

Se refieren a una mente rígida, flexible y líquida. La mente rígida podría equivaler a la del individuo fundamentalista. La mente flexible se corresponde con la persona elástica. Y la mente líquida bien podríamos equipararla al sujeto indolente o indiferente. 

La rigidez mental o el fundamentalismo

Algunas reflexiones a propósito del tema. La rigidez mental afecta a la salud, a la calidad de vida y a la capacidad de ser feliz. De ahí que las personas rígidas se depriman con mayor frecuencia y lleguen a sufrir trastornos de ansiedad. Dado que no consiguen adaptarse a su entorno, viven en permanente tensión.

No sólo su modo de comportarse tiene consecuencias físicas. Les cuesta entablar relaciones sanas, tienden a alimentar sentimientos de rencor y de aversión. Lo cual hace sufrir a quien se mueve a su alrededor. Es una consecuencia lógica de su manera de ser. No son capaces de negociar, de encontrar puntos medios, de adaptarse a las circunstancias… El núcleo familiar o profesional que les rodea se resiente de ello.

En algunos casos, no obstante lo dicho, sienten una gran ansia de poder, gozan teniendo quien les escucha. Los fundadores de sectas pertenecen a este grupo. Cuando consiguen auditorio se muestran arrogantes y autosuficientes. Nunca dudan de lo que piensan y hacen. Han desterrado muy lejos de si cualquier atisbo de autocrítica.

Al contradecir a tales personas reaccionan con agresividad verbal o física. Adoptan modos dictatoriales y se niegan a revisar su pensamiento y actuaciones. Gente de este cariz no sólo atentan contra las torres gemelas, hacen explotar los trenes, o siegan el cuello de sus prisioneros. También se las encuentra a escala menor, claro, en la calle, en casa y en la universidad.

Alguna terapia podría mejorar un tal modo de pensar y actuar, pero ahora simplemente interesa mostrar los síntomas. Y tras el fundamentalista, la otra cara de la moneda, la persona amueblada con una mente flexible.  

Mentes flexibles

Se convierte en una pesadilla la obligación de compartir la vida con quien es extremadamente perfeccionista y obsesivo. Con quien considera trascendente todo lo que le ocurre, se ofende por cualquier frase jocosa y no perdona ni cinco minutos de retraso, ni un papel fuera de la papelera.

La persona flexible contrasta con este perfil. Suele distanciarse de sus propios pensamientos, es muy capaz de reírse de sí mismo y no sólo porque se le observe desde la galería. No se le ocurre citarse a sí mismo porque intuye que tomarse demasiado en serio a uno mismo tiene un lado cómico tirando a ridículo. 

De igual manera que a los niños se les inculca la perseverancia de cara a conseguir el triunfo, también debiera enseñárseles el valor de saber perder. Hay ocasiones en la vida en las que se pierde y no queda sino atenerse a los hechos. Reconocer que uno ha fracasado en determinada empresa y que el mundo no se acaba por ello tiene su valía. Significa que uno no se toma demasiado en serio, que sabe ganar y sabe perder, que goza en los triunfos y no se deprime en el descalabro.

Muy saludable resulta saber posicionarse en el camino del medio tratando de evitar los extremos, el todo o nada, el blanco o el negro… Una mente flexible es capaz de ponerse en la piel de su interlocutor y escuchar. Escuchar, revisar sus esquemas mentales y cambiarlos si hace al caso.

Sí, es preciso relativizar los esquemas y cambiarlos si es necesario. Las propias creencias no son superiores a las de los demás la mayor parte de las veces. A este respecto bueno es recordar la anécdota de aquel occidental que llevaba flores a la tumba de su esposa. Unos nichos más allá un japonés portaba un plato de arroz a su difunta mujer. El primero le dice con sorna: ¿usted cree que su mujer se comerá el arroz? A lo que responde el oriental: ¿y usted cree que la suya olerá las flores?

Cuando alguien discrepa de lo que decimos, será recomendable poner en stand by nuestras ideas para observarlas al trasluz. Luego quizás podremos seguir el diálogo con menos prejuicios.

Mentes líquidas

Finalmente unas alusiones a la mente líquida. Con este adjetivo se pretende calificar un modo de pensar típico de la postmodernidad que anda a caballo entre lo indiferente y lo acomodaticio. Una tal mente considera que nada es verdad ni es mentira, sino del color del cristal con que se mira.

La frase es de Ramón de Campoamor y exactamente dice así: «en este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira». Todo es subjetivo, todo es relativo. Una conclusión pesimista donde las haya, aunque expresada de modo desenfadado. En realidad la frase en sí misma es contradictoria: nada es verdad ni mentira… pero esta afirmación se da por cierta.

La mente líquida no quiere tomar partido. Sea por convencimiento o por no desagradar, acepta todo y tolera todo. Más que de un individuo de anchas miras, flexible y tolerante, habría que hablar de un individuo indolente e indiferente al que todo le da igual. No se pelea con su adversario por cuestión de ideas, pues no dispone de ellas o, en todo caso, las alarga y acorta como un chicle.

El individuo en cuestión mantiene un contacto superficial con la gente. Es educado, hasta florece una sonrisa permanente en los labios. Pero en el fondo no valora las ideas ni tampoco a sus portadores. Sus proyectos son perecederos y le sirven para desenvolverse en el día a día. Carece de ilusiones y programas sólidos.

La mente líquida es la que abunda más hoy en día, como antes era la mente rígida. En cambio, la flexible no tiene muchos cultivadores. Es una lástima porque es la que favorece más la convivencia y aleja los conflictos. 

domingo, 1 de febrero de 2015

Soledad sonora, soledad muda

Como el caminante con la boca reseca va a la búsqueda del agua, así quien anda agobiado y excesivamente interpelado desea la soledad. Las miradas indelicadas o inmisericordes del prójimo atosigan al individuo. En tales circunstancias trata de mantener a buen recaudo su intimidad. Con lo cual acentúa la tensión psicológica y espiritual que exige a gritos prolongadas pausas de soledad. El individuo necesita estar solo o, al menos, en una compañía acogedora y amistosa.

Sin embargo, y por contraste, acontece también que la soledad es un yugo pesado del que uno desea desembarazarse con todas sus fuerzas. Tanto más pesa la soledad cuanto más rodeado de gente se halla quien la sufre. Despertar de noche o de madrugada y sentirse irreparablemente solo, aunque en la casa y en la misma habitación haya otros seres humanos, es una sensación real, aunque difícil de describir. Quizás un preaviso de aquello que escribió Rilke en sus "cartas a un joven poeta": "porque en último término, y en las cosas más importantes, nos encontramos indeciblemente solos".

Por eso el ama de casa que permanece sola durante muchas horas busca desesperadamente una voz humana que le haga compañía y sintoniza la emisora de radio que probablemente no escucha. Sólo oye una voz cerca de ella. Y antes de marcharse a la cama el anciano se mantiene largas horas frente al televisor. Cabecea una y otra vez arropado por una voz y un busto que le relatan guerras en latitudes desconocidas. En realidad no le importan, pero la voz le ayuda a hacerse la ilusión de que no está solo. 

Soledades pavorosas

Hay soledades peores. Gente que un día vivió rodeada de personas que demostraban auténtico cariño y ahora, tras acumular muchos años sobre sus espaldas, están solos. Sus amigos fueron cayendo uno tras otro. Sus hijos están muy ocupados con el trajín de la vida y del trabajo. Ellos rumian los recuerdos de años atrás. 

¿Qué decir de la soledad de dos personas en perpetua compañía y que yacen en una misma cama? Matrimonios en los que ha prescrito totalmente el amor, expulsado por mil indelicadezas, quizás anulado por la amargura o el odio. La pareja ha dejado de quererse. Desearían vivir separados, pero les retiene juntos la soga de la rutina o de los intereses. ¡Tan cercanos y tan solos!

Está también la soledad del joven rodeado de amiguetes, que vive pendiente de las citas con el muchacho/a de turno. Huye atolondradamente de sí mismo, ahuyenta la soledad con muecas y aspavientos. Apura las fiestas hasta el último minuto, busca pretextos para la compañía... Pero fracasa una y otra vez en su deseo de vivir realmente acompañado. La soledad que tanto detesta le persigue como a su propia sombra.

Otra soledad es la de la muchacha que desea compañía y amor para construir un proyecto de vida y de hogar. Pero no encuentra sino propuestas para pasar el rato, sólo interesa por unos días, quizás por una noche. Se siente instrumentalizada e impregnada de tristeza. Duda acerca de si es ella la que carece de atractivo o si quienes la rodean se comportan como reptiles arrastrándose a ras de tierra. Otras almas gemelas sufren la misma pena en la distancia. Pero no se encuentran. Y permanecen solos, con una soledad que temen se alargue indefinidamente.

Soledades gratificantes

Sin embargo, la soledad tiene sus amantes y cultivadores. Mucha gente desea unas semanas de retiro total, lejos del mundanal ruido, que decía el poeta. Otros miman sus horas de soledad para compartirlas con su computadora. Algunos saben sacar las mejores notas y acentos a este instrumento que para ellos es la soledad. Juegan con él, lo abrazan, lo miran al trasluz y se impregnan de su olor y atractivo.

Algo tendrá la soledad cuando los grandes hombres de ciencia y de poesía se han sumergido en ella para dar lo mejor de sí. Cuando en toda la historia religiosa de la humanidad siempre ha habido ermitaños, monjes y contemplativos que han corrido tras su perfume. Los grandes místicos iban detrás de la soledad como moscas en pos de la miel. Y le escribían sonetos mezclados con lágrimas gozosas, evocaban sus virtudes y consideraban su sonoridad. Porque, efectivamente, para ellos la soledad era sonora.

Algún resorte habrá que modificar en nuestra sociedad cuando tantísima gente muere de soledad en medio de una multitud de personas que van y vienen por las carreteras, hacen cola en los lugares de comida rápida y se arraciman en las ferias. Pocas contradicciones tan elocuentes se constatan en nuestro mundo como la de quienes llaman sonora a la soledad y quienes la padecen agónicamente en medio de la multitud.

domingo, 25 de enero de 2015

Más allá de una fe rutinaria

Hace ya unas semanas. Tatabel -llamémosla así- quiso tener una amplia conversación. Éramos viejos conocidos, aunque hacía años que no nos encontrábamos. Me quedé reflexionando porque es un caso paradigmático de un amplio grupo que, años atrás, vivieron y practicaron el catolicismo. Luego se desengañaron. La fe que les llegaba a través de las homilías y los ritos no hallaba resonancia en su interior. Lamentaban unas misas aburridas, un lenguaje poco inteligible y rutinas al por mayor. Les molestaba la insistencia en los dogmas, así como la presencia casi obsesiva del pecado. Tatabel es un caso entre muchos, pero quizás ha desarrollado más conciencia del proceso realizado.  
Abandonó su fe tradicional, no sin dolor e incluso hasta con algún temor.  Pero una voz interior le gritaba que no podía seguir arrastrándose por caminos trillados y rutinarios que era lo que escuchaba en conferencias y sermones. Quería experimentar la fe, no simplemente vegetar en la fe.
Hoy en día, por momentos, habla con pasión acerca de la no dualidad, de que somos uno con el universo, de que en cierto modo nosotros  somos dioses, de que andamos como dormidos cuando vivimos de inercias y de rutinas. Es preciso, urgente, necesario abrir los ojos y despertar. Hay que alcanzar la plenitud.
Una mujer inquieta
Tatabel es tremendamente inquieta. Busca y busca. Los primeros contactos y las primeras charlas que escucha de personas  que sintonizan con las ideas mencionadas las encuentra maravillosas. Se deshace en elogios a su pensamiento y a la persona que lo transmite. Luego tiende a decepcionarse. Tal vez le descubre un ego escondido al charlista o razona que, tras una primera impresión, lo que dice tampoco es tan novedoso. Le hizo palpitar su discurso, pero ya no…. Y marcha a la búsqueda de otras ideas, de otros predicadores…. Piensa que quizás hallará un día lo que con tanto ardor desea.
No es que se haya apartado del todo de Jesucristo. Algunos de los conferenciantes que escucha son incluso curas. Bien es verdad que su lenguaje no sería del todo reconocible para los ortodoxos. Ella misma piensa que Jesús fue un personaje extraordinario. Pero eso de que fuera Dios, de que fundara una Iglesia y de que en el pedazo de pan levantado en la misa esté de modo particularmente intenso….
Yo compartía algunos puntos de vista con ella. No me siento a gusto con cristianos rutinarios cuya registro único se concreta en el “siempre se ha hecho así”.  No sintonizo con quienes echan mano de las plegarias rutinarias y mil veces repetidas. No me siento interpelado por las oraciones de petición que formulan una retahíla de buenos deseos. Para mí las peticiones son deseos que a uno le surgen del corazón y le llevan de la mano al compromiso. Lo que anhela visceralmente le sube hasta los labios y lo formula en petición convirtiéndolo en palabras sonoras. Pero se me antoja una caricatura pedir, por ejemplo, con una buena dosis de inercia y automatismo: “que los niños de África se pongan gordos y colorados…”
Creyentes con un horizonte muy reducido, que le temen a Dios mucho más de lo que le adoran, que se preocupan de bautizar a escondidas al sobrino porque su padre se niega y podría ir al infierno… Gente de escasísima creatividad cuyo motivo para no buscar ni cambiar es que “siempre se ha hecho así”. Personas sin compromiso, que arrastran los conocimientos aprendidos de pequeños sin jamás revisarlos…  
La fe vivida en grupos reducidos
Coincido con Tatabel en que todavía el cristianismo perderá más terreno, por más que nos pese. Y pienso que luego rebrotará en comunidades pequeñas, de relación cálida y amistosa. En grupos preocupados por encarnarse en todo cuanto hay de humano a su alrededor y por compartir con quienes tienen menos dinero y menos conocimientos. En un mundo de corazón duro, insensible y egoísta, los creyentes serán reconocidos por este proceder. Exactamente como los primeros cristianos. 
Estoy con mi amiga en cultivar una perdurable actitud de búsqueda. Pero no hasta el punto de que tenga vasos comunicantes con un consumismo de usar y tirar. Porque ir detrás de ideas y conferenciantes para desengañarse de ellos una y otra vez, mucho me recuerda al consumismo de las señoras que miran el escaparate, entran en la tienda y hacen mil preguntas a las dependientas. Ellas mismas saben el final: media vuelta para volver a la calle y repetir la acción en la tienda siguiente.   
Yo le digo a Tatabel que la plenitud  que persigue tiene muchos puntos de contacto con las experiencias de los místicos. Y que eso de la no dualidad no me convence. Estamos vinculados todos los seres del universo, pero de algún modo cada uno es cada uno y nosotros no somos otros. Si no existe dualidad en absoluto, entonces no tenemos a nadie enfrente. En consecuencia no podemos agradecer el don del cielo estrellado, ni protestar por un mal momento, ni arrodillarnos ante quien existe antes que nosotros, ante quien está por encima de nosotros. Andamos solos y sin rumbo vagando por nuestro planeta azul. Imposible el diálogo porque no existe el otro.  


Un tal vocabulario orientalizante, a veces universalista, otras intimista, sin duda tiene muchos puntos de vista válidos e interpelantes. Pero no es la palabra definitiva que busco ni la última que deseo escuchar. Ni, por supuesto, creo que tenga muchos puntos de contacto con el evangelio. Que, por cierto, se escribió en el interior de un grupo, por y para sus miembros. No para elucubrar desde extraños puntos de vista.
Tatabel: bueno y saludable será tratar de hacer la síntesis, de reflexionar en profundidad sin distraerse mirando en todas direcciones. ¿Por qué no volver a tus raíces cristianas purificadas y evangélicas a fin de que los predicadores no machaquen permanentemente con el dogma y el pecado? Por qué no caminar de la mano del Jesús libre de prejuicios y con el ardiente deseo de hacer el bien alrededor?

miércoles, 14 de enero de 2015

“Je suis Charlie”, pero con matices

El Estado islámico se abre paso en el próximo Oriente con bombas y metralletas. Siega cuellos y tortura a los adversarios. Las amenazas toman cuerpo inmediatamente en cuanto una viñeta reproduce el rostro de Mahoma o una frase eventualmente ataca el Corán o el Islam. Un tal proceder requiere de una valentía poco común a la hora de expresarse y emborronar una cuartilla con la temática islámica en el trasfondo. No sé yo si todos los que estos días llevaban una cartulina con la leyenda “je suis Charlie” se atreverían a dar el paso.

Las amenazas no son palabras hueras, están avaladas por una voluntad firme de venganza y por ningún escrúpulo frente a la violencia. Importa poco a los actores que reivindican el islam si pierden la vida en el transcurso de la represalia llevada a cabo con ademanes brutales y armas sofisticadas. 

De fondo está el conflicto centenario entre el islam y civilización occidental. Tiempos atrás quizás se confrontaban Islam y cristianismo, pero ya no hoy día. Estoy por la libertad de expresión y por todos los derechos que no se conviertan en lazos corredizos para el prójimo, que no acaben siendo insultos para el vecino. 

En el momento actual todo el ardor de la defensa se dirige hacia la libertad de expresión. Es normal y es lo políticamente correcto. Por lo demás, los lápices y los dibujos nunca lograrán competir con los fusiles y las balas. Hay que distinguir y mantener la distancia entre las ideas y los disparos. Jamás la reacción a un insulto o un desprecio puede provocar un balazo.

Distinguir para mejor entender

Una vez dicho esto, de puro sentido común, quisiera añadir unos matices a tales afirmaciones. El código penal de muchos países condena los escritos y los dibujos que pisan la raya del respeto a las creencias religiosas de los demás o las increencias de los ateos. La libertad de expresión es un gran logro, que aplaudo, pero me supongo que en alguna parte debe encontrar sus límites.

Sí, debe haber límites, no faltaría más. La libertad de expresión de ninguna manera tiene las puertas abiertas para la mentira, la calumnia o la incitación a la violencia. Eso está muy claro. Otras fronteras ya no son tan evidentes, pero creo que también deben mantenerse. El humor —tan saludable— en ocasiones puede herir la reputación de determinada persona o colectivo. Puede herir sus más íntimos sentimientos, lo cual no me parece nada delicado, ni que sea honroso para un ser humano. 

Me desagrada que se rían de aspectos de mi fe cristiana, cosa nada infrecuente, y que al parecer se hace precisamente para herir y ridiculizar. Repito, el mismo derecho reivindico para los ateos. Recuerdo que en una ocasión leí un artículo cuya tesis consistía en sostener que los ateos eran semejantes a los cerdos, pues ni unos ni otros tenían sentimientos religiosos ni creían más allá de lo que se ve y se toca. Expresiones de este cariz me disgustan profundamente. No existe el derecho a insultar ni a menospreciar. En cambio sí existe el contrario: a no ser insultado ni ridiculizado. 

Armonizar los derechos

Los derechos deben ser armonizados. Puede que haya unos derechos más importantes que otros, pero en principio se trata simplemente de derechos distintos. Todos apuntan a dignificar al ser humano. En el laberinto de los derechos cada uno debe gozar de su propio recorrido sin invadir ni pisotear los ajenos. El derecho a la información es muy respetable y existe en bien de la sociedad. ¿Cómo va a ir contra el derecho a la intimidad o al de la vida? ¿Cómo va a ir en contra del derecho a la democracia que es un derecho de todos los miembros de la misma sociedad?

Cualquier planteamiento que concluya con la muerte de un derecho es absurdo. En la vida de cada día los derechos tienen su propio ámbito, en el cual acaban complementándose. La armonía es la clave, la argamasa que debe pulir las aristas de los diversos derechos y limar sus asperezas. Al hablar de un derecho humano resultará muy saludable no perder de vista el conjunto de todos ellos. Claro que debe coordinarse y ensamblarse el derecho a la vida con el de la información, con el de la intimidad y el de la propia imagen. Triste destino esperaría a la humanidad si así no fuese. 

Ningún derecho tiene el privilegio de devorar a sus prójimos. Ningún derecho prevalece hasta eliminar el contrario. Ningún derecho humano, al chocar con sus semejantes, debe concluir en una derogación práctica. Muy al contrario, cada uno de ellos está llamado a vivir, convivir, coexistir y cohabitar. El ser humano es la percha de donde cuelgan todos ellos. La persona es su titular. De ahí que no puedan contradecirse, ni oponerse, ni destruirse recíprocamente.

martes, 30 de diciembre de 2014

Vampiros de la comunicación


Determinados episodios que uno ha vivido o diálogos que ha mantenido en el pasado permanecen grabados en la memoria. 
Uno intuye que en ellos había un grado de maldad o piscopatía superior al que cabe hallar comúnmente. 
He aquí la reflexión que los susodichos encuentros me suscitan.



Circulan por ahí vampiros emocionales que usan la palabra para encarnizarse con sus víctimas. En apariencia mantienen un diálogo, en la realidad tratan de utilizar al otro en beneficio propio. Y si padecen algún grado de neurosis no dudan, por añadidura, en aplastar al interlocutor. La comunicación de los tales merece el adjetivo de perversa por cuanto no es sino un medio para atenazar al prójimo y mantenerlo en un mar de dudas y confusiones. 

Los individuos en cuestión esquivan la respuesta cuando se les pregunta directamente. Lo hacen con ademán de superioridad. Pretenden así ofrecer una imagen de alta sabiduría. Cuando se expresan nada dicen en firme, pero mencionan datos inconcretos con el fin de desestabilizar al interlocutor. Lo insinúan todo, aunque sin especificar nada. 

En estas circunstancias el interlocutor trata de comprender lo que sucede, de qué habla el individuo o quizás de qué se queja. Como el vampiro sigue sin concretar, teme la víctima que se le pueda imputar cualquier yerro pasado o presente, incluso de alguno cuya existencia desconoce. 

No existe propiamente diálogo entre víctima y verdugo. Al primero se le disparan todas las alarmas mentales y su inquietud va subiendo grados. Tiene la sensación de que no es escuchado, en realidad no sabe qué decir, pues que ignora la acusación. Al verdugo no le interesa lo que diga, le hace sentir inútil, inexistente. Mientras tanto habla de modo que sólo cabe hilvanar hipótesis de sus expresiones. Todo se desarrolla en terreno ambiguo y pantanoso.

Deforma el lenguaje

El comunicador perverso adopta un tono de frialdad e indiferencia, ajeno a la menor resonancia afectiva. Es una de las estrategias que usa para provocar inquietud y temor. El agredido se turba porque siente cercano el aliento del vampiro emocional. El cual no levanta la voz, prefiere recurrir a estrategias más sofisticadas para desestabilizar al otro. 

Aduce el depredador que no se siente respetado cuando la realidad es exactamente la contraria. De todos modos no suele hablar mucho, de modo que el otro sienta la necesidad de preguntar una y otra vez. El vampiro responderá con frecuencia: “yo nunca he dicho eso”. Y es verdad, pero lo ha insinuado, sugerido y apuntado. 

El comunicador malévolo es muy capaz de mantener varias líneas de argumentación contradictorias para desconcertar a quien le escucha. O utilizar un lenguaje de carácter técnico y abstracto con el fin de desorientar a su víctima. También es propenso a utilizar frases inacabadas. Con todo lo cual trata de reforzar un perfil que irradie autoridad y sabiduría mientras le demuestra al otro que no está a la altura. 

Al agresor le interesa más el proceso, el cómo, que la finalidad del diálogo. Le importa más la estrategia de la comunicación que no la verdad de su contenido. De este modo evita la confrontación directa mientras molesta, desorienta y confunde al otro. Trata de adivinar las intenciones de quien tiene en frente, le da a entender que conoce sus interioridades mejor que él mismo. 

El verdugo no miente descaradamente, aunque todo su actuar acaba siendo una gran mentira. Utiliza los silencios y las insinuaciones, recurre a las trampas saduceas y a los puntos suspensivos. Todo en beneficio propio y con la voluntad de aplastar psicológicamente al interlocutor. Es ducho en el afirmar sin decir. Saca a relucir una afilada memoria para poner sobre el tapete algún suceso anterior en el que la víctima ha estado involucrada. Con lo cual pretende echarle en cara su incoherencia o su mentira. 

Sarcástico y descalificador

La utilización de la burla, el desprecio, el sarcasmo o la descalificación, surgen de la envida, de la maldad o simplemente de la psicopatía. A través de la descalificación, el psicópata trata de anular al otro y transmitirle que no sirve para nada. “Ya lo he borrado, le he hecho una cruz, para mí no existe”. También recurre con frecuencia al uso de la paradoja con el objeto de desquiciar a su víctima. Si lo cree oportuno no tiene inconveniente en cortar la conversación de forma abrupta dejando al otro con numerosos y agobiantes interrogantes sobre sus hombros. 

Ya que no es capaz de ejercer la autoridad de modo limpio y dando la cara, el tipo de persona que nos ocupa recurre a la palabra torticera o al lenguaje corporal insinuante. Deja entrever que posee la verdad y que su status moral es superior al de los demás. No admite el desacuerdo ni la opinión contraria. Y el disidente se sentirá impulsado a desaparecer de la circulación.

La comunicación es un medio utilizado por el individuo perverso y depredador —el vampiro emocional— para desestabilizar a la víctima., Objetivo: condenarla a la sumisión o borrarla del mapa. Como la araña que envenena a la víctima enganchada a su red. Se trata de un personaje mezquino, que prefiere las sombras a la luz, que posiblemente padece de alguna psicopatía. Personaje tóxico al que hay que respetar como enfermo, pero sin acercarse demasiado para no caer en su envolvente telaraña.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Protagonistas de la Navidad

El calendario pronto indicará con trazos rojos la fecha esperada. Es el momento de evocar a los protagonistas de la navidad y formularles un intenso ruego: que el abrazo navideño no dure sólo el lapso de tiempo que le asigna la agenda. Que las caras afables y distendidas se prolonguen mucho más allá de las veladas de esta época, quizás arropadas por los vapores del alcohol. 


Los ángeles cantores

Protagonistas son los ángeles cantores. A ellos, fabricados de elementos frágiles y translúcidos, o de carnes sonrosadas y regordetas —según el menú de la propia fantasía— les va a costar trabajo convencer a un puñado de hombres para que se pongan en camino hacia la cueva. Unos les confundirán con un sueño infantil y se darán la vuelta para prolongar momentos dulces entre las sábanas. Otros pensarán que a horas de la noche sería un disparate abandonar la casa con los peligros que acechan fuera. La misma vivienda quedaría a voluntad de cualquier malhechor de la madrugada.

Probablemente no convencerán a más de media docena de personas. Los especuladores tienen asuntos más importantes entre manos. Los desengañados ya están hartos de promesas. A los intrigantes les falta tiempo para maquinar sus propósitos.


María, la Madre

Tras mirar al cielo volvemos los ojos a la tierra. A la tierra, aunque la muchacha irradie un aura que se diría celestial. Ella es María, la silenciosa engendradora del Dios encarnado. Sufre al constatar la represión del Hombre nuevo que no logra nacer. Sí, el niño que cada uno lleva en su interior no se atreve a salir. Teme que le tachen de ingenuo e incluso que algunos individuos de duro corazón le vapuleen. 

María, la nazarena, nos enseña a no reservarse cuando llega el momento de darse. A no levantar la guardia cuando es necesario distenderse, a decir que sí confiadamente. O acabaremos conformando un mundo en el que los seres humanos vivirán temerosos y cruzarán las calles aderezados con escudos y armaduras. Un mundo en que confundiremos las sombras de los árboles con maleantes y se nos antojarán salteadores quienes nos tiendan la mano para el saludo. 

El discreto José

Junto a María, José. El hombre honrado a quien le tocó en suerte proteger el buen nombre de su esposa y ofrecerle las escasas comodidades que estuvieran al alcance. José deberá velar horas extras para sostener nuestra convivencia que se derrumba a marchas forzadas. Para sensibilizar el corazón de quien alardea de amanecer entre vahos de alcohol y músicas distorsionadas. Pues al son de palabras soeces y ritmos frenéticos no hay niño que atreva a asomar la cabeza del seno en que descansa.

El justo y discreto José comprenderá los malos modos que se adueñan de muchos ambientes. Y es que, tras vivir un día irritados entre filas y agresiones de todo tipo, padeciendo el desdén de los funcionarios de cualquier oficina pública, se requiere volver a la casa para encontrar una dosis de paz. Pero sucede que uno suele tropezarse con la basura del vecino o permanece, de mal grado, en vela a causa de los ladridos del perro de enfrente. Si por azar se concibe un niño en estas circunstancias, difícilmente será hijo del amor. 

José comprende tales situaciones, pues experimentó de cerca el menosprecio de sus contemporáneos y la dureza de que un niño venga al mundo entre telarañas y pajas malolientes. Por cierto, unas telarañas que en nada se parecían a las lucecitas de colores cuya metamorfosis fue un largo proceso en el transcurrir de los siglos.

Jesús, el protagonista ignorado

Queda para el final el imprescindible protagonista de la navidad. ¿Será un mal síntoma que asome la nariz precisamente el último de todos? Puede que sí, porque no raramente Jesús pasa desapercibido el día de navidad. Sucede cuando los protagonistas son los cohetes, los cantos, el lechón asado, los regalitos insulsos y el inefable arbolito de navidad. ¿Y el niño? Se las han apañado para celebrar una navidad huérfana de niño. 

La navidad del año primero resultó incómoda, pero unos pastores de corazón risueño acudieron a la cueva. Unos ángeles transmitieron el mensaje: "gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres de buena voluntad". Hubo quien lo escuchó. En la navidad primera la fugitiva luz de una estrella resplandeció en el horizonte. Y un par de pobres, José y María, acogieron encantados al niño entre pañales.
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                         Un marco fantástico, la Sagrada Familia,                              para el más célebre villancico. 

         ¡¡Felices Navidades !!



miércoles, 10 de diciembre de 2014

La acogida del santuario

El 30 de octubre publiqué la introducción a una conferencia titulada “El Santuario, hogar de acogida y evangelización. La entrada del blog tenía como titulo “peregrinar, marchar, contemplar...” La charla tuvo lugar en un encuentro de encargados de santuarios de Mallorca. Justamente en Lluc, santuario en el que resido. Ahora es el turno de la parte dedicada a la acogida.

Conviene señalar que el santuario se debe diferenciar de la función que tiene la parroquia, a la que no debe suplir ni imitar. El santuario tiene un perfil y una realidad propia y en ello radica su mejor oferta. En principio debe ser un símbolo del Pueblo de Dios en marcha, un zumbido del misterio divino que atrae a los peregrinos. Misterio, naturaleza, fraternidad de los seres humanos, comunión con los antepasados, identificación con una misma cultura. Esto es lo que puede ofrecer y transmitir el santuario.


El ambiente del santuario es más abierto que el de la parroquia. Su atmósfera ayuda a sentir más cercano al compañero de camino y a diluir las diferencias de raza, religión e ideología. Todo el mundo tiene cabida. El extranjero, el emigrante, el refugiado, el enfermo, el visitante casual, todos son bienvenidos y participan de un mismo clima de hermandad. Pero favorecerá mucho este clima que el peregrino se sienta cómodo en el grupo y reconfortado como persona. Es decir, que se sienta acogido.

Importancia de la acogida

A menudo los peregrinos del santuario han permanecido durante largo tiempo ausentes de la Iglesia o incluso en franca hostilidad hacia ella. Por eso conviene que el santuario desempeñe la función de una puerta siempre abierta, brindando el contacto con Dios y facilitando el regreso a la comunidad. Un personal expresamente dedicado a la acogida —sacerdotes o laicos—, consagrado al peregrino, que quiere renovar su contacto con Dios y los hermanos, será muy oportuno.

Se manifiesta la acogida en detalles sencillos de tipo material y está claro que también en la disponibilidad a la escucha. Normalmente la circunstancia del peregrinar le hace más favorable a la confidencia. Sacerdotes y laicos deben acoger al personal de acuerdo a las tareas asumidas. Deben aprovechar el kairós, la ocasión. Conviene que la acogida tome en consideración el carácter propio de cada grupo, de cada persona, de sus expectativas y necesidades. Por lo tanto está fuera de lugar una acogida standard. Quien visita un santuario lo hace probablemente en circunstancias especiales: vive momentos de preocupación, incertidumbre, esperanza, sufrimiento, alegría, fracaso, agradecimiento... Otros buscan un sentido a la vida. Se preguntan el porqué de tantas cosas. A partir de aquí el diálogo se facilita.

Los encargados del santuario deben ser conscientes de la responsabilidad que supone la acogida. Conviene que dispongan de una preparación no sólo técnica, sino también espiritual. Igualmente saludable será que descubran en este servicio un medio de vivir y testimoniar la propia fe. Bien se puede afirmar que la espiritualidad del presbítero que dirige un santuario, y de los seglares que le ayudan, es la de la acogida.

Los pasajes evangélicos que procede recordar en este contexto son innumerables, pero citamos aquel tan conocido: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os haré descansar. Cargad con mi yugo y aprended de mí, pues soy apacible y humilde de corazón y encontraréis descanso para el alma. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera "(Mt 11, 28-30). No olvidemos que Jesús se centraba en la persona a la hora de la acogida y era muy capaz de pasar por encima de la ley si entraba en conflicto con la acogida., como sucedió en el caso de la curación del leproso y del sábado. También los encargados del santuario deben tener presente que primero es la persona y luego ya se elucubrará sobre la raza, la religión y demás circunstancias.

La acogida supone una actividad interior personal y decidida. Implica ternura, amabilidad, consolación. Desea compartir. En cambio el mero hecho de recibir tiende a ser pasivo e incluso puede coexistir con una actitud a la defensiva o para cumplir el expediente. Se puede recibir a alguien sin acogerlo. Para acoger hay que abrirse al otro, reconocerle una valía y unos derechos. Lo cual nada tiene que ver con un comportamiento meloso y una sonrisa fuera de lugar. Por lo demás, sabemos que los santuarios son lugares de donde se regresa, no lugares de estancia permanente. Por lo tanto, nada de proselitismo, y menos crear dependencias. El peregrino sólo circunstancialmente pisa el santuario y en estas condiciones debe ser acogido.

Derivaciones de la acogida

La acogida requiere iniciativas pastorales especiales, pues no basta con sonreír y dar la mano. Iniciativas apropiadas a los destinatarios, que se correspondan con su mentalidad, lengua y situación particular.

Para empezar con lo más material y visible, la acogida exige cuidar cuanto tiene que ver con las instalaciones, por intrascendente que ello parezca. Vale la pena mantenerlas dignas y funcionales. Oportuno será tener a punto la cafetería, salas de estancia, baños, áreas verdes y de descanso. Es importante la limpieza. Tales detalles invitan inconscientemente los peregrinos a permanecer más tiempo en el santuario y a regresar posteriormente. 

También habrá que tener en cuenta una pedagogía pastoral que sea realista, aunque creativa y que sepa hacer la síntesis entre liturgia y piedad popular. Que valore la dimensión festiva de la fe y su lenguaje simbólico. Por supuesto que resultará útil ofrecer materiales litúrgicos y técnicos, audiovisuales que expliquen algo del santuario, del titular, sea la Virgen o algún santo. Y no se pueden dejar estas cosas sólo a la vertiente comercial para que las compre quien quiera o pueda. Debe haber algún pequeño detalle de gratuidad.

Por otro lado este ofrecimiento de materiales favorece una asamblea más participativa y comunitaria. En esta línea será útil pedir, a quien sea capaz de dar una opinión, como podría mejorar este aspecto. Resultará beneficioso en este sentido incorporar laicos para facilitar la acogida y la administración del santuario. Algunos serán sin duda capaces también de atender espiritualmente a los peregrinos.

Un aspecto que no debe olvidarse es el de planificar las diversas actividades que tienen lugar en el santuario, aunque sean pocas. Si se piden opiniones sobre el qué y el cómo de estas actividades probablemente el conjunto mejorará. Para conseguir este objetivo ayudará a que cada santuario, dentro de sus posibilidades, tenga un equipo de pastoral integrado por sacerdotes, religiosos o religiosas y laicos que actúen de acuerdo con el objetivo que asignado. Y ojalá quede enmarcado en la pastoral de la Diócesis, de la región o el país.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Igualdad varón / mujer en la Iglesia

En la entrada antepasada anuncié varios escritos para insistir en cuestiones que, a mi entender, debieran ser asumidas por la Iglesia. El actual Papa ha cambiado el talante y el clima, pero hasta que la música no se convierte en letra, hasta que las palabras no inciden en las estructuras, las ideas no toman cuerpo o, en todo caso, resultan frágiles y tornadizas. A una entrada de blog sólo le es dado pronunciarse de modo genérico y hasta diría que epidérmico. Sin embargo, permite adivinar las líneas de pensamiento del autor.


El observador neutral advierte que la Iglesia católica es de las pocas instituciones, al menos en el hemisferio occidental, que no admite en la práctica la igualdad entre hombres y mujeres. Evidente que la mayoría de practicantes sentados en los bancos de la Iglesia pertenecen al género femenino. Y las estadísticas consultadas dicen que un 61% de mujeres comprometidas pertenecen a diferentes órdenes religiosas femeninas, frente a un 39% de hombres, entre sacerdotes, obispos, religiosos y diáconos. 

Pues bien, se da el caso de que la toma de decisiones, el protagonismo y la visibilidad de la institución están casi en exclusiva en manos de varones. Así acontece en el cardenalato, el episcopado, el sacerdocio y demás ministerios eclesiásticos. Incluso hay obispos que, en el colmo de los desatinos o en la cima de la misoginia, prohíben que las mujeres suban al presbiterio. En algún caso, ni siquiera permiten que ejerzan de monaguillos. 

¿Por qué tanto empeño en que ellas sean invisibles? No quiero profundizar en el asunto porque probablemente habría que aludir al ansia de poder, al temor ante el sexo y otras cuestiones turbias. Lo cierto es que hay palabras contundentes en el Nuevo Testamento que invitan a superar la actitud de recelo ante la mujer. San Pablo afirmó con contundencia: 'Ya no tiene importancia ser (…) hombre o mujer (… ) porque unidos a Cristo Jesús, todos sois uno solo. Y si sois de Cristo, también sois (…) herederos de las promesas”. Jesús no indicó un rol distinto, mejor o peor, para las mujeres en su círculo. Quiso para ellas el mismo lugar y papel: el de hijos/as de Dios”. 

Transcurrieron algunos años, se consolidó la Institución, penetraron por las rendijas de sus muros ambiciones varias… La Iglesia se homologó con las estructuras tradicionales del poder. Los varones son los que mandan. A partir de ahí se elaboraron numerosos argumentos, teológicos o de otro tipo, más bien rebuscados, para sostener las medidas tomadas. 

Desde entonces las mujeres son mayoría en la iglesia católica, pero silenciadas y poco visibles. No me extraña que haya colectivos femeninos contrarios a una tal situación y que algunos se muestren incluso indignados. El debate se halla atascado. Los obispos temen, sobre todo, que las mujeres exijan la ordenación sacerdotal cuando el magisterio se ha mostrado en contra, aunque no de manera definitiva e irreversible. 

Los colectivos femeninos aludidos recuerdan que todos somos hermanos y hermanas. Que la igualdad es cuestión de derechos humanos. Una teóloga de larga y solvente trayectoria, Dolores Aleixandre, escribe: “el Evangelio habla de una comunidad circular en la que alguien tiene la presidencia, pero en la que todos somos hermanos y hermanas. Me pregunto por qué tenemos tanto miedo al sueño circular y fraterno de Jesús y creo que tenemos mucha confusión entre autoridad y poder".

A mí se me ocurre que la invisibilidad de las mujeres en la Iglesia empobrece a la comunidad y echa por la borda una buena dosis de credibilidad. Empobrece porque la mujer dispone de unos registros peculiares en su pensar y sentir, en su mirada a la familia y a la sociedad. Pero como no decide ni se le presta gran atención, sus aportes quedan en la orilla. 

También su marginación le hace perder credibilidad a la Iglesia, pues ya sólo grupos radicalizados o fundamentalistas propugnan la discriminación de media humanidad a causa de su sexo. La Iglesia afirmaba en el último Concilio que hacía suyos los problemas, goces e inquietudes de los hombres y mujeres de nuestro mundo. Preciso es sacar las consecuencias y abordar el tema. La Iglesia, que con tanto afán defiende los derechos humanos en la sociedad, no debería mirar a otra parte en este punto. 

Las monjas de Estados Unidos llevan años bajo sospecha en el Vaticano. Ellas tratan de no desfallecer en su lucha. No les interesa debatir dogmas ni principios doctrinales, sino que el gobierno de la Iglesia actúe de modo más corresponsable. Piden que no se discrimine a la mujer, tampoco en su acceso al sacerdocio. Solicitan que se reconozca lo que es práctica habitual en la sociedad: el control de la natalidad. Luchan por "una Iglesia sin poder ni privilegios, al servicio de los más pobres, esperanza de los desvalidos, con entrañas de misericordia. Una Iglesia libre, que viva, luche y sufra con el pueblo".

Defienden estas cosas día a día con pasión teñida de evangelio, con el ofrecimiento de un diálogo respetuoso, profundo y honesto con la jerarquía. Ellas lamentan que en la vida civil se hayan conseguido unos derechos no reconocidos todavía en el interior de la Iglesia. Deploran que la discriminación hiera a muchas mujeres en el interior de la Institución, aleje a otras de la misma y la desacredite frente a la sociedad.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Las ruinas del muro


El pasado 9 de noviembre se cumplieron 25 años de la caída del muro de Berlín. Se derrumbó el mayor emblema del comunismo. Se me ocurren algunas reflexiones a propósito del hecho. Cuando el contendiente yace por un cuarto de siglo derribado en la lona ya no tiene sentido alertar acerca de su peligrosidad. A la vera del muro en ruinas, tras un cuarto de siglo, cabe hilvanar algunas ideas a este propósito. 

Se ha dicho que las sociedades occidentales destinan un tercio de sus habitantes a lucrarse de modo voraz e insolidario. Otro tercio logra asegurar su trabajo, es decir su fuente de ingresos, que defiende con uñas y dientes. El último tercio vive más allá de la línea roja que marca las condiciones de pobreza/miseria. 

Cuestión de sensibilidad

Quien tuvo y tiene un mínimo de sensibilidad humana no se contenta con celebrar la victoria sobre el “enemigo” agitando la bandera capitalista por encima de las ruinas del muro. Se pregunta más bien si en los países que conforman el hemisferio sur se respetan los derechos humanos —el de comer es indudablemente de los primeros— con el mismo afán con que se preguntaba por la andadura de tales derechos en el Este. 

Las obsesiones, las ideologías acríticas, las opciones tomadas con las vísceras —más que con la cabeza— suelen jugar malas pasadas. De ahí que no está fuera de lugar la sospecha acerca de si tanto interesaban los derechos humanos. Pudiera suceder que más de uno celebrara la derrota comunista pensando en la amplia brecha abierta en el Este de Europa en vistas a ampliar el negocio. 

Bien cierto que fracasó el marxismo en sus aspectos sociales, económicos y políticos. ¿Nos dedicaremos entonces a exaltar y magnificar el capitalismo? Puesto que los antagonistas perdieron la partida, ¿vamos a exasperar los postulados del libre mercado, sin temor a que nadie levante la voz? ¿Vamos a desechar los correctivos que a regañadientes iba incorporando el sistema neoliberal? No, por favor, no demos paso libre a un capitalismo todavía más salvaje. La ley del más fuerte ya tiene suficiente vigencia como para abrirle las puertas de par en par. 

Desde un punto de vista creyente sería un error alegrarse, sin más, de la derrota marxista. Al fin y al cabo el marxismo —e incluso algunos aspectos del socialismo real— tenían como motivo de inspiración la generosa utopía de mayor bienestar para todos. Un tal objetivo debe sostenerlo el cristiano sin reticencias. Si el aparato estatal de las sociedades comunistas se confesaba ateo y materialista, no hay motivo para echarse las manos a la cabeza. ¿O es que basta confesarse creyente con los labios, andar con la Biblia bajo el brazo y hacer reverencias a la jerarquía para demostrar la autenticidad de la propia fe?

Cierto que el Reino de Dios y la salvación integral del hombre no se reducen al bienestar económico. Pero el reduccionismo puede venir de la orilla contraria y sostener que la gracia sobrenatural coincide con la salvación plena. No. La salvación integral abarca todos los frentes. Resulta penoso que quienes poseen cuentas corrientes abultadas sean quienes más se empeñan en acusar de reduccionistas a los que se preocupan por una vida más digna para sus prójimos. 

Más allá de la ideología

Si no se pretende proyectar la salvación sólo hacia el más allá y convertir el Reino de Dios en una entelequia conviene proclamar muy alto que toda realización económica en beneficio de los más necesitados también forma parte de la salvación/liberación del ser humano. 

Piénsese cada uno lo que guste de la caída del muro en su 25 aniversario, así como de los sorprendentes cambios en los países del Este de Europa. Analícese como mejor parezca eso de que, según dicen, el libre mercado genera mayor riqueza que el mercado intervenido. Mejor enfocar la cuestión desde otro punto de vista más elemental y menos ideológico. 

Planteemos los términos diciendo que cada ser humano tiene unas necesidades biológicas que cubrir. Su estómago requiere de la digestión diaria. Cada uno debe, sin excepciones, vestirse, cobijarse y acudir al médico de vez en cuando. Las ideologías no cambian para nada esta realidad. Más o menos listos, más o menos elegantes, los hombres y mujeres se ven precisados en este mundo a procurar el alimento, el vestido y la vivienda.

¿No resulta más simple y humano, menos artificioso e interesado, otear el panorama desde esta perspectiva? Por supuesto que sí y, sobre todo, más cristiano. Desde las primeras páginas de la Biblia se afirma que el ser humano es imagen de Dios. Se le pone en un mundo capaz de producir el alimento y cubrir las necesidades que le sobrevienen… siempre que algunos más ávidos y codiciosos no se lo apropien.

El sistema, las realizaciones prácticas, las soluciones técnicas que desarrollen tales planteamientos serán los más aptos de cara a la convivencia. Las demás cuestiones deberán pasar a un discreto segundo plano, por más dosis de ideología o de visceralidad que contengan.