El Santuario de Lluc, donde reside el autor.

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viernes, 22 de marzo de 2013

Diálogo de santuarios


Se celebró el encuentro número 34 de los santuarios de Catalunya y Balears. Tuvo lugar en Lleida los días 12 y 13 de marzo. Al abrir el correo electrónico he dado con comunicaciones de algunos colegas que se me adelantaron en la comunicación. No le hago ascos a algunas de sus expresiones que me facilitan la labor.  
En el folleto-guía, una foto de la ciudad de Lleida,
lugar del encuentro. La vieja catedral en el montículo
Los rectores de santuarios tenemos mucho trabajo que hacer y nadie lo hará por nosotros. Porque "las ermitas de hoy son las discotecas, y los bancos, los nuevos santuarios", hacía notar Mn. Ramon Prat, Vicario General de la diócesis de Lleida al disertar sobre "El lenguaje de la fe de cara a la Nueva Evangelización".

Los cerca de sesenta responsables de santuarios -laicos, diáconos y presbíteros- fuimos convocados por el P. Josep Maria Sanromà, rector del Santuario de Montserrat y Coordinador del secretariado Interdiocesano de Santuarios de Cataluña, Baleares y Andorra. Él nos decía en la invitación: "los santuarios son espacios que, en medio de una sociedad alejada del mundo religioso y de la vida de la fe, deberían ser lugares privilegiados donde el hombre y la mujer de hoy pudieran hacer experiencia de la presencia amorosa de Dios".
Mesa rectora: el coordinador de los encuentros, Sanromà,
el obispo de Lleida i el obisbo encargado
de la Pastoral de santuarios en Catalunya
"Están en casa", nos decía acogiendo nuestra presencia el obispo de Lleida, Monseñor Piris. Completaba la acogida: "me felicito que hayáis elegido la Tierra Firme leridana para recrear caminos para la nueva evangelización." El obispo Agustí Cortés, Presidente del Secretariado también nos dirigió unas palabras de saludo: "os animo a que, a partir de vuestras experiencias en el Santuario, compartidas en el marco del Año de la Fe y del 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, encontréis el lenguaje que estimula la esperanza y la confianza de cara a la peregrinación de la Iglesia".

El Encuentro con compañeros de todos los obispados catalanes, trece de Mallorca y dos de Sabartés (Ariège) anima a los participantes. Todos llevamos en el corazón la sed que nuestro pueblo tiene de Dios en la árida travesía del desierto que es la sociedad de hoy en día, tan a menudo de espaldas a Dios y a los mejores valores humanos.

"Se vacían las iglesias y vienen a los santuarios". Por este motivo todos nos esforzamos que quienes llegan como turistas, o como sea, regresen como peregrinos Y, una vez en casa, se conviertan en cristianos militantes. Los cinco verbos de la peregrinación son: salir de casa (llamados por Dios). Caminar. Recibir. Permanecer (en el corazón de Dios). Y volver a casa (con su amor).

El eje de las tres conferencias estaba cruzado por la inquietud acerca de cuál es el lenguaje adecuado hoy en día para comunicar la fe. El Padre Bernabé Dalmau, monje de Montserrat, nos facilitó la reflexión sobre la carta de Benedicto XVI "la Puerta de la Fe" y nos adentró en las luces y las sombras del Concilio Vaticano II a lo largo de los últimos cincuenta años. "Cada santuario tiene que ser un faro de la fe. El paso de los años nos cambia los oídos. He aquí la necesidad de la nueva y renovada Evangelización. Jesús es la puerta. No tiene prisa, pero nos espera. No hay otro camino que nos conduzca hacia la sobriedad, la humildad, la austeridad, la constancia para vivir la vida de la Iglesia, no con nostalgia, sino con creatividad. "

Comentábamos en el trabajo de grupo: "el responsable del santuario debe tener presente que la oración más bonita, también para el ateo y para el agnóstico, consiste en maravillarse". Mosén Prat insistió en el lenguaje de la contemplación y del diálogo con los nuevos humanismos dentro de los escenarios del siglo XXI. Nadie es excluido a la hora de buscar un sentido a la vida, que bien desembocar en la belleza del cristianismo, de las bienaventuranzas operativas en las obras de misericordia.

Cerró el encuentro cura Xavier Aymerich, párroco de Molins de Rei, con el tema de rabiosa actualidad, la falta de sacerdotes en los pueblos, "Las celebraciones dominicales en ausencia de presbítero". "Hay que aunar los tres principios: Eucaristía, domingo y comunidad", afirmó monseñor Aymerich todo enfatizando el concepto de "comunidad".
Integrantes de la Delegaicón procedente de Mallorca
Visitamos el edificio típico de Lleida, la Academia Mariana, donde reza vísperas ante la Virgen Blanca. También la iglesia románica de San Martín y el santuario de la Virgen de Carrassumada (los mallorquines ya no pudimos asistir por cuestión de tiempo). Dichas visitas pusieron el broche de oro a un trabajo que nos estimula a llevar a cabo una acogida más fraternal, un espíritu de servicio evangélico y un anuncio iluminador desde los faros de los santuarios que “marianizan” a los países catalanes.

Acabo la recensión recordando que el P. Bartomeu Pericàs (fallecido el 27 de octubre del año pasado en la comunidad de Lluc) estuvo muy presente en el encuentro. Era bien conocido, pues no se perdía una cita a lo largo de los años. Cuando tenía a la vista un viaje a un santuario de Catalunya, del Estado español e incluso del ancho mundo, experimentaba una gran satisfacción. Rogamos por él en la Eucaristía, por quien dejó durante años en muy buen lugar al Santuario de Lluc. 

miércoles, 13 de marzo de 2013

Riesgo de papolatría


Existe el curioso fenómeno de que a los personajes encumbrados -en la política, la economía, el deporte…- se los trata con la mayor consideración y respeto. Incluso quien viste mejor suele recibir mayores cortesías. Con frecuencia las instituciones disponen de una especie de almacén de títulos y protocolos reservados a los personajes que desempeñan cargos más elevados.

Este párrafo viene a cuento por la resonancia mediática que ha provocado la renuncia de Benedicto XVI y el anuncio de elección de un nuevo Papa. Existe el peligro muy real de caer en una especie de papolatría. La extraña palabra significa “adoración al Papa”. La teología dice muy claro que sólo existe un culto de latría: el dirigido a Dios. Pero en la práctica se conceden tales atenciones y se prodigan tales títulos al Papa que el fantasma de la sospecha acude a la cita.   
Recuerdo haber ojeado las primeras páginas del Anuario Pontificio y contar hasta 15 títulos con los que designar al Obispo de Roma. No achaco a los Papas el deseo de sobresalir y endiosarse a base de títulos y protocolos. Más allá de su voluntad personal existe una maquinaria  engrasada a base de servilismo capaz de poner en pie los más sorprendentes procedimientos.     

Cuentan los Hechos que Pedro, el primer Papa, levantó al centurión romano Cornelio que le agasajaba en exceso y le dijo: levántate que yo también soy un hombre. Pero de seguro existe algún gene que nos inclina al culto del soberano. Se encuentra en todos los campos y no se exceptúan las diversas religiones. El Faraón recibía un trato divino, como también lo prodigaba la religión de Babilonia, Asiria y Roma.

Títulos, vestimentas, protocolos

Desde Constantino se implantó en el cristianismo el culto al soberano y con el tiempo prosperó sin trabas. Al Papa se le llama “Santidad” cuando nadie es santo sino Dios, leemos en la Biblia. Se le llama infalible, cuando sólo la Iglesia -a través de las palabras del Papa que habla en su nombre- está exenta de error en cosas esenciales y en contadísimos pronunciamientos.

El protocolo exige que las altas autoridades y cualquier persona se incline o arrodille ante el Papa. El Dictatus Papae (1075) de Gregorio VII, afirma entre otras lindezas, sin ruborizarse, que sólo al Papa todos los príncipes deben besar los pies.

Dicho sea de paso, a lo largo del primer milenio quienes elegían al Papa, o mejor dicho al Obispo de Roma, era el clero romano. Dicho Obispo se consideró árbitro de la entera cristiandad cuando las discusiones no podían ser solucionadas entre los adversarios. Luego, con los cónclaves, vinieron las presiones políticas, aparecieron los cardenales (que en un principio no eran lo que son hoy día), se dieron sórdidas rivalidades, acontecieron cismas por causa de las disputas en la elección, etc.

Todo fue ocasionado por la acumulación de poder. El Renacimiento elevó al máximo la cuota de honores personales y, con ellos, de la corrupción.

Volviendo al peligro de la papolatría digamos que las masas desean tener una referencia de poder global que los represente. Todo grupo humano quiere un Rey, un General, un líder, un Papa. Ya el A. Testamento relata el empeño de poner un rey a la cabeza del país, no obstante las advertencias del Profeta de que abusaría y humillaría al pueblo. A este líder se le aclama y vitorea. Para verle se hacen miles de kilómetros. El líder, por su parte, no suele hacerle ascos a los vítores y aplausos. Más bien se habitúa rápidamente a la viscosidad del poder. 

Aparatosidad contraproducente
De acuerdo a esta lógica lo que el Papa hace siempre es lo mejor y no se escatiman elogios a sus decisiones. Juan Pablo II no renunció, no obstante su lamentable estado de salud, a la silla de Pedro. Muchos de los que se deshicieron en elogios entonces, ahora los dirigen a Benedicto XVI por su valentía y humildad en renunciar. ¡Un poco de coherencia, por favor!  

La exaltación mediática de los viajes, como también de los encuentros papales con los jóvenes no es saludable para la Iglesia de Dios. Este tipo de espectáculos olvida el guión original del evangelio. La fe y el sentimiento creyente jamás lograrán sustituirlos los escenarios grandiosos, el colorido del vestuario en los desfiles cardenalicios, la presencia de los poderosos de las naciones, los miles de personas que gritan, cantan, ríen y lloran. 

El entorno del Papa no debiera blandir símbolos de poder ni de mundana dignidad. Si el medio es el mensaje, como dijo el sabio de las comunicaciones, entonces el mensaje opaca las actitudes de Jesús que se anonadó hasta la muerte y muerte de cruz. Escribió González Faus hace unos días que  habría que suprimir a los llamados “príncipes de la Iglesia”, título casi blasfemo para una institución que se funda en Jesús como su piedra angular. No menos malentendidos ocasiona el título de Jefe de Estado atribuido al Papa. Condiciona sus gestos y palabras, obliga a unos fastos y boatos en absoluto ejemplares.

Nada más lejos de mi intención que una crítica ofensiva o destructiva hacia el papado y su modo de actuar. Simplemente, desearía un comportamiento más sencillo y evangélicamente atractivo. Me siento Iglesia, no faltaría más, y a ella he dedicado la vida. Precisamente por este motivo no puedo echar mano del conformismo ni la inercia. 

No ama más a la Iglesia quien calla sus defectos, sino quien arrima el hombro para superarlos aun a riesgo de recibir algún baculazo. Son numerosos los santos que han hablado y actuado en esta línea. El presente escrito trata de aportar un granito de arena a la opinión pública creyente con el fin de que un día sea mayoritaria y repudie tanta aparatosidad. 

Acabo. Difícilmente puede sostenerse que el Espíritu ejerce una especial intervención en la elección del Papa. La promesa evangélica simplemente afirma que el mal no podrá destruir a la Iglesia. Y en ocasiones, no precisamente gracias al comportamiento ejemplar de sus hijos más encumbrados, sino a pesar del mismo.

sábado, 2 de marzo de 2013

El Papa, ¿Jefe de Estado?




No deja de sorprender el revuelo mediático ocasionado por la renuncia de Benedicto XVI. Cualquier detalle es comentado ampliamente. Si es de carácter privado, mucho mejor. La prensa organiza un festín con todo ello. Más o menos como cuando muere una vedette de la pantalla,  alcanza la cima del ranking de goles un futbolista o hay que agasajar a un político famoso.
A mi entender una de las explicaciones de la resonancia adquirida por tales acontecimientos es que numerosas personas viven la vida a través de la biografía ajena. Dado que su existencia resulta monótona por fuera y carece de profundidad por dentro, tratan de compensarlo poniéndose en la piel del famoso. Entonces con facilidad se les escapa una lágrima y se conmueven con la emoción que se desprende de la gloria o a la desventura del personaje mediático.    

A mí personalmente me desagrada que las emisoras televisivas, que miran millones de personas, se detengan a detallar la textura y el color de los zapatos que vestirá el Papa emérito. Se trata de detalles que no hacen ningún bien a la Iglesia y ofrecen pábulo abundante para los críticos dispuestos a despellejar al vecino. No hablemos si los tales vecinos proceden del ámbito eclesiástico.

Considero negativa toda la parafernalia acaecida con la despedida del Papa. Salen a colación frivolidades de todas clases. Se calla en cambio lo que realmente debería interesa a los creyentes. En consecuencia, una vez más, el mensaje queda distorsionado.  Llaman poderosamente la atención al hombre de hoy, sea o no creyente, los protocolos y títulos que desprenden tufillo aristocrático. Chocan de frente con lo que el evangelio propone acerca de la autoridad y la misión.

La Iglesia no es una democracia sin más, pero ello no impide que en todas sus actuaciones brille la sencillez y la transparencia. La sensibilidad actual detecta fácilmente la vanidad agazapada detrás de los títulos, los vestidos pomposos y los honores en general. Si añadimos que con frecuencia los títulos son desproporcionados y las vestimentas afeminadas, ya dirán...   
Los títulos, honores y vestimentas son el lastre que ha venido depositándose en la Institución a través de los siglos. Pero un día u otro es preciso deshacerse de todo ello porque deforma el rostro de la Iglesia. Hay datos en el Nuevo Testamento y en la historia que hablan con mucha elocuencia acerca de la sencillez y del buen ejercicio de la autoridad. Esta es la tradición más genuina y a ella hay que volver.
No se olvide que el medio es el mensaje. Los comportamientos vanidosos y pomposos opacan el bien que pueda realizar el sujeto. El lujo y la ostentación son un antitestimonio y desacreditan la opción por los pobres. Los seguidores de Jesús lo son de aquel que nació en un establo y murió desnudo en una cruz. 
La raíz de muchas actitudes y comportamientos inadecuados tienen que ver con la estructura de la Iglesia tal como hoy día funciona. A saber, con el  Papa como Jefe de Estado. Los estados pontificios no son exigidos por la naturaleza de la Iglesia, más bien al contrario. Pero cuando el historiador Döllinger lo dijo en público, fue tildado de Judas. Un libro que exaltaba la unidad de Italia rápidamente encontró el índice libros prohibidos. El síl.labus de Pío IX condenaba la proposición de que despojar de soberanía a la Sta. Sede sería un servicio a la libertad de la Iglesia.

Razones a favor y en contra

Existen razones a favor y en contra para sostener la existencia del Vaticano como Estado.  Las minúsculas dimensiones del Estado que es hoy en día echa por tierra la acusación de que la actuación papal constituya injerencia alguna en potencias extranjeras. Por lo demás, el Vaticano no posee los tanques por los que preguntaba Stalin. Ha sucedido lo que tantas veces en la historia: la Iglesia protesta indignada cuando le arrebatan sus riquezas mundanas, pero acaba dando gracias a Dios por la libertad y agilidad que le confieren posteriormente.

La Iglesia debe ser independiente. Es conveniente que así sea puesto que Roma está llamada a ser referencia de unidad entre todas las Iglesias. Caso de que el Papa ejerciera su papel en el interior de otro Estado  -sobre todo si fuera muy poderoso- está claro que las presiones recibidas serían muy fuertes. La potencia política que lo alojara trataría de manipularlo en su favor.

Hablemos ya de los inconvenientes. Aun cuando el Vaticano tiene unas dimensiones minúsculas, no deja de ser un Estado, un centro de poder mundano. Lo cual puede contaminar la misión del sucesor de Pedro. El hecho de ser Jefe de Estado sitúa al Papa en un entorno que no es el que escogió Jesús de Nazaret, ni el que recomendó a sus seguidores. Los interlocutores del Papa disponen de poder terrenal de manera que él se halla -aun sin quererlo- gravitando en torno de los ricos y poderosos. En consecuencia se distancia de los pobres y olvidados de la tierra.  

En busca de la solución

El hecho de ser un Estado envuelve al Vaticano en una atmósfera de protocolos, diplomacias y suntuosas recepciones. Le obliga a unas actuaciones que nada tienen en común con el discurso misionero en el que Jesús exhorta a los suyos a caminar sin sandalias y sin dinero en la faja. Se dirá que los tiempos han cambiado. De acuerdo, pero el estilo no tiene por qué cambiar.

En el futuro -y recuerdo haberlo escuchado en alguna parte- cabría buscar una solución que armonice las ventajas y los inconvenientes de la situación actual. Descartemos una solución demagógica de ruptura total dado que estos cambios son de difícil digestión y posiblemente provocaría enormes dificultades, al menos en un principio. El Papa podría residir en el Estado del Vaticano sin ser Jefe de Estado. Como los obispos son ciudadanos de sus respectivos estados. La tarea política de Jefe de Estado quedaría reservada a un laico.  

De este modo podría garantizarse la máxima independencia de este Estado, a la vez que preservar la máxima libertad para el ministerio del Papa. Claro está que entonces habría que acostumbrar a los gestores a un nuevo estilo. Los cambios deberían ser graduales, como no puede ser de otro modo cuando las implicaciones son de gran magnitud y fuertes implicaciones. Como fuere, en algún momento hay que ponerse en camino.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Hablemos del Papa



Suelo comentar algunos hechos más remarcables de la actualidad en este blog. La renuncia del Papa lo ha desatado tal río de palabras que casi se me van las ganas de añadir unas pocas más. Y es que a todo el mundo parece interesarle el asunto, aun cuando en su vida no haya pisado un templo o incluso haya destilado bilis anticlerical a borbotones. Muchas palabras y mucha frivolidad.  

De estupideces varias

Sin embargo voy a hacer un breve comentario para clarificarme a mí mismo las ideas y ponerlas un poco en orden. Porque se han dicho muchas cosas y algunas de ellas me parecen francamente estúpidas. He leído, por ejemplo que ha dimitido para que la gente hable menos de la corrupción del Partido Popular. Tal como lo leen. 

Otro escribió que había renunciado porque su función consistía en cerrar la posibilidad de que Carlo Martini fuera elegido Papa. Una vez ha fallecido el candidato ya no tenía razón de mantenerse en el cargo. Lo único digno de alabar de tales ocurrencias es la capacidad creativa del cerebro que las ha segregado. Por más que se trate de un cerebro más bien obtuso.

Otras declaraciones quizás no sean estúpidas, pero sí fuera de lugar. El secretario personal que fue de Juan Pablo II dijo que debía continuar con la tarea, pues de la cruz no se baja. En primer lugar pienso que el ministerio petrino no es ninguna cruz desde el momento que no suelen faltar candidatos.  

En segundo lugar me parece muy lógico que cuando uno no puede llevar a cabo la tarea encomendada lo confiese honradamente y deje el lugar a otro. Enmascarar la permanencia recurriendo a la cruz se me antoja perverso y hasta síntoma de adicción al mando. Renunciar es muy humano. No hay que sacralizar al Papa que no deja de ser un hombre.

En este punto esgrimo un argumento que ha sido motivo de conversación frecuente con mis colegas. Existe una norma, firmada por el Papa, que obliga a los obispos a renunciar a su ministerio y a los cardenales a no ser electores al llegar a una determinada edad. El motivo es claro: la edad afecta a la agilidad mental y tiende a encoger los horizontes. Un señor avanzado en edad tiene suficientes preocupaciones tratando de mantener a raya la artritis, la osteoporosis o la diabetes.  

Ahora bien, quien pone en circulación esa norma se exime de ella. Me parece una incoherencia total y hasta un comportamiento poco pudoroso. Con más motivo debe aplicarse a quien afronta mayores responsabilidades. El Espíritu de Dios no exime de los estragos que ocasionan los años. Reconocer un hecho tan elemental sin duda es signo de lucidez y valentía.      

A propósito de las alabanzas que ha recibido Benedicto XVI al renunciar deseo hacer un inciso. Si mal no recuerdo alguno de sus voceros tuvo asimismo palabras laudatorias porque Juan Pablo II se mantuvo en el papado hasta el último momento, no obstante el deprimente espectáculo ofrecido. Por favor, no acomoden las ideas en dirección a los vientos. Tengan sus propias convicciones.  

Huérfano de carisma

He leído que al actual Papa le faltaba la adrenalina y el carisma de Juan Pablo II. Muy cierto. No ha besado el asfalto ni se ha exhibido moribundo en el estrado. No ha fascinado por su espectacularidad. Con su proceder tímido y huidizo parece repetir a cada instante que no es el hombre que se ajusta al cargo.  

Decididamente, lo suyo son los libros. Le sobrepasan las pugnas entre facciones. Seguramente no sabe ni quiere apoyar a unos en contra de los otros. No entiende el mundo retorcido y traicionero de las finanzas. No se esperaba los robos desleales de su mayordomo que, además, le han dejado en evidencia.  Tales acontecimientos –opino- dejaban entrever un Papa que no dominaba la situación.  

Sí que trató de poner coto y dejar claro que tendría tolerancia cero respecto del nefasto e indigno vicio de la pederastia. Y para ello sacó fuerzas de flaqueza. También se esforzó por desenmascarar a este monstruo de la maldad, el engaño y la doble vida que resultó el fundador de los legionarios, Maciel. En este punto dicen los analistas que se quedó corto. Sabía mucho del asunto, pero Juan Pablo II no estaba por la labor de fulminarlo. Él no se lo echó en cara y luego accedió a su beatificación.

Quinielas e interrogantes

Han empezado las quinielas, tarea frívola que, por cierto, los periódicos copian unos de otros. Probablemente por el menguado conocimiento que los periodistas tienen del tema. Sea quien sea el próximo Papa, hay hechos y situaciones que no pueden esperar más.  

¿Hasta cuándo el Papa seguirá siendo Jefe de Estado? ¿Por qué no delega los tres poderes que ya han separado todos los estados modernos -el legislativo, el judicial y el ejecutivo- y él permanece como punto de unión y referencia? ¿No ha llegado la hora de que la colegialidad a todos los niveles, acordada en el Vaticano II, y la reforma de la Curia se concreten finalmente?

Hay cuestiones urgentes: humanizar la sexualidad, aceptar el papel emergente de la mujer, admitir a los divorciados sin culpa, actualizar el sacramento del perdón (prácticamente marginado en gran parte del mundo), apresurar el paso en el terreno del ecumenismo, etc. etc.

La herencia de Benedicto XVI me atrevería a decir que está compendiada en sus libros. Y considero más valiosos los que escribió siendo profesor de Universidad que los que vinieron luego, ya cardenal y Papa. En el trecho que va de profesor a Cardenal fue redondeando muchas aristas de su pensamiento. Por lo visto las responsabilidades influyen en las ideas.

Personalmente aplaudo la renuncia de Benedicto XVI y no vi con buenos ojos la permanencia de Juan Pablo II -postrado, más que sentado- en la silla de Pedro. Cuando una persona considera que sus fuerzas físicas o anímicas sufren merma y no puede cumplir con la tarea encomendada, nada más sano y lógico que la renuncia. 

domingo, 10 de febrero de 2013

Teología por internet



Desde hace un par de años he sido invitado a formar parte de los profesores del ISCREB (Institut Superior de Ciències Religioses de Barcelona). Por circunstancias varias no he podido decidirme hasta ahora a dar el paso.  

Caminar del brazo de la teología

No es que disponga de más tiempo, pero al menos sé dónde voy a residir en el próximo futuro y conozco algo más las tareas que llevo a cabo en el Santuario de Lluc (Mallorca). He aceptado dirigir y coordinar una síntesis del Cristianismo (parte II) que ofrece una visión realmente resumida de la antropología teológica, la moral cristiana, la escatología, la eclesiología, los sacramentos y la liturgia.

Espero que tanto abarcar no vaya en perjuicio del buen apretar, como afirma el refrán. De todos modos siempre he sido amigo de las síntesis por cuanto obligan a decir en  pocas palabras conceptos dispersos y hasta farragosos. Uno debe recoger las líneas del horizonte y, en un difícil juego de magia, convertirlas en píldoras de andar por casa.

No digo que la síntesis desemboque en una teología más barata, sino que exige una gran capacidad -con su correspondiente esfuerzo- de recapitulación, de compendiar, integrar, resumir y recopilar. Como también un esfuerzo de sinopsis.

Llevo 8 años al margen de la docencia teológica, tarea que ha marcado mis años jóvenes y adultos. No digo que la añore, pues en algún período anduve saturado de clases. Sin embargo, después de este largo paréntesis no me parece mal sumergirme de nuevo en el ambiente teológico con el que he camino del brazo a lo largo de tantos años.  

Todavía no estoy muy familiarizado con el programa / software que facilitará el estudio y sostendrá las relaciones entre profesores y alumnos. Pero no creo que me resulte difícil entender su funcionamiento. Paso muchas horas frente a la pantalla del ordenador y de algo tiene que servir.

Tengo la impresión de que se puede incluso atender mejor a los estudiantes desde el ordenador que desde el aula. Uno elige el momento oportuno para mandar el correo electrónico y para revisar el material. En el aula física la hora de clase pasa con rapidez y luego ya alumno y profesor no suelen encontrarse.

Situarse en un mundo disperso

El concilio Vaticano II (1962-1965) trató de actualizar los métodos y contenidos de la teología católica. Posiblemente ha sido el apartado que  se ha librado en mayor medida de la grave involución sufrida en otros campos.  

Las mil opiniones que escuchamos alrededor, las infinitas opiniones que hallamos en la red virtual, exigen tener unos conocimientos básicos y sistematizados del universo de la fe. De otro modo uno se pierde por los senderos del bosque. No digamos si, como algunos afirman con buena dosis de sarcasmo, la teología consiste en buscar un inexistente gato negro en el interior de una habitación oscura.

Muchos son los motivos para el estudio de la teología. Los laicos deben jugar un papel mucho más relevante del que tienen. El secularismo ha invadido la sociedad y muchos sucumben ante su empuje por falta de argumentos y también -justo es decirlo- porque siempre resulta más fácil seguir la corriente.

¿Qué pensar del ecumenismo, del diálogo interreligioso, del agnosticismo, del ateísmo, del celibato sacerdotal, del papel de la mujer en la Iglesia? ¿Hasta qué punto obligan las opiniones del Papa y de los obispos? ¿Tan mala es la teología de la liberación? ¿Cómo enfocar los enormes problemas que plantea la bioética y la banalización de la sexualidad? 

La teología puede ayudar a poner un poco de orden en estos asuntos. Me atrevería incluso a decir que puede ayudar a mirar con mayor penetración la enorme problemática de la convivencia, la cuestión social, la crisis que nos devasta... La teología -la fe sistematizada- no es ajena al bullicio cotidiano que nos toca vivir. Estimula el estudio de la situación para luego hacer una opción consecuencte y en conciencia.  

Hay que acabar con el tópico de que la teología es una especie de metafísica para ángeles y que exige necesariamente conocimientos de griego y de latín. Gracias a su estudio logramos penetrar en las antigüedades del mundo bíblico, desvelar los vericuetos de la historia de la Iglesia, enterarnos de las emociones y raciocinios de la patrística griega y latina, elaborar una opinión acerca de los acontecimientos de cada día.

Son muchos los que razonan en el ámbito religioso con los recursos adquiridos en la catequesis de comunión o confirmación. Sin embargo, ningún adulto saldría a la calle exhibiendo su vestido infantil, con pantalones cortos incluidos. Ni nadie que sepa manejar la bicicleta presumirá de tener conocimientos válidos para conducir un camión.

Una reina destronada

Por mucho tiempo se consideró a la Teología como “la reina de las ciencias”. Es cierto que mirando hacia pasadas generaciones se constata que las mentes más brillantes se dieron al estudio de la teología. Pero muchas cosas han cambiado hoy en día y cuando alguien dice estudiar teología, se le espeta sin más: ¿para qué sirve?

Sin embargo, las cosas más inútiles, desde un punto de vista crematístico, son las que dan mayor sentido a la vida.  El amor, el humor, el sentido, la sensibilidad, la sabiduría… no sirven para nada. Son valores por sí mismos. Ahí situaría yo también el estudio de la teología.

La que un día era llamada reina de las ciencias, la teología, ha sido destronada y exiliada. Otros personajes se disputan el trono. La economía, el pragmatismo, el hedonismo… Un sentir bastante común de nuestros tiempos postmodernos sostiene que la verdad no es importante. Importa que la vida funcione y yo me lo pase bien.  
Así entendidas las cosas, de seguro que la teología tiene muy poco que decir. Se la puede arrinconar sin escrúpulos. 

miércoles, 30 de enero de 2013

Un Congreso en Roma

El 23 de enero se celebró un modesto Congreso sobre la espiritualidad del Corazón de Jesús. Este tema resurge de modo intermitente en la preocupación de los agentes pastorales y particularmente de las Congregaciones religiosas que se sienten vinculadas a la misma.

Partí de Mallorca el día 21, que dediqué exclusivamente al viaje, mientras que el 24 hice el camino de regreso. Sólo tuve el 22 para perderme por las calles romanas y charlar con el colega que cuida de la Chiesa di S. Celso e Giuliano, un original templo ovalado de dimensiones reducidas. 

Me limito a decir, en cuanto a los precedentes, que la iniciativa la tomaron los Sacerdotes Dehonianos con el título congregacional “sacerdoti del Cuore di Gesù”. Nos encontramos en la Curia que tienen en Roma, de espacios amplios y bien cuidados. 

Estuvieron representados los siguientes Institutos: 

· Sacerdotes del S. Corazón de Jesús – Dehonianos. (John van den Hengel)
· Congregación de Jesús y María – Eudistas (Luc Crepy)
· Congregación de Jesús Sacerdote – Venturini (Fr. Antonio Lorenzini)
· Compañía de Jesús – Jesuitas (Claudio Barriga)
· Misioneros de los SS. Corazones de Jesús y María (Mallorca) (Manuel Soler)
· Obra de D. Guanella (Hijos del S. Corazón) (Nino Minetti)

Hubo referencias al carisma de cada Instituto, pero no es el momento de reproducirlas. Simplemente expongo las ideas centrales sobre la espiritualidad del Corazón de Jesús que surgieron en la rueda de exposiciones.


Las ideas centrales del encuentro

Dicha espiritualidad ha tenido un papel central en el pueblo de Dios a lo largo de muchos siglos, aunque con frecuencia le ha faltado base bíblica y teológica. Hoy día encontramos manifestaciones más bien tradicionales, pero también surgen nuevos intentos de comprender a fondo el hecho desde la teología y explotar nuevas formas de expresión. 

Tales motivos requieren de una colaboración entre los Institutos interesados. Tendría que crearse una red de teólogos interesados en la reflexión, poner en común la búsqueda y las experiencias hechas en los diversos Institutos y ofrecer las iniciativas a miembros de otras Congregaciones. 

Sin anular la riqueza de la diversidad carismática, habrá que ofrecer nuevas propuestas de expresión y devoción, formuladas con sensibilidad y pedagogía a fin de integrar todas las dimensiones de la persona en lo que bien podríamos llamar “el camino del corazón”.

La Antropología del corazón tiene que ver con lo que la Biblia llama corazón: la integridad de la persona. Tanto más necesario es lograr esta integridad/unidad de vida cuanto que se requiere en nuestros días reconstruir la persona. El individuo padece una gran fragilidad, incluso en su dimensión humana. Y los más jóvenes no son ciertamente excepción. 

Es preciso construir la persona según el modelo del Corazón de Jesús. Todo ello se podría resumir refiriéndonos al camino del corazón o a la antropología del corazón, la cual incluye un talante acogedor, comprensivo, ternura, misericordia, profundidad, en oposición al formalismo y la frivolidad. También podríamos referirnos a la unidad de vida que hace converger las obras, los sentimientos y pensamientos más cotidianos en el objetivo del Reino anunciado por Jesús.

No sería aconsejable renovar la espiritualidad ni las nuevas manifestaciones devocionales cada uno por su cuenta. Más bien conviene disponer de una base común. Ello redundará en beneficio del Pueblo de Dios, pues la espiritualidad a que nos referimos debe desbordar los Institutos religiosos para alimentar a los fieles cristianos. Así sucedió durante siglos y deseamos seguir esta tradición. 

En este sentido también habrá que profundizar en la dimensión laical de la espiritualidad. Tras el Vaticano II y dada la escasez de clero (aunque ciertamente no es este último el motivo decisivo) está claro que los laicos están llamados a ejercer un mayor protagonismo en el Pueblo de Dios. 

En el renacer de la espiritualidad del Corazón de Jesús deben evitarse aquellas exclamaciones, imágenes y actitudes que no se corresponden con los anhelos y las expresiones de nuestra sociedad postmoderna. No hay que aniquilar ninguna expresión que resulte válida para personas concretas, pero sí apuntar hacia horizontes nuevos 

Sugerencias de cara a la acción

Podemos iniciar comunicándonos ideas, noticias y artículos. Cada Congregación debería escoger tres escritos que considere el meollo de su aportación y ponerlos en común. En principio el lugar de encuentro sería la Web del Apostolado de la oración porque goza de mayor independencia al no estar vinculado directamente con ninguna Orden o Congregación. 

Todos los Institutos presentes disponen de una Web para sus comunicaciones, la cual se ha puesto en común. Cada una de ellas agregará un link que remita al apartado de la citada Web del Apostolado de la oración

Un tema que necesita mayor diálogo es el del momento oportuno para invitar a las Congregaciones femeninas con una espiritualidad semejante. Es de toda justicia dar este paso, pues eclesialmente sería un fallo imperdonable prescindir de las Religiosas, al menos de las Congregaciones más numerosas. Sin embargo, hay que pensar bien en la organización y la logística a fin de que no nos desborde un número excesivo de participantes.

Mi aportación

Por mi parte apunté telegráficamente las líneas que consideré más típicas en el intento de renovación de la espiritualidad en nuestro Instituto. 

· No caer en las exclamaciones emotivas sin contenido. 

· Evitar una cierta tristeza y lamentaciones típicas de esta devoción tradicional. 

· Evitar también imágenes lánguidas y acarameladas. 

· Volver a las fuentes, sobre todo la escena del Calvario, aunque también a los grandes temas formulados por los SS. PP. (el costado, la herida, el agua, sangre, los sacramentos, etc). 

· No insistir en Sta. Margarita Alacoque porque también requieren un papel de importancia las místicas medievales y otros autores como S. Fco. De Sales, S. Juan Eudes y el trasfondo de la escuela de espiritualidad francesa del s. XVII con Bérulle al frente. 

· Corazón como posible vínculo con la postmodernidad que enfatiza los sentimientos más que la razón. Una manera de dialogar con la sociedad actual. 

· Más que hablar del Jesús consolado hay que hacerlo del Jesús traspasado. En otras palabras, uno de los objetivos de la espiritualidad se centra en los traspasados por la injusticia de nuestro mundo.

Punto final

Por supuesto que habrá otras sesiones. La próxima probablemente tendrá lugar en Mayo del año en curso. Yo estaría muy de acuerdo en que asistiera otro congregante del Instituto a fin de que el interés por el tema se ampliara. 

En este asunto sólo lamento un dato, prosaico sin duda. Las tres horas de reunión me llevaron a hacer un viaje de diez horas de ida y otras tantas de vuelta. Sin exagerar: desde que partí del santuario de Lluc hasta que llegué a la Chiesa de S. Celso e Giuliano transcurrieron estas horas. Coches, autobuses, trenes, largas esperas en los aeropuertos… 

Aunque no todo son lamentos. Recordar los tiempos jóvenes -estudiante en la Gregoriana y el Angelicum-, recorrer las típicas calles romanas del centro histórico, escuchar el dialecto romanaccio y admirar de nuevo tantos monumentos de tan diversas épocas también compensa las preocupaciones y dificultades del viaje.

domingo, 20 de enero de 2013

El Montserrat del misterio

Frente a la entrada de la Basílica

Sería inacabable este apartado. Montserrat es un lugar lleno de tradiciones y leyendas. Su mismo origen espiritual empalma con la leyenda del encuentro de la imagen allá por el siglo IX.  El relato es muy parecido a otros, por ejemplo, al de la Virgen de Lluc. Se refiere a un pastorcito deslumbrado por una luz inefable. El obispo se entera del hecho y la traslada a un lugar poblado y más seguro. Pero la estatua pesa tanto que imposibilita la tarea. Se interpreta que la Virgen desea un santuario en el lugar.
Se dan variantes, claro. En ocasiones, junto al pastor, hay un monje. También sucede que la Virgen se traslada sin mayores problemas, pero al día siguiente se la encuentra nuevamente en el lugar del hallazgo. Y más que de variantes a veces hay que hablar de contraposiciones. A las leyendas de las “vírgenes encontradas” se contraponen la de las “vírgenes aparecidas”.  
Montserrat es una montaña fecunda en leyendas que en parte propician las caprichosas formaciones geológicas de las rocas, así como la concurrencia de numerosos peregrinos y excursionistas transitando por sus veredas y senderos. Más aún, no faltan quienes afirman que la montaña está vacía por dentro, que en ella yace un enorme lago y que irradia energías formidables procedentes de fuerzas telúricas.
Otra leyenda -que relato telegráficamente-, tiene que ver con la hija del conde Guifré el Pelós, fundador de la dinastía condal catalana (mitad del s. IX). Su hija Riquilda está poseída por el demonio y la única esperanza de liberación pende de la virtud de un ermitaño de Montserrat llamado Fra Garí. Pero el diablo le emponzoña la mente y acaba violándola. El desdichado ermitaño la mata, entierra el cadáver y empieza a sufrir terribles remordimientos.
Fra Garí  viaja a Roma para pedir perdón al Papa. Éste le condena a andar a cuatro patas y vivir como un animal hasta tanto un niño no le anuncie la absolución. Así sucede al cabo de los años. Y justamente entonces es hallado con vida el cuerpo enterrado de la joven.
Hay quien aventura que el gran Leonardo Da Vinci anduvo por la montaña. Una de las pruebas sería su pintura de la Virgen de las rocas. Cierto que el paisaje recuerda los macizos de Montserrat. Y algo parecido sucede con el escenario en el trasfondo de la Gioconda. Por otra parte hay indicios de que el genio pintó una tela sobre S. Jerónimo en el lugar. En la Vanguardia, no hace mucho, un autor dejaba saltar la hipótesis de que el pintor empalmara sus orígenes con la nación catalana.
La montaña y el santo Grial
Escribió el literato alemán Schiller: En ningún lugar encontrará el hombre la felicidad y la paz más que en su propio Montserrat. El poeta romántico autor vertió grandes elogios hacia la montaña. En su opinión tenía mucho que ver con el refrán socrático: “conócete a ti mismo”. Se explica muy bien que los ermitaños y anacoretas poblaran estas tierras abruptas a la búsqueda de su pozo interior. La montaña como emblema de un largo recorrido interior.
La identificación entre el gran mito del Grial y la montaña sagrada cuajó en el arte cuando el romanticismo alemán alcanzó su punto álgido. Ricardo Wagner ya conocía a través de Goethe y Schiller la espiritualidad y el significado del grial y la montaña. En su ópera Parsifal recreó la aventura del castillo de Montsalvatge/Montserrat. Al estrenarse la obra a finales del siglo XIX en  Bayreuth (Alemania), los decorados de la misma reproducían sorprendentemente los monolitos y las agujas de Montserrat.
Los nazis también tienen que ver con los enormes peñascos de Montserrat. El 23 de octubre de 1940 el fundador de las SS. H. Himmler, visitaba el monasterio convencido de que en el mismo encontraría las claves para dar con el Grial. A saber, el cáliz de la última cena de Jesús que, a lo largo de la historia, ha protagonizado tantas leyendas, novelas y aventuras. Con el mismo estaba seguro de que lograría doblegar cualquier potencia contraria y hacerse dueño del mundo.
El Abad no quiso recibir a Himmler y delegó a un joven monje que sabía alemán. Pero no era el monasterio lo que quería visitar el nazi, sino encontrar el santo grial en alguna de las cuevas cercanas. En la cabeza del fundador de la “Orden Negra” bullían mil fantasías, algunas de las cuales estaban vinculadas con el rocoso macizo de Montserrat.
Más misterios en la cumbre
Durante muchos años (y no sé si todavía en nuestros días) el 21 de febrero se celebra en Manresa la fiesta de luz misteriosa. La fecha recuerda que en el año 1345 una luz invadió la Iglesia de esta localidad y, como una estrella fugaz, regresó a Montserrat, de donde procedía.
¡Como no! Las rocas de la montaña conforman el entorno de un santuario mariano y, al decir de algunos, también un santuario ufológico. Un tal Lluis Grifol, desde hace unos 35 años, concentra cada dia 11 del mes a unas cuantas personas deseosas de avistar objetos volantes no identificados.
Montserrat, de rocas caprichosas e intensa belleza natural ha inspirado a místicos, ermitaños, y grandes artistas... ¿Cuál es el tesoro que se esconde en su interior? ¿Cuál es la energía o la fuerza que ha llegado a conformar tan hermosas formas verticales? Los caprichos geológicos de las cuevas han inspirado las más fantásticas interpretaciones de diablos, hadas y seres sobrenaturales. Incluso el famoso arquitecto Antonio Gaudí se inspiró en las formas de la montaña y en el lugar dejó alguna de sus creaciones.
No vayan a creer todo lo que se dice, pero no está mal saber qué es lo que se dice. Y se dice, por ejemplo, que la Virgen tiene color negro porque se esculpió teniendo en cuenta una simbología esotérica. El negro absorbería los fluidos negativos. La Virgen es patrona de Catalunya porque protegería a sus habitantes de las vibraciones cósmicas negativas.
Acabo este escrito simplemente dando fe de que sí es cierto que mucha gente experimenta una gran paz y sensaciones espirituales poco comunes en lo alto de la montaña.  

jueves, 10 de enero de 2013

Una montaña emblemática

El autor en su última visita a Montserrat

En la entrada anterior no hice ni la mitad del recorrido en mi intento de expresar opiniones y sentimientos acerca de mi estancia en Montserrat, el Santuario de mayor importancia de Catalunya. Hablé de los monjes y de la Escolanía. Ahora toca comentar el impacto espiritual que produce el lugar, el significado de la Virgen morena y la montaña emblemática del catalanismo. 

Lugar de fuerte impacto espiritual 

En el siglo XVI llegó a Montserrat un guerrero vasco llamado Íñigo. Al penetrar en la basílica y ver a la Virgen, experimentó una fuerte conmoción espiritual. Aquel guerrero se quedó por una temporada junto a la montaña, en la población de Manresa. El lugar es hoy es una cueva muy visitada y apreciada, particularmente por los jesuitas. Allí vivió como anacoreta por unos meses y, diríamos hoy, con estados alterados de conciencia. 

Iñigo escribió unos famosísimos ejercicios espirituales -un tanto enjutos para mi paladar-, inició la tarea de fundar la Compañía de Jesús y se convirtió en S. Ignacio de Loyola. Pero la de S. Ignacio no es la única conversión acaecida en Montserrat. Y no sólo conversiones espirituales se han producido en la montaña, sino también sorprendentes curaciones. Sin duda el conjunto montserratino -monasterio, montaña, cueva, historia, leyendas…- produce un fuerte impacto espiritual. 

La Virgen morena 

La Virgen, sentada majestuosamente en el trono del camarín, es la perla de la montaña. Los catalanes se refieren a ella como la moreneta debido al color oscuro de su cara. La imagen actual data de finales del siglo XII, de estilo románico, aunque ciertos rasgos ya llevan a pensar en el gótico posterior. 

El Niño Jesús se sienta en el regazo de la madre, la cual sostiene el cosmos con la mano derecha. El Niño Jesús bendice con la mano derecha y en la izquierda sostiene una piña, símbolo de fecundidad y vida perenne. La postura solemne de la imagen no le resta afabilidad. 

La explicación oficial de su color es que ennegreció el barniz de la imagen al contacto con los gases desprendidos por los cirios que quemaron a su alrededor durante años. Sin embargo el color de la imagen ha hecho correr mucha tinta. Hay quien sostiene que tiene que ver con iconos y atributos de antiguas deidades femeninas de la fertilidad cuyos rostros se labraban en marfil: Isis, Cibeles, Artemisa. El marfil se oxidaba y ennegrecía con el paso del tiempo. 

Por supuesto, nada tiene que ver el color con las vírgenes modernas que el artista dota de rasgos étnicos negros. Sí es cierto que a largo de la Edad Media abundaron las imágenes de Vírgenes de rasgos europeos, aunque de piel oscura. Se las encuentra especialmente en Francia y España. Eran objeto de intensa devoción popular. 

Quienes no dudan en dar un paso adelante en terreno pantanoso y esotérico afirman que en el origen del culto a las diosas madres prehistóricas se hallan unas piedras negras caídas del cielo. Se trata de los meteoritos que reciben adoración por cuanto son generadores de vida. Un ejemplar famoso de estas piedras lo encontramos en el templo de la Kaaba, destino de peregrinaciones multitudinarias. 

Me contaba el Rector Sanromà que el día en que debía acabar el mundo, según el calendario maya, un grupo de esotéricos pretendían llevar a cabo una gran danza alrededor del dibujo geométrico (mandala) de la plaza anterior a la Basílica. La certeza comprobable es que se forman larguísimas colas a lo largo de todo el día para visitar la imagen. Diversos son los motivos, pero indudablemente muchos buscan refugio y protección en momentos de desánimos, mientras otros peregrinan con el corazón agradecido. 

El corazón del catalanismo. 

El día 12 de diciembre de 1970 unas 300 personas vinculadas a diversos sectores intelectuales, culturales y artísticos de Cataluña, decidieron encerrarse en el monasterio de Montserrat. Entre otras cosas protestaban porque el gobierno franquista había emprendido un juicio amañado -el proceso de Burgos- contra militantes de ETA. 

Entre los concentrados en el lugar había connotados personajes: Antoni Tàpies, Joan Brossa, Joan Miró, Gabriel García Márquez, etc. La iniciativa adquirió gran eco internacional. Por otra parte el Abad Escarré tuvo que exiliarse por publicar en el diario Le Monde las injusticias del régimen y la opresión sufrida por los catalanes. 

La mayoría de los monjes son favorables al catalanismo. Se admiten de otras regiones, siempre y cuando comulguen con lo que significa el Santuario y su encarnación en el entorno. Algunos son militantes catalanistas, como el monje Hilari Raguer. En el blog que publica Religión digital, no esconde para nada sus preferencias. Sostiene su postura con argumentos históricos. Y es que casi nunca Catalunya ha encajado en España. Las actuales tensiones no son cosa de ayer. 

Bien es verdad que hace unos 13 años se generó un notable conflicto entre distintos grupos de monjes pertenecientes a diversas generaciones. Los más antiguos sostenían que Montserrat debe ser símbolo de amor a la tierra y un referente en cuanto a las celebraciones litúrgicas de calidad. Otros piensan que la cuestión del catalanismo debiera ser secundaria. Y el tercer grupo considera que ellos deben ser monjes benedictinos sin ulteriores pretensiones. El hecho es que estas opiniones trascendieron a la prensa, se mezclaron con acusaciones turbias y el conjunto desembocó en un cambio de Abad y en el exilio temporal de algunos monjes. 

El conflicto no tuvo demasiada repercusión entre la gente sencilla. Para el catalán promedio desde siempre Montserrat ha sido símbolo del catalanismo y sigue siéndolo. Por supuesto, todas las celebraciones son en catalán. Sólo una mente prejuiciada y sectaria podría condenar que en el corazón de Catalunya se hablara otra lengua. 

Dejo todavía para una siguiente entrada el Montserrat del misterio.