El Santuario de Lluc, donde reside el autor.

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sábado, 24 de julio de 2010

Un verano agitado


Los acontecimientos van amontonándose en este julio radiante. Finalizó la XXV Semana de Artajona sobre la Tercera Edad. Buen balance. Basta con enumerar los títulos de las conferencias para comprobar que sigue habiendo inquietudes y que los participantes no se dieron por desahuciados. Una charla: en la vejez seguirán dando fruto. La segunda: breves reflexiones sobre la jubilación. Tercera: cómo me gustaría envejecer. Y la última la dictó el más veterano del grupo, en el umbral de los 90 años. Pues se le ocurrió este encabezado al que harían bien en atender quienes denigran la vejez: vivencia de una ancianidad en plenitud.
Claro está que no todos los llamados fueron los escogidos a la hora de asistir. Pero repito que el balance no estuvo mal. Charlas, ambiente, power points… un buen legado para los congregantes y otros amigos que vamos a colgar de la web msscc.org
Otro acontecimiento que ha hecho vibrar a la gente: España ganó el mundial. La resonancia ha sido desorbitada a mi parecer. El día de la final hice el viaje Bilbao-Palma. En la ciudad de destino me topé con una multitud de automovilistas dándole al claxon y exhibiendo banderas en actitud intemperada. Todo ello en horas nocturnas. La satisfacción general daba a entender que cada uno de los manifestantes había metido el gol de marras.
Ah! Ya no se habla de la furia española, sino del talento de los jugadores y de la elegancia del juego. Para mí que tiene mucho que ver con los protagonistas del juego nada propensos a la furia y sí muy dotados para el garbo futbolístico. Y es que la espina dorsal del equipo la conformaban jugadores de procedencia catalana y/o que jugaban el Barça.
Mucho se ha hablado de Catalunya en estos días a propósito de diversas cuestiones políticas. Nadie protestó por la victoria siendo la mayoría de los futbolistas catalanes, poco representativos de la España nacionalista. Pero en cambio las protestas adquieren un volumen ensordecedor cuando simplemente Catalunya solicita que le dejen ser lo que es: un territorio diferenciado en lengua y cultura, y que no se la discrimine en la financiación, dado que aporta mucho más de lo que recibe. Pero este es un tema que tiene la entrada prohibida en cabezas blindadas para todo razonamiento. Son muchas, por cierto, y estimulan la desafección, mientras acumulan dificultades de todo tipo.  
Unidad sí, pero sin fagocitar al vecino. Unidad sí, pero sin pisotear la identidad de los demás. Todo el mundo tiene derecho a vivir con lo que la naturaleza le ha regalado. El catalán no se ha inventado para incordiar a los castellanos. Y si no hay lugar para el catalán, entonces…
Personalmente he pasado por unos días en que la espada de Damocles pendía sobre mi cabeza. He tenido que someterme a análisis y pruebas de todas clases. En la espera y al anochecer, en particular, el gusano de la turbación trataba de mordisquearme. Entonces se agolpaban en la mente los temas decisivos y permanentes: Dios, el por qué de la vida…
La visita al Doctor, una vez recogidos todos los exámenes, podía derrumbarme el futuro. Quizás, incluso, ponerme fecha de caducidad. Pero afortunadamente, no he tenido que lamentar un diagnóstico grave. Unas pastillas y parece que las aguas volverán a su cauce.
Los días que transcurrieron hasta la visita final -envueltos en una leve angustia-, suavizaron sus picotazos gracias a cuatro jornadas pasadas en un montículo situado muy cerca de una playa, la de Tuent, en la sierra norte de Mallorca. Un paisaje embelesador, una tranquilidad que no se experimenta en la ciudad, un cielo estrellado que invita a heterogéneos sentimientos: melancolía, exultación, acción de gracias, añoranza… Y todo ello salpicado con diálogos cordiales con el amigo que me acompañó y algún visitante que vino a darnos una mano.
El mar, el sol, la luz suave de los crepúsculos, los morados y violetas que se esconden tras las nubes al finalizar el día… Es curioso, me he encontrado buscando el adjetivo que más le convenía al paisaje, a las irisaciones del momento. Un calificativo para la mole rocosa que se levantaba ante nuestros ojos, otro para el olor que desprendían los pinos… y así siguiendo. Deben tener razón quienes sostienen que la capacidad de reflexionar depende en gran parte de la palabra y que, sin ella, se le cierran las puertas al pensamiento. Mucho más al de carácter filosófico.
Me estoy excediendo en la entrada de hoy. Me guardaré el comentario que quería hacer sobre lo leído en los días de sol y mar para la próxima. Diré simplemente que me zampé varios libros de Delibes, uno de Tolstoy y hasta tuve tiempo para dedicar la atención a unas páginas de Josep Pla. No suelo leer novela a lo largo del año, pero se presta hacerlo en lo alto de un montículo con la vista al mar cercano. Comentaré las lecturas en los próximos días.

martes, 13 de julio de 2010

Sensaciones veraniegas


El verano, todavía en sus inicios, me ha atrapado en un pueblecito navarro. Estoy en un antiguo seminario menor, un edificio de dimensiones descomunales.
Contemplo desde una habitación la mole del recinto amurallado del cerco (ss. XI-XII). Me refiero al pueblo de Artajona que, según dicen, llegó a ser Reino por un lapso de tiempo. Queda el antiguo esplendor de las torres remozadas y unas casas totalmente construidas en piedra. Los organismos encargados del patrimonio cuidan el conjunto con esmero. En particular conservan la Iglesia de S. Saturnino que, siglos atrás, tenía también asignada la función de defender a la población.
Instalado en un solemnísimo edificio coronado por cuatro torres, a un par de kilómetros del cerco, contemplo el panorama desde la ventana. De los trigales solo quedan los rastrojos. Pero el color amarillo estimula las sensaciones veraniegas que el invierno iba reclamando desde tiempo atrás.
Este es el escenario en que he residido unos días, pues el Instituto al que pertenezco -Misioneros SS. CC- aprovecha los numerosos e infrautilizados metros cuadrados del lugar para que, al menos una vez al año, cumplan una función. A lo largo de unos días se han desarrollado en este asentamiento reuniones varias y hasta una semana dedicada a la Tercera Edad.
Pero el tema que me inspira estas breves letras es el de las sensaciones veraniegas que serpentean por todo el cuerpo y que han explotado en el ambiente. El campo ondulado y amarillento, el cielo azulado y transparente, el sol que se desploma sin compasión, el bochorno pegado a las paredes de la casa…
Son sensaciones agradables, no obstante la incomodidad que puedan ocasionar. Cabalgando sobre ellas hacemos planes: tantos días en la playa o la montaña. Leeré un libro con el que me he encaprichado, viajaré y charlaré distendidamente con viejos amigos. Habrá tiempo para escuchar la música clásica que me traslada a parajes de éxtasis…
Al final del verano uno saca la cuenta y suele constatar que muchos planes quedaron abortados. También habrá que contar con prisas inoportunas y reconocer que la playa no cumplió con las expectativas. Pues el mar no nos acarició con sus suaves olas, sino que nos mordió con sus insidiosas mensajeras, las medusas. Quizás en el haber del verano haya que contar con alguna salmonelosis o sorpresiva insolación.
Lo cierto es que en los primeros días de julio las sensaciones veraniegas nos hacen soñar despiertos. El ambiente nos acuna y nos toma de la mano transportándonos por un firmamento virtual. Los ojos entreabiertos, el sopor de la siesta, las aves recorriendo la inmensidad azulada... Mentalmente paso revista a los buenos momentos que julio y agosto traerá consigo.
Lo que de verdad acontezca, ya se verá al final, porque, a la postre, el verano es como la vida en escala. El verano, como la vida, en ocasiones promete, pero no cumple. No vayamos a hacer moralina, que el aturdimiento del verano tampoco propicia la labor, pero ahí queda el apunte: en el verano y en la vida conviene aferrarse a Alguien en mayúscula que sí cumple. Tú eres mi roca y mi salvación, reza el salmo. Sí, también en verano, en la modorra de la siesta y en el sol esplendoroso del mediodía.

sábado, 3 de julio de 2010

Los fantasmas de la Tercera Edad


En la entrada anterior del blog aludía a una semana de formación permanente que tenía como tema la Tercera Edad. Al finalizar una serie de lecturas resumo a vuela pluma las ideas que me resultan más relevantes sobre este asunto. Los pensamientos que, a mi parecer, debieran permear la existencia del adulto mayor. Y más todavía, debieran asomarse a la vida de quien todavía se mueve, dirige y controla porque ni que decir tiene que la vejez llegará. Claro está, siempre que uno no muera antes, lo que tampoco suele considerarse recomendable.
1. Es necesario tomar conciencia de la edad con sus consiguientes limitaciones. Nada más esperpéntico que vestir pantalones ceñidos y coloridas prendas juveniles a deshora. Cabe exigirle al individuo un comportamiento acorde a su edad. No es el momento adecuado para vestir vaqueros ceñidos, ni para que la mujer ostente unos labios color rojo vivo, ni para que tome prestado el vocabulario de los adolescentes. La madurez psicológica exige hacerse cargo del contexto vital y social en que uno vive. Caso de ignorar este presupuesto uno queda expuesto constantemente al ridículo.
2. Hay que asimilar a fondo que, con la edad, se pierden habilidades y capacidades. Preciso es saber renunciar a cuanto uno ha llevado entre manos y no armarse de rencor al ser sustituido. No es cuestión de asimilar una supuesta marginación, sino de aceptar una ley de vida. El último en enterarse de que ya no se está en forma suele ser uno mismo. Cuando llega el momento de ceder el paso, no es de buen gusto hacer el boicot y mostrar despecho. ¿Ah sí? Pues ahí os quedáis, dice más de uno sin decirlo. Al fin y al cabo nadie es irreemplazable. Los seres humanos vienen muriéndose desde el paraíso terrenal y el mundo ha seguido rodando.
3. Quienes rodean a los mayores no aguantan que se les cuente una y otra vez anécdotas que un día acontecieron. Los mayores no deben obligar a los más jóvenes a mirar hacia atrás hasta provocarles tortícolis. Déjeselos mirar hacia adelante. No hable el anciano tanto de mis tiempos. Mientras uno vive, transcurren sus tiempos frente a él. Y si inevitablemente se le cierran unas puertas, nada impide que trate de abrir otras.  
4. No aporta ningún fruto adelantar mentalmente los males que pueden sobrevenir en el transcurso del tiempo. La mayoría de los males imaginados jamás llegan a concretarse. ¿Entonces? ¿Qué extraño placer masoquista conlleva pensar una y otra vez qué horrendos y numerosos achaques se cernirán sobre uno? En la misma línea, y para no abonar el terreno de la aprensión, no es aconsejable contar con pelos y señales las dolencias propias ni escuchar pacientemente las ajenas. Pues que de este modo acaba estimulándose el substrato hipocondríaco que quizás se halle latente.  
5. Mientras uno vive, viva de verdad. Nada de morir antes de morir. ¿Por qué despedirse de este mundo a los 70 si le van a enterrar a los 80? Hay que cultivar las inquietudes que se acoplen a las circunstancias: disfrutar un paisaje, leer buena literatura, escuchar música que revitalice los sentimientos dormidos. Sí, es bueno cultivar inquietudes realizables. Incluso está bien soñar un poco, mientras se tengan bien asentados los pies sobre la tierra. Uno debe elegir entre ser persona madura con un comportamiento patriarcal: tolerante, capaz de aconsejar y estimular, o convertirse en un viejo cascarrabias amargando la vida a todo el que le rodea.
6. Finalmente hay que esperar a que acontezca el final y baje el telón definitivo. Porque para que la vida sea completa es preciso que se sucedan todas las etapas, sin acelerarlas de modo insensato. Una vida segada antes de hora es una interrupción, un aborto que no ha llegado a su meta. Por eso es importante llegar hasta el término. Un final que completa, no un final que interrumpe: así hay que vivir la muerte. Y luego esperar confiadamente que ella se metamorfosee en un nuevo nacimiento. Ya el cuerpo no logra sostener al espíritu y éste necesita un espacio mayor. Exactamente como el seno materno no puede cobijar al feto y éste requiere de un espacio más amplio. El de los brazos de Dios Padre.

miércoles, 23 de junio de 2010

Prejuicios y ocurrencias en torno a los “adultos mayores”

Estos días estoy preparando una charla para “La Semana de Artajona”. Cada año, en verano, el Instituto de Misioneros SS. CC. propone un tema de formación permanente. Es un decir lo de la semana, pues dura dos o tres días por lo general.

Las Congregaciones envejecen, como sabe todo el mundo. Si bien habría que matizar: en el continente africano van surgiendo una buena cantidad de vocaciones jóvenes. El hecho es que la “Semana” está dirigida a los nacidos en el Estado español y la mayoría de ellos son personas que han alcanzado una edad notable.

Según estadísticas fiables, la edad media del clero anda por los 65, la edad de la jubilación. Aunque tendremos que dejar de vincular esta cifra a la jubilación si, como parece, los políticos van a retrasarla un par de años debido a la crisis económica. De todos modos, la verdad sea dicha, no resulta de mucho consuelo esta fatal o inevitable declaración.

Me ha tocado organizar la mencionada semana y desde un principio noté indisimulado rechazo en los charlistas a los que invitaba y en los oyentes que iban enterándose del tema. Prejuicios, tabúes, recelos y desconfianzas se insinuaban -cuando no se manifestaban abiertamente- en el personal. Eso de abordar la vejez o la Tercera Edad o el ser adultos mayores (vocabulario que últimamente ha propuesto la ONU) se hace cuesta arriba.

El hecho es que no por dejar de plantarle cara los años se detienen. Un paréntesis jocoso me recuerda una tal actitud. En el tribunal el juez le pide a una señora que declare su edad. La señora vacila y deja pasar largos segundos… Se impacienta el juez y toma de nuevo la palabra para decirle: señora, el tiempo corre en contra de usted. Es que los años son los que son y mejor echar mano de un sano realismo que ponerse a silbar mirando al infinito con las manos en los bolsillos. Como si el asunto no fuera con uno.

A propósito de los años acumulados he dado con algunas frases que ponen el dedo en la llaga con una pizca de humor. Una de ellas reza así: Todos deseamos llegar a viejos y todos negamos que hayamos llegado. La otra: Esto de los años yo no lo entiendo, que aunque es bueno cumplirlos, no lo es tenerlos. Y una tercera: La vejez existe cuando se empieza a decir: nunca me he sentido tan joven.

Sin dejar el humor al margen, me revolotea por la mente una cita de Ortega y Gasset que no recuerdo con exactitud, pero sí la idea. Aludo a ella para consuelo de los mayores, que no todo tiene que ser negativo lo que escuchen sus oídos. Pues el fino ensayista, de sublime estilo literario, viene a decir que resulta agradable observar a los jóvenes: las carnes prietas, la silueta firme, agilidad, viveza… Pero lo es mucho menos escucharles: bromas insulsas, conversaciones baladíes, carencia de ideas, incapacidad de relacionar unas épocas con otras…

Reproduzco un par de párrafos de la religiosa Dolores Aleixandre, que me parece una cabeza bien amueblada, poco amiga de los tópicos y las vulgaridades.

La Biblia ofrece una espléndida pista para alcanzar la excelencia: nosotros visualizamos el futuro como algo que está “delante” y el pasado como lo que queda “detrás” pero la Biblia ofrece otra manera más lógica de percibir el tiempo: el pasado, ya vivido, lo conocemos y está ante nosotros, mientras que el futuro, desconocido, está detrás, a nuestra espalda: “Recuerdo los días ante mí, reflexiono en todas tus obras” afirma un salmista (Sal 143, 5). El creyente es, por tanto, como un viajero que viaja hacia el futuro caminando de espaldas: se dirige sin temor hacia lo que aún no conoce, apoyado en la fidelidad de Dios, ya experimentada a lo largo de su historia pasada que está ya ante sus ojos.

Es una excelente manera de mirar al pasado no con la mirada “necrófila” de quien lo ve del color de la nostalgia o de los resentimientos, sino de una manera “biófila”, que nos llene de agradecimiento, nos dé un talante de positividad y de alegría y nos capacite para descubrir lo que de nuevo y sorpresivo nos trae el hoy.

La realidad de la vejez hay quien la convierte en drama, en temor, en sinsentido, en resquemor, en rebelión. Pienso que resulta mucho más cabal y sensato acogerla meramente como una realidad que diluye unas capacidades, pero que también abre horizontes a quien tiene ojos profundos y se resiste a doblegar el lomo bajo el peso de la rutina.

Y desde la fe, la vejez se hace pretexto para la oración. Sea la plegaria, por una vez, el punto final de estas líneas: Señor, líbrame del desengaño que me acecha. Ante tantos ideales que se han vuelto cadáveres tengo la tentación de dejar de luchar. Pero no me dejes caer en la tentación de la rutina, el despecho o la indiferencia. Así sea.

domingo, 13 de junio de 2010

Lluc en el corazón de la montaña

He pasado unos días en el Santuario de Lluc con motivo de reuniones varias programadas en el lugar. Estudié en este paraje mis años de filosofía a mitad de los años ’60 y luego periódicamente he vuelto a aspirar el aire de su entorno y admirar la austera belleza de sus encinares. Un espacio muy atractivo. Parece que ya en tiempos prehistóricos este bosque era considerado sagrado. Ciertamente el observador atento y con el paladar avisado experimenta sensaciones difíciles de definir, pero que ningún parentesco tienen con la vulgaridad.

Lluc es el Santuario de Mallorca por excelencia. Los pobladores de la isla lo aprecian por su raigambre histórica, por el paisaje que brinda en plena serra de tramuntana, por los escolanes que cantan con voz esmerada. El Santuario tiene una hospedería y a temporadas las celdas bullen de habitantes. Aunque en los últimos decenios, con la proliferación de los coches, la gente prefiere pasar unas horas o el día en el entorno, pero ya no es tan frecuente que alquilen una celda para hacer noche.

No voy a detenerme en los numerosos recursos de que dispone el santuario. Hay un museo, varios restaurantes, lugares para acampar, una Iglesia barroca muy bien cuidada, una imagen de la Virgen morena que es, junto con la escolanía, lo que mayormente atrae a los visitantes. Me interesa más recalcar que Lluc es un lugar de referencia para la isla. Tanto en la cuestión cultural como en la religiosa.

En estos pocos días en que he merodeado por el Santuario he tomado nota de tres acontecimientos multitudinarios. En una ocasión se aglomeraron numerosos enfermos, bien atendidos por sus acompañantes. El obispo presidió la Eucaristía. Se creó un ambiente peculiar, amalgamado por sentimientos de dolor, esperanza y devoción.

Otro acontecimiento fue el de la subida a Lluc de una gran parte de los sacerdotes de la isla en el día en que la liturgia celebra la fiesta de Jesucristo sumo y eterno Sacerdote. También el obispo se hizo presente para oficiar la Eucaristía y luego almorzar con los presbíteros. Los sacerdotes que cumplieron los 25 y los 50 años de ministerio recibieron el habitual homenaje anual.

Pude ser igualmente espectador de otro suceso: el encuentro de los familiares de los Misioneros de los SS. Corazones oriundos de Mallorca, precisamente los que, desde hace un siglo, rigen los avatares del Santuario. Los familiares, los Misioneros Laicos y los colaboradores de la Fundación Concordia nos encontramos para la Eucaristía, para ponernos al día sobre noticias de interés común y de publicaciones varias. La jornada finalizó con un generoso almuerzo, ambiente en el que la fraternidad suele fluir con menos inhibiciones.

Cierto que S. Juan dice que importa adorar a Dios en espíritu y en verdad. No es preciso organizar procesiones ni peregrinaciones para hacer la experiencia de Dios. Sin embargo… un entorno de austera belleza, salpicado de arcanas leyendas, en el que se han ido acumulando los posos culturales y religiosos de los isleños… indudablemente constituye un factor a tener en cuenta a la hora de la dicha experiencia. Una imagen morena, tallada en una secular piedra y blanco de afectos inmemoriales, encauza y despierta el sentido de la filiación.

Los tiempos han devenido más laicos y superficiales. Pero también para el caminante del llano o para el turista de allende los mares Lluc invita a una oferta singular. Incluso el senderista de a pie o el que viaja con su bicicleta a cuestas encuentra en el entorno un lugar ideal para su hobby. Y, por supuesto, quienes no renuncian a su fe, sintonizan enseguida con la Virgen morena que despliega amplios horizontes ante sus devotos.

jueves, 3 de junio de 2010

Sensibilizar en favor de África

En ocasiones la técnica le hace bullir a uno la sangre. En realidad, la mala gestión de la técnica. Tenía yo un artículo guardado para el blog desde hace unos días y cuando iba a colgarlo de la red… no lo encontré. Sólo hallé la página de la cual había recogido una cita. Había desechado la que merecía ser guardada.

Un error que arrastró consigo la decepción y me llevó a soltar algunas imprecaciones mentales sin destinatario fijo. No es la primera vez que me sucede, aunque menos que en años anteriores. Como gato escaldado, uno aprende de estos momentos que dejan amargo regusto en el paladar.

El tema del escrito extraviado lo ocasionó mi presencia en el Día de África celebrado en un barrio de Valencia llamado Nazaret. Fui en nombre de la Fundación Concordia, la ONG que lo organizó.

Es ya el sexto año que se lleva a cabo. Reúne a un buen grupito de gente con varios objetivos. Uno de ellos, no sé si el más interesante, pero sí el más sonante, el de captar fondos para levantar casitas en Kiziguro (Rwanda), donde los Misioneros SS. Corazones dirigimos una parroquia. Con un par de miles de dólares se logra que una familia viva decentemente y hasta se le ahorra tener que hacer muchos kilómetros diarios en busca de agua. Un cambio drástico en la vida familiar.

También la jornada se propone sensibilizar a la gente a favor de la causa africana. Cada vez cuesta más romper el círculo estrecho y mezquino que rodea al personal. Ir más allá de los electrodomésticos, las consolas del juego, la televisión, el fútbol, las salidas al restaurant y los amigos es toda una hazaña. Ampliar el círculo hasta llegar a África equivale a una auténtica epopeya. Pues algo de esto se consigue. Tanto a un nivel de personal representante de comisiones varias (ecologistas, sindicales, ciudadanas, eclesiales…) al que se reúne para hablar del asunto como a nivel de los asistentes en general a través de los mensajes que fluyen del micrófono.

En este punto bien cabe una llamada a la necesidad de ser críticos. Se ha organizado un verdadero alboroto mediático con la cuestión del preservativo en África. No quito ni pongo rey, pero aporto un solo dato: muere muchísima más gente de malaria que de Sida. ¿Por qué no se dice claro? Posiblemente porque así la prensa alimenta mejor el morbo y porque le resulta muy saludable al oportunismo ideológico. Aunque la malaria ocasione muchos más muertos.

África necesita que las farmacéuticas no retengan las patentes de los medicamentos, que no se vendan armas a los gobernantes sin escrúpulos, que no se aticen las diferencias étnicas con el fin de que la región hable inglés o francés, que se denuncien las corruptelas de los gobernantes… Seguramente luego le toque el turno al preservativo.

El Día de África lo organiza el Centre de Música i Dansa de Nazaret. Que es mucho más que música y danza. Trata de concientizar en causas solidarias y de integrar a los marginados y emigrantes del lugar. Ahora bien, proyectos de este cariz no surgen de la nada. Un compañero de Instituto, junto con otras personas, llevan años haciendo una labor sorda y humilde, pero constante y eficaz.

Las frutos de la tarea hecha son verificables. Ahora se puede anunciar una jornada a favor de África y la gente acude, las subvenciones llegan, los voluntarios dan un paso al frente. Se han ganado a pulso el crédito. Precisamente el Centre de Música i Dansa acaba de publicar un libro que cuenta las pequeñas historias de 25 años trabajando en pro de la integración de sus habitantes y a favor de las causas solidarias.

A decir verdad quedé saturado de los sonidos de tambores y de los ritmos africanos. Tamborradas y batukades abundaron y sobreabundaron a lo largo de un día y una noche. En el escenario los ritmos repetitivos y persistentes de los tam-tam africanos se sucedían sin descanso y sin piedad.

Acabo. He recuperado algo de lo que había escrito. Hasta me da la impresión que me ha salido más espontáneo y menos rígido. Algo de verdad debe contener, pues, el refrán aquel que suena así: no hay mal que por bien no venga.



lunes, 24 de mayo de 2010

Gurús, nigromantes, echadores de cartas y personajes afines


Proliferan los gurús, los instructores o coachs, los echadores de carta, los parapsicólogos que curan casi todo. A algunos de ellos se les puede encontrar hasta altas horas de la madrugada parloteando desde algún canal de TV.
¿Por qué? Pues porque existe una necesidad de orden y de orientación en la vida cotidiana de la gente. ¿No existía antes tal vez? Desde luego que sí, pero se canalizaba por cauces tradicionales que hoy día son escasamente apreciados.
Lo que hoy llevan a cabo los profesionales de la autoayuda -o que así se hacen llamar- era patrimonio reservado a los representantes de la religión. Los directores espirituales, los presbíteros, los confesores…
Los antepasados sufrían traumas y se veían obligados a abordar difíciles problemas de diverso tipo, exactamente como nos pasa a nosotros hoy en día. Para superar los momentos más críticos se dirigían a la Iglesia y llamaban a sus puertas para afrontar la desgracia, para confesar los pecados o buscar pistas de salvación en el más allá.
La realidad de hoy en día ha variado. La sociedad -bien podría decirse que las sociedades occidentales- se caracterizan por una clara pluralidad religiosa. Han ido configurando esta nueva fisionomía los inmigrantes, el hecho de la multiculturalidad, los medios de comunicación…
Sobre todo ha sucedido que muchas personas que se confesaban católicos, ya fuera por convicción, tradición o inercia, se han desvinculado de la Iglesia. Unos por desencanto, otros por desacuerdo con determinadas líneas de moral, generalmente relativas a la sexualidad o la bioética.
También es cierto que los representantes jerárquicos de la Iglesia católica no han salido al encuentro de quienes iban alejándose, sino más bien lo contrario. Han condenado en bloque afirmaciones, actitudes y leyes. Han clamado contra el preservativo y la píldora.
Han organizado campañas radicales con los cuales una gran parte de los feligreses no han estado de acuerdo. Recuerden las comparaciones del holocausto con el aborto, la del lince en extinción que salía mejor parado que el niño abocado al aborto, etc. También han manifestado claras simpatías por algún bando político en detrimento de su contrario.
Ahora bien, no sintonizar con la Iglesia no significa que uno deje de tener necesidades espirituales. De ahí que de pronto hagan su aparición nuevos sacerdotes, gurús, echadores de cartas, nigromantes, chamanes, adivinadores y magos de toda especie. También surgen acá y allá terapeutas que usan piedrecitas de colores varios o recurren a la música y a muchos otros ámbitos.
No dudo que algunos actúen con la mejor intención y que no todos se dediquen a engañar al personal. Lástima que el conjunto se apoye en un descarnado individualismo donde la dimensión social está del todo ausente. Ellos suelen hablar de paz interior, de equilibrio, de karma y de alterar el estado de la conciencia. ¿Y el clima social? ¿Y la política que afecta incluso a la cesta de la compra?
Aun remando contra corriente me atrevería a decir que los acompañantes tradicionales y clásicos, los directores espirituales o como se los quiera llamar, tienen algo que decir. Ellos siguen las huellas de dos milenios en los que unas personas han reflexionado sobre las necesidades del espíritu y acerca de cómo superar las mil asechanzas que nos rodean.
Todo este acervo se ha concentrado y refinado a lo largo de cientos de años en los desiertos y en la ciudad, en los templos y en las familias. No puede ser que de pronto deje de tener toda validez y haya que acudir a quienes pretenden leer los astros, las líneas de las manos o los signos de las cartas. Algo tendremos que hacer para recuperar la autoridad que otorgan los siglos y el camino recorrido.