El Santuario de Lluc, donde reside el autor.

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sábado, 2 de marzo de 2013

El Papa, ¿Jefe de Estado?




No deja de sorprender el revuelo mediático ocasionado por la renuncia de Benedicto XVI. Cualquier detalle es comentado ampliamente. Si es de carácter privado, mucho mejor. La prensa organiza un festín con todo ello. Más o menos como cuando muere una vedette de la pantalla,  alcanza la cima del ranking de goles un futbolista o hay que agasajar a un político famoso.
A mi entender una de las explicaciones de la resonancia adquirida por tales acontecimientos es que numerosas personas viven la vida a través de la biografía ajena. Dado que su existencia resulta monótona por fuera y carece de profundidad por dentro, tratan de compensarlo poniéndose en la piel del famoso. Entonces con facilidad se les escapa una lágrima y se conmueven con la emoción que se desprende de la gloria o a la desventura del personaje mediático.    

A mí personalmente me desagrada que las emisoras televisivas, que miran millones de personas, se detengan a detallar la textura y el color de los zapatos que vestirá el Papa emérito. Se trata de detalles que no hacen ningún bien a la Iglesia y ofrecen pábulo abundante para los críticos dispuestos a despellejar al vecino. No hablemos si los tales vecinos proceden del ámbito eclesiástico.

Considero negativa toda la parafernalia acaecida con la despedida del Papa. Salen a colación frivolidades de todas clases. Se calla en cambio lo que realmente debería interesa a los creyentes. En consecuencia, una vez más, el mensaje queda distorsionado.  Llaman poderosamente la atención al hombre de hoy, sea o no creyente, los protocolos y títulos que desprenden tufillo aristocrático. Chocan de frente con lo que el evangelio propone acerca de la autoridad y la misión.

La Iglesia no es una democracia sin más, pero ello no impide que en todas sus actuaciones brille la sencillez y la transparencia. La sensibilidad actual detecta fácilmente la vanidad agazapada detrás de los títulos, los vestidos pomposos y los honores en general. Si añadimos que con frecuencia los títulos son desproporcionados y las vestimentas afeminadas, ya dirán...   
Los títulos, honores y vestimentas son el lastre que ha venido depositándose en la Institución a través de los siglos. Pero un día u otro es preciso deshacerse de todo ello porque deforma el rostro de la Iglesia. Hay datos en el Nuevo Testamento y en la historia que hablan con mucha elocuencia acerca de la sencillez y del buen ejercicio de la autoridad. Esta es la tradición más genuina y a ella hay que volver.
No se olvide que el medio es el mensaje. Los comportamientos vanidosos y pomposos opacan el bien que pueda realizar el sujeto. El lujo y la ostentación son un antitestimonio y desacreditan la opción por los pobres. Los seguidores de Jesús lo son de aquel que nació en un establo y murió desnudo en una cruz. 
La raíz de muchas actitudes y comportamientos inadecuados tienen que ver con la estructura de la Iglesia tal como hoy día funciona. A saber, con el  Papa como Jefe de Estado. Los estados pontificios no son exigidos por la naturaleza de la Iglesia, más bien al contrario. Pero cuando el historiador Döllinger lo dijo en público, fue tildado de Judas. Un libro que exaltaba la unidad de Italia rápidamente encontró el índice libros prohibidos. El síl.labus de Pío IX condenaba la proposición de que despojar de soberanía a la Sta. Sede sería un servicio a la libertad de la Iglesia.

Razones a favor y en contra

Existen razones a favor y en contra para sostener la existencia del Vaticano como Estado.  Las minúsculas dimensiones del Estado que es hoy en día echa por tierra la acusación de que la actuación papal constituya injerencia alguna en potencias extranjeras. Por lo demás, el Vaticano no posee los tanques por los que preguntaba Stalin. Ha sucedido lo que tantas veces en la historia: la Iglesia protesta indignada cuando le arrebatan sus riquezas mundanas, pero acaba dando gracias a Dios por la libertad y agilidad que le confieren posteriormente.

La Iglesia debe ser independiente. Es conveniente que así sea puesto que Roma está llamada a ser referencia de unidad entre todas las Iglesias. Caso de que el Papa ejerciera su papel en el interior de otro Estado  -sobre todo si fuera muy poderoso- está claro que las presiones recibidas serían muy fuertes. La potencia política que lo alojara trataría de manipularlo en su favor.

Hablemos ya de los inconvenientes. Aun cuando el Vaticano tiene unas dimensiones minúsculas, no deja de ser un Estado, un centro de poder mundano. Lo cual puede contaminar la misión del sucesor de Pedro. El hecho de ser Jefe de Estado sitúa al Papa en un entorno que no es el que escogió Jesús de Nazaret, ni el que recomendó a sus seguidores. Los interlocutores del Papa disponen de poder terrenal de manera que él se halla -aun sin quererlo- gravitando en torno de los ricos y poderosos. En consecuencia se distancia de los pobres y olvidados de la tierra.  

En busca de la solución

El hecho de ser un Estado envuelve al Vaticano en una atmósfera de protocolos, diplomacias y suntuosas recepciones. Le obliga a unas actuaciones que nada tienen en común con el discurso misionero en el que Jesús exhorta a los suyos a caminar sin sandalias y sin dinero en la faja. Se dirá que los tiempos han cambiado. De acuerdo, pero el estilo no tiene por qué cambiar.

En el futuro -y recuerdo haberlo escuchado en alguna parte- cabría buscar una solución que armonice las ventajas y los inconvenientes de la situación actual. Descartemos una solución demagógica de ruptura total dado que estos cambios son de difícil digestión y posiblemente provocaría enormes dificultades, al menos en un principio. El Papa podría residir en el Estado del Vaticano sin ser Jefe de Estado. Como los obispos son ciudadanos de sus respectivos estados. La tarea política de Jefe de Estado quedaría reservada a un laico.  

De este modo podría garantizarse la máxima independencia de este Estado, a la vez que preservar la máxima libertad para el ministerio del Papa. Claro está que entonces habría que acostumbrar a los gestores a un nuevo estilo. Los cambios deberían ser graduales, como no puede ser de otro modo cuando las implicaciones son de gran magnitud y fuertes implicaciones. Como fuere, en algún momento hay que ponerse en camino.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Hablemos del Papa



Suelo comentar algunos hechos más remarcables de la actualidad en este blog. La renuncia del Papa lo ha desatado tal río de palabras que casi se me van las ganas de añadir unas pocas más. Y es que a todo el mundo parece interesarle el asunto, aun cuando en su vida no haya pisado un templo o incluso haya destilado bilis anticlerical a borbotones. Muchas palabras y mucha frivolidad.  

De estupideces varias

Sin embargo voy a hacer un breve comentario para clarificarme a mí mismo las ideas y ponerlas un poco en orden. Porque se han dicho muchas cosas y algunas de ellas me parecen francamente estúpidas. He leído, por ejemplo que ha dimitido para que la gente hable menos de la corrupción del Partido Popular. Tal como lo leen. 

Otro escribió que había renunciado porque su función consistía en cerrar la posibilidad de que Carlo Martini fuera elegido Papa. Una vez ha fallecido el candidato ya no tenía razón de mantenerse en el cargo. Lo único digno de alabar de tales ocurrencias es la capacidad creativa del cerebro que las ha segregado. Por más que se trate de un cerebro más bien obtuso.

Otras declaraciones quizás no sean estúpidas, pero sí fuera de lugar. El secretario personal que fue de Juan Pablo II dijo que debía continuar con la tarea, pues de la cruz no se baja. En primer lugar pienso que el ministerio petrino no es ninguna cruz desde el momento que no suelen faltar candidatos.  

En segundo lugar me parece muy lógico que cuando uno no puede llevar a cabo la tarea encomendada lo confiese honradamente y deje el lugar a otro. Enmascarar la permanencia recurriendo a la cruz se me antoja perverso y hasta síntoma de adicción al mando. Renunciar es muy humano. No hay que sacralizar al Papa que no deja de ser un hombre.

En este punto esgrimo un argumento que ha sido motivo de conversación frecuente con mis colegas. Existe una norma, firmada por el Papa, que obliga a los obispos a renunciar a su ministerio y a los cardenales a no ser electores al llegar a una determinada edad. El motivo es claro: la edad afecta a la agilidad mental y tiende a encoger los horizontes. Un señor avanzado en edad tiene suficientes preocupaciones tratando de mantener a raya la artritis, la osteoporosis o la diabetes.  

Ahora bien, quien pone en circulación esa norma se exime de ella. Me parece una incoherencia total y hasta un comportamiento poco pudoroso. Con más motivo debe aplicarse a quien afronta mayores responsabilidades. El Espíritu de Dios no exime de los estragos que ocasionan los años. Reconocer un hecho tan elemental sin duda es signo de lucidez y valentía.      

A propósito de las alabanzas que ha recibido Benedicto XVI al renunciar deseo hacer un inciso. Si mal no recuerdo alguno de sus voceros tuvo asimismo palabras laudatorias porque Juan Pablo II se mantuvo en el papado hasta el último momento, no obstante el deprimente espectáculo ofrecido. Por favor, no acomoden las ideas en dirección a los vientos. Tengan sus propias convicciones.  

Huérfano de carisma

He leído que al actual Papa le faltaba la adrenalina y el carisma de Juan Pablo II. Muy cierto. No ha besado el asfalto ni se ha exhibido moribundo en el estrado. No ha fascinado por su espectacularidad. Con su proceder tímido y huidizo parece repetir a cada instante que no es el hombre que se ajusta al cargo.  

Decididamente, lo suyo son los libros. Le sobrepasan las pugnas entre facciones. Seguramente no sabe ni quiere apoyar a unos en contra de los otros. No entiende el mundo retorcido y traicionero de las finanzas. No se esperaba los robos desleales de su mayordomo que, además, le han dejado en evidencia.  Tales acontecimientos –opino- dejaban entrever un Papa que no dominaba la situación.  

Sí que trató de poner coto y dejar claro que tendría tolerancia cero respecto del nefasto e indigno vicio de la pederastia. Y para ello sacó fuerzas de flaqueza. También se esforzó por desenmascarar a este monstruo de la maldad, el engaño y la doble vida que resultó el fundador de los legionarios, Maciel. En este punto dicen los analistas que se quedó corto. Sabía mucho del asunto, pero Juan Pablo II no estaba por la labor de fulminarlo. Él no se lo echó en cara y luego accedió a su beatificación.

Quinielas e interrogantes

Han empezado las quinielas, tarea frívola que, por cierto, los periódicos copian unos de otros. Probablemente por el menguado conocimiento que los periodistas tienen del tema. Sea quien sea el próximo Papa, hay hechos y situaciones que no pueden esperar más.  

¿Hasta cuándo el Papa seguirá siendo Jefe de Estado? ¿Por qué no delega los tres poderes que ya han separado todos los estados modernos -el legislativo, el judicial y el ejecutivo- y él permanece como punto de unión y referencia? ¿No ha llegado la hora de que la colegialidad a todos los niveles, acordada en el Vaticano II, y la reforma de la Curia se concreten finalmente?

Hay cuestiones urgentes: humanizar la sexualidad, aceptar el papel emergente de la mujer, admitir a los divorciados sin culpa, actualizar el sacramento del perdón (prácticamente marginado en gran parte del mundo), apresurar el paso en el terreno del ecumenismo, etc. etc.

La herencia de Benedicto XVI me atrevería a decir que está compendiada en sus libros. Y considero más valiosos los que escribió siendo profesor de Universidad que los que vinieron luego, ya cardenal y Papa. En el trecho que va de profesor a Cardenal fue redondeando muchas aristas de su pensamiento. Por lo visto las responsabilidades influyen en las ideas.

Personalmente aplaudo la renuncia de Benedicto XVI y no vi con buenos ojos la permanencia de Juan Pablo II -postrado, más que sentado- en la silla de Pedro. Cuando una persona considera que sus fuerzas físicas o anímicas sufren merma y no puede cumplir con la tarea encomendada, nada más sano y lógico que la renuncia. 

domingo, 10 de febrero de 2013

Teología por internet



Desde hace un par de años he sido invitado a formar parte de los profesores del ISCREB (Institut Superior de Ciències Religioses de Barcelona). Por circunstancias varias no he podido decidirme hasta ahora a dar el paso.  

Caminar del brazo de la teología

No es que disponga de más tiempo, pero al menos sé dónde voy a residir en el próximo futuro y conozco algo más las tareas que llevo a cabo en el Santuario de Lluc (Mallorca). He aceptado dirigir y coordinar una síntesis del Cristianismo (parte II) que ofrece una visión realmente resumida de la antropología teológica, la moral cristiana, la escatología, la eclesiología, los sacramentos y la liturgia.

Espero que tanto abarcar no vaya en perjuicio del buen apretar, como afirma el refrán. De todos modos siempre he sido amigo de las síntesis por cuanto obligan a decir en  pocas palabras conceptos dispersos y hasta farragosos. Uno debe recoger las líneas del horizonte y, en un difícil juego de magia, convertirlas en píldoras de andar por casa.

No digo que la síntesis desemboque en una teología más barata, sino que exige una gran capacidad -con su correspondiente esfuerzo- de recapitulación, de compendiar, integrar, resumir y recopilar. Como también un esfuerzo de sinopsis.

Llevo 8 años al margen de la docencia teológica, tarea que ha marcado mis años jóvenes y adultos. No digo que la añore, pues en algún período anduve saturado de clases. Sin embargo, después de este largo paréntesis no me parece mal sumergirme de nuevo en el ambiente teológico con el que he camino del brazo a lo largo de tantos años.  

Todavía no estoy muy familiarizado con el programa / software que facilitará el estudio y sostendrá las relaciones entre profesores y alumnos. Pero no creo que me resulte difícil entender su funcionamiento. Paso muchas horas frente a la pantalla del ordenador y de algo tiene que servir.

Tengo la impresión de que se puede incluso atender mejor a los estudiantes desde el ordenador que desde el aula. Uno elige el momento oportuno para mandar el correo electrónico y para revisar el material. En el aula física la hora de clase pasa con rapidez y luego ya alumno y profesor no suelen encontrarse.

Situarse en un mundo disperso

El concilio Vaticano II (1962-1965) trató de actualizar los métodos y contenidos de la teología católica. Posiblemente ha sido el apartado que  se ha librado en mayor medida de la grave involución sufrida en otros campos.  

Las mil opiniones que escuchamos alrededor, las infinitas opiniones que hallamos en la red virtual, exigen tener unos conocimientos básicos y sistematizados del universo de la fe. De otro modo uno se pierde por los senderos del bosque. No digamos si, como algunos afirman con buena dosis de sarcasmo, la teología consiste en buscar un inexistente gato negro en el interior de una habitación oscura.

Muchos son los motivos para el estudio de la teología. Los laicos deben jugar un papel mucho más relevante del que tienen. El secularismo ha invadido la sociedad y muchos sucumben ante su empuje por falta de argumentos y también -justo es decirlo- porque siempre resulta más fácil seguir la corriente.

¿Qué pensar del ecumenismo, del diálogo interreligioso, del agnosticismo, del ateísmo, del celibato sacerdotal, del papel de la mujer en la Iglesia? ¿Hasta qué punto obligan las opiniones del Papa y de los obispos? ¿Tan mala es la teología de la liberación? ¿Cómo enfocar los enormes problemas que plantea la bioética y la banalización de la sexualidad? 

La teología puede ayudar a poner un poco de orden en estos asuntos. Me atrevería incluso a decir que puede ayudar a mirar con mayor penetración la enorme problemática de la convivencia, la cuestión social, la crisis que nos devasta... La teología -la fe sistematizada- no es ajena al bullicio cotidiano que nos toca vivir. Estimula el estudio de la situación para luego hacer una opción consecuencte y en conciencia.  

Hay que acabar con el tópico de que la teología es una especie de metafísica para ángeles y que exige necesariamente conocimientos de griego y de latín. Gracias a su estudio logramos penetrar en las antigüedades del mundo bíblico, desvelar los vericuetos de la historia de la Iglesia, enterarnos de las emociones y raciocinios de la patrística griega y latina, elaborar una opinión acerca de los acontecimientos de cada día.

Son muchos los que razonan en el ámbito religioso con los recursos adquiridos en la catequesis de comunión o confirmación. Sin embargo, ningún adulto saldría a la calle exhibiendo su vestido infantil, con pantalones cortos incluidos. Ni nadie que sepa manejar la bicicleta presumirá de tener conocimientos válidos para conducir un camión.

Una reina destronada

Por mucho tiempo se consideró a la Teología como “la reina de las ciencias”. Es cierto que mirando hacia pasadas generaciones se constata que las mentes más brillantes se dieron al estudio de la teología. Pero muchas cosas han cambiado hoy en día y cuando alguien dice estudiar teología, se le espeta sin más: ¿para qué sirve?

Sin embargo, las cosas más inútiles, desde un punto de vista crematístico, son las que dan mayor sentido a la vida.  El amor, el humor, el sentido, la sensibilidad, la sabiduría… no sirven para nada. Son valores por sí mismos. Ahí situaría yo también el estudio de la teología.

La que un día era llamada reina de las ciencias, la teología, ha sido destronada y exiliada. Otros personajes se disputan el trono. La economía, el pragmatismo, el hedonismo… Un sentir bastante común de nuestros tiempos postmodernos sostiene que la verdad no es importante. Importa que la vida funcione y yo me lo pase bien.  
Así entendidas las cosas, de seguro que la teología tiene muy poco que decir. Se la puede arrinconar sin escrúpulos. 

miércoles, 30 de enero de 2013

Un Congreso en Roma

El 23 de enero se celebró un modesto Congreso sobre la espiritualidad del Corazón de Jesús. Este tema resurge de modo intermitente en la preocupación de los agentes pastorales y particularmente de las Congregaciones religiosas que se sienten vinculadas a la misma.

Partí de Mallorca el día 21, que dediqué exclusivamente al viaje, mientras que el 24 hice el camino de regreso. Sólo tuve el 22 para perderme por las calles romanas y charlar con el colega que cuida de la Chiesa di S. Celso e Giuliano, un original templo ovalado de dimensiones reducidas. 

Me limito a decir, en cuanto a los precedentes, que la iniciativa la tomaron los Sacerdotes Dehonianos con el título congregacional “sacerdoti del Cuore di Gesù”. Nos encontramos en la Curia que tienen en Roma, de espacios amplios y bien cuidados. 

Estuvieron representados los siguientes Institutos: 

· Sacerdotes del S. Corazón de Jesús – Dehonianos. (John van den Hengel)
· Congregación de Jesús y María – Eudistas (Luc Crepy)
· Congregación de Jesús Sacerdote – Venturini (Fr. Antonio Lorenzini)
· Compañía de Jesús – Jesuitas (Claudio Barriga)
· Misioneros de los SS. Corazones de Jesús y María (Mallorca) (Manuel Soler)
· Obra de D. Guanella (Hijos del S. Corazón) (Nino Minetti)

Hubo referencias al carisma de cada Instituto, pero no es el momento de reproducirlas. Simplemente expongo las ideas centrales sobre la espiritualidad del Corazón de Jesús que surgieron en la rueda de exposiciones.


Las ideas centrales del encuentro

Dicha espiritualidad ha tenido un papel central en el pueblo de Dios a lo largo de muchos siglos, aunque con frecuencia le ha faltado base bíblica y teológica. Hoy día encontramos manifestaciones más bien tradicionales, pero también surgen nuevos intentos de comprender a fondo el hecho desde la teología y explotar nuevas formas de expresión. 

Tales motivos requieren de una colaboración entre los Institutos interesados. Tendría que crearse una red de teólogos interesados en la reflexión, poner en común la búsqueda y las experiencias hechas en los diversos Institutos y ofrecer las iniciativas a miembros de otras Congregaciones. 

Sin anular la riqueza de la diversidad carismática, habrá que ofrecer nuevas propuestas de expresión y devoción, formuladas con sensibilidad y pedagogía a fin de integrar todas las dimensiones de la persona en lo que bien podríamos llamar “el camino del corazón”.

La Antropología del corazón tiene que ver con lo que la Biblia llama corazón: la integridad de la persona. Tanto más necesario es lograr esta integridad/unidad de vida cuanto que se requiere en nuestros días reconstruir la persona. El individuo padece una gran fragilidad, incluso en su dimensión humana. Y los más jóvenes no son ciertamente excepción. 

Es preciso construir la persona según el modelo del Corazón de Jesús. Todo ello se podría resumir refiriéndonos al camino del corazón o a la antropología del corazón, la cual incluye un talante acogedor, comprensivo, ternura, misericordia, profundidad, en oposición al formalismo y la frivolidad. También podríamos referirnos a la unidad de vida que hace converger las obras, los sentimientos y pensamientos más cotidianos en el objetivo del Reino anunciado por Jesús.

No sería aconsejable renovar la espiritualidad ni las nuevas manifestaciones devocionales cada uno por su cuenta. Más bien conviene disponer de una base común. Ello redundará en beneficio del Pueblo de Dios, pues la espiritualidad a que nos referimos debe desbordar los Institutos religiosos para alimentar a los fieles cristianos. Así sucedió durante siglos y deseamos seguir esta tradición. 

En este sentido también habrá que profundizar en la dimensión laical de la espiritualidad. Tras el Vaticano II y dada la escasez de clero (aunque ciertamente no es este último el motivo decisivo) está claro que los laicos están llamados a ejercer un mayor protagonismo en el Pueblo de Dios. 

En el renacer de la espiritualidad del Corazón de Jesús deben evitarse aquellas exclamaciones, imágenes y actitudes que no se corresponden con los anhelos y las expresiones de nuestra sociedad postmoderna. No hay que aniquilar ninguna expresión que resulte válida para personas concretas, pero sí apuntar hacia horizontes nuevos 

Sugerencias de cara a la acción

Podemos iniciar comunicándonos ideas, noticias y artículos. Cada Congregación debería escoger tres escritos que considere el meollo de su aportación y ponerlos en común. En principio el lugar de encuentro sería la Web del Apostolado de la oración porque goza de mayor independencia al no estar vinculado directamente con ninguna Orden o Congregación. 

Todos los Institutos presentes disponen de una Web para sus comunicaciones, la cual se ha puesto en común. Cada una de ellas agregará un link que remita al apartado de la citada Web del Apostolado de la oración

Un tema que necesita mayor diálogo es el del momento oportuno para invitar a las Congregaciones femeninas con una espiritualidad semejante. Es de toda justicia dar este paso, pues eclesialmente sería un fallo imperdonable prescindir de las Religiosas, al menos de las Congregaciones más numerosas. Sin embargo, hay que pensar bien en la organización y la logística a fin de que no nos desborde un número excesivo de participantes.

Mi aportación

Por mi parte apunté telegráficamente las líneas que consideré más típicas en el intento de renovación de la espiritualidad en nuestro Instituto. 

· No caer en las exclamaciones emotivas sin contenido. 

· Evitar una cierta tristeza y lamentaciones típicas de esta devoción tradicional. 

· Evitar también imágenes lánguidas y acarameladas. 

· Volver a las fuentes, sobre todo la escena del Calvario, aunque también a los grandes temas formulados por los SS. PP. (el costado, la herida, el agua, sangre, los sacramentos, etc). 

· No insistir en Sta. Margarita Alacoque porque también requieren un papel de importancia las místicas medievales y otros autores como S. Fco. De Sales, S. Juan Eudes y el trasfondo de la escuela de espiritualidad francesa del s. XVII con Bérulle al frente. 

· Corazón como posible vínculo con la postmodernidad que enfatiza los sentimientos más que la razón. Una manera de dialogar con la sociedad actual. 

· Más que hablar del Jesús consolado hay que hacerlo del Jesús traspasado. En otras palabras, uno de los objetivos de la espiritualidad se centra en los traspasados por la injusticia de nuestro mundo.

Punto final

Por supuesto que habrá otras sesiones. La próxima probablemente tendrá lugar en Mayo del año en curso. Yo estaría muy de acuerdo en que asistiera otro congregante del Instituto a fin de que el interés por el tema se ampliara. 

En este asunto sólo lamento un dato, prosaico sin duda. Las tres horas de reunión me llevaron a hacer un viaje de diez horas de ida y otras tantas de vuelta. Sin exagerar: desde que partí del santuario de Lluc hasta que llegué a la Chiesa de S. Celso e Giuliano transcurrieron estas horas. Coches, autobuses, trenes, largas esperas en los aeropuertos… 

Aunque no todo son lamentos. Recordar los tiempos jóvenes -estudiante en la Gregoriana y el Angelicum-, recorrer las típicas calles romanas del centro histórico, escuchar el dialecto romanaccio y admirar de nuevo tantos monumentos de tan diversas épocas también compensa las preocupaciones y dificultades del viaje.

domingo, 20 de enero de 2013

El Montserrat del misterio

Frente a la entrada de la Basílica

Sería inacabable este apartado. Montserrat es un lugar lleno de tradiciones y leyendas. Su mismo origen espiritual empalma con la leyenda del encuentro de la imagen allá por el siglo IX.  El relato es muy parecido a otros, por ejemplo, al de la Virgen de Lluc. Se refiere a un pastorcito deslumbrado por una luz inefable. El obispo se entera del hecho y la traslada a un lugar poblado y más seguro. Pero la estatua pesa tanto que imposibilita la tarea. Se interpreta que la Virgen desea un santuario en el lugar.
Se dan variantes, claro. En ocasiones, junto al pastor, hay un monje. También sucede que la Virgen se traslada sin mayores problemas, pero al día siguiente se la encuentra nuevamente en el lugar del hallazgo. Y más que de variantes a veces hay que hablar de contraposiciones. A las leyendas de las “vírgenes encontradas” se contraponen la de las “vírgenes aparecidas”.  
Montserrat es una montaña fecunda en leyendas que en parte propician las caprichosas formaciones geológicas de las rocas, así como la concurrencia de numerosos peregrinos y excursionistas transitando por sus veredas y senderos. Más aún, no faltan quienes afirman que la montaña está vacía por dentro, que en ella yace un enorme lago y que irradia energías formidables procedentes de fuerzas telúricas.
Otra leyenda -que relato telegráficamente-, tiene que ver con la hija del conde Guifré el Pelós, fundador de la dinastía condal catalana (mitad del s. IX). Su hija Riquilda está poseída por el demonio y la única esperanza de liberación pende de la virtud de un ermitaño de Montserrat llamado Fra Garí. Pero el diablo le emponzoña la mente y acaba violándola. El desdichado ermitaño la mata, entierra el cadáver y empieza a sufrir terribles remordimientos.
Fra Garí  viaja a Roma para pedir perdón al Papa. Éste le condena a andar a cuatro patas y vivir como un animal hasta tanto un niño no le anuncie la absolución. Así sucede al cabo de los años. Y justamente entonces es hallado con vida el cuerpo enterrado de la joven.
Hay quien aventura que el gran Leonardo Da Vinci anduvo por la montaña. Una de las pruebas sería su pintura de la Virgen de las rocas. Cierto que el paisaje recuerda los macizos de Montserrat. Y algo parecido sucede con el escenario en el trasfondo de la Gioconda. Por otra parte hay indicios de que el genio pintó una tela sobre S. Jerónimo en el lugar. En la Vanguardia, no hace mucho, un autor dejaba saltar la hipótesis de que el pintor empalmara sus orígenes con la nación catalana.
La montaña y el santo Grial
Escribió el literato alemán Schiller: En ningún lugar encontrará el hombre la felicidad y la paz más que en su propio Montserrat. El poeta romántico autor vertió grandes elogios hacia la montaña. En su opinión tenía mucho que ver con el refrán socrático: “conócete a ti mismo”. Se explica muy bien que los ermitaños y anacoretas poblaran estas tierras abruptas a la búsqueda de su pozo interior. La montaña como emblema de un largo recorrido interior.
La identificación entre el gran mito del Grial y la montaña sagrada cuajó en el arte cuando el romanticismo alemán alcanzó su punto álgido. Ricardo Wagner ya conocía a través de Goethe y Schiller la espiritualidad y el significado del grial y la montaña. En su ópera Parsifal recreó la aventura del castillo de Montsalvatge/Montserrat. Al estrenarse la obra a finales del siglo XIX en  Bayreuth (Alemania), los decorados de la misma reproducían sorprendentemente los monolitos y las agujas de Montserrat.
Los nazis también tienen que ver con los enormes peñascos de Montserrat. El 23 de octubre de 1940 el fundador de las SS. H. Himmler, visitaba el monasterio convencido de que en el mismo encontraría las claves para dar con el Grial. A saber, el cáliz de la última cena de Jesús que, a lo largo de la historia, ha protagonizado tantas leyendas, novelas y aventuras. Con el mismo estaba seguro de que lograría doblegar cualquier potencia contraria y hacerse dueño del mundo.
El Abad no quiso recibir a Himmler y delegó a un joven monje que sabía alemán. Pero no era el monasterio lo que quería visitar el nazi, sino encontrar el santo grial en alguna de las cuevas cercanas. En la cabeza del fundador de la “Orden Negra” bullían mil fantasías, algunas de las cuales estaban vinculadas con el rocoso macizo de Montserrat.
Más misterios en la cumbre
Durante muchos años (y no sé si todavía en nuestros días) el 21 de febrero se celebra en Manresa la fiesta de luz misteriosa. La fecha recuerda que en el año 1345 una luz invadió la Iglesia de esta localidad y, como una estrella fugaz, regresó a Montserrat, de donde procedía.
¡Como no! Las rocas de la montaña conforman el entorno de un santuario mariano y, al decir de algunos, también un santuario ufológico. Un tal Lluis Grifol, desde hace unos 35 años, concentra cada dia 11 del mes a unas cuantas personas deseosas de avistar objetos volantes no identificados.
Montserrat, de rocas caprichosas e intensa belleza natural ha inspirado a místicos, ermitaños, y grandes artistas... ¿Cuál es el tesoro que se esconde en su interior? ¿Cuál es la energía o la fuerza que ha llegado a conformar tan hermosas formas verticales? Los caprichos geológicos de las cuevas han inspirado las más fantásticas interpretaciones de diablos, hadas y seres sobrenaturales. Incluso el famoso arquitecto Antonio Gaudí se inspiró en las formas de la montaña y en el lugar dejó alguna de sus creaciones.
No vayan a creer todo lo que se dice, pero no está mal saber qué es lo que se dice. Y se dice, por ejemplo, que la Virgen tiene color negro porque se esculpió teniendo en cuenta una simbología esotérica. El negro absorbería los fluidos negativos. La Virgen es patrona de Catalunya porque protegería a sus habitantes de las vibraciones cósmicas negativas.
Acabo este escrito simplemente dando fe de que sí es cierto que mucha gente experimenta una gran paz y sensaciones espirituales poco comunes en lo alto de la montaña.  

jueves, 10 de enero de 2013

Una montaña emblemática

El autor en su última visita a Montserrat

En la entrada anterior no hice ni la mitad del recorrido en mi intento de expresar opiniones y sentimientos acerca de mi estancia en Montserrat, el Santuario de mayor importancia de Catalunya. Hablé de los monjes y de la Escolanía. Ahora toca comentar el impacto espiritual que produce el lugar, el significado de la Virgen morena y la montaña emblemática del catalanismo. 

Lugar de fuerte impacto espiritual 

En el siglo XVI llegó a Montserrat un guerrero vasco llamado Íñigo. Al penetrar en la basílica y ver a la Virgen, experimentó una fuerte conmoción espiritual. Aquel guerrero se quedó por una temporada junto a la montaña, en la población de Manresa. El lugar es hoy es una cueva muy visitada y apreciada, particularmente por los jesuitas. Allí vivió como anacoreta por unos meses y, diríamos hoy, con estados alterados de conciencia. 

Iñigo escribió unos famosísimos ejercicios espirituales -un tanto enjutos para mi paladar-, inició la tarea de fundar la Compañía de Jesús y se convirtió en S. Ignacio de Loyola. Pero la de S. Ignacio no es la única conversión acaecida en Montserrat. Y no sólo conversiones espirituales se han producido en la montaña, sino también sorprendentes curaciones. Sin duda el conjunto montserratino -monasterio, montaña, cueva, historia, leyendas…- produce un fuerte impacto espiritual. 

La Virgen morena 

La Virgen, sentada majestuosamente en el trono del camarín, es la perla de la montaña. Los catalanes se refieren a ella como la moreneta debido al color oscuro de su cara. La imagen actual data de finales del siglo XII, de estilo románico, aunque ciertos rasgos ya llevan a pensar en el gótico posterior. 

El Niño Jesús se sienta en el regazo de la madre, la cual sostiene el cosmos con la mano derecha. El Niño Jesús bendice con la mano derecha y en la izquierda sostiene una piña, símbolo de fecundidad y vida perenne. La postura solemne de la imagen no le resta afabilidad. 

La explicación oficial de su color es que ennegreció el barniz de la imagen al contacto con los gases desprendidos por los cirios que quemaron a su alrededor durante años. Sin embargo el color de la imagen ha hecho correr mucha tinta. Hay quien sostiene que tiene que ver con iconos y atributos de antiguas deidades femeninas de la fertilidad cuyos rostros se labraban en marfil: Isis, Cibeles, Artemisa. El marfil se oxidaba y ennegrecía con el paso del tiempo. 

Por supuesto, nada tiene que ver el color con las vírgenes modernas que el artista dota de rasgos étnicos negros. Sí es cierto que a largo de la Edad Media abundaron las imágenes de Vírgenes de rasgos europeos, aunque de piel oscura. Se las encuentra especialmente en Francia y España. Eran objeto de intensa devoción popular. 

Quienes no dudan en dar un paso adelante en terreno pantanoso y esotérico afirman que en el origen del culto a las diosas madres prehistóricas se hallan unas piedras negras caídas del cielo. Se trata de los meteoritos que reciben adoración por cuanto son generadores de vida. Un ejemplar famoso de estas piedras lo encontramos en el templo de la Kaaba, destino de peregrinaciones multitudinarias. 

Me contaba el Rector Sanromà que el día en que debía acabar el mundo, según el calendario maya, un grupo de esotéricos pretendían llevar a cabo una gran danza alrededor del dibujo geométrico (mandala) de la plaza anterior a la Basílica. La certeza comprobable es que se forman larguísimas colas a lo largo de todo el día para visitar la imagen. Diversos son los motivos, pero indudablemente muchos buscan refugio y protección en momentos de desánimos, mientras otros peregrinan con el corazón agradecido. 

El corazón del catalanismo. 

El día 12 de diciembre de 1970 unas 300 personas vinculadas a diversos sectores intelectuales, culturales y artísticos de Cataluña, decidieron encerrarse en el monasterio de Montserrat. Entre otras cosas protestaban porque el gobierno franquista había emprendido un juicio amañado -el proceso de Burgos- contra militantes de ETA. 

Entre los concentrados en el lugar había connotados personajes: Antoni Tàpies, Joan Brossa, Joan Miró, Gabriel García Márquez, etc. La iniciativa adquirió gran eco internacional. Por otra parte el Abad Escarré tuvo que exiliarse por publicar en el diario Le Monde las injusticias del régimen y la opresión sufrida por los catalanes. 

La mayoría de los monjes son favorables al catalanismo. Se admiten de otras regiones, siempre y cuando comulguen con lo que significa el Santuario y su encarnación en el entorno. Algunos son militantes catalanistas, como el monje Hilari Raguer. En el blog que publica Religión digital, no esconde para nada sus preferencias. Sostiene su postura con argumentos históricos. Y es que casi nunca Catalunya ha encajado en España. Las actuales tensiones no son cosa de ayer. 

Bien es verdad que hace unos 13 años se generó un notable conflicto entre distintos grupos de monjes pertenecientes a diversas generaciones. Los más antiguos sostenían que Montserrat debe ser símbolo de amor a la tierra y un referente en cuanto a las celebraciones litúrgicas de calidad. Otros piensan que la cuestión del catalanismo debiera ser secundaria. Y el tercer grupo considera que ellos deben ser monjes benedictinos sin ulteriores pretensiones. El hecho es que estas opiniones trascendieron a la prensa, se mezclaron con acusaciones turbias y el conjunto desembocó en un cambio de Abad y en el exilio temporal de algunos monjes. 

El conflicto no tuvo demasiada repercusión entre la gente sencilla. Para el catalán promedio desde siempre Montserrat ha sido símbolo del catalanismo y sigue siéndolo. Por supuesto, todas las celebraciones son en catalán. Sólo una mente prejuiciada y sectaria podría condenar que en el corazón de Catalunya se hablara otra lengua. 

Dejo todavía para una siguiente entrada el Montserrat del misterio.

domingo, 30 de diciembre de 2012

De Lluc a Montserrat



He visitado numerosos lugares a lo largo de mi vida. Pero recuerdo algunos de ellos de modo especial. Me han transportado, por así decirlo, a una dimensión sorprendente… mística…transcendente…inesperada… Difícil adjetivar lo indefinible. Los lugares los tengo muy presentes: la mezquita de Córdoba, el Palau de la música y Santa Maria del Mar en Barcelona, así como las montañas de Machu Pichu en Perú. 

Las impresiones que causa Montserrat no son del mismo cariz porque aquí la experiencia no se centra en un espacio, sino en un abigarrado conjunto de eventos y de edificios. Los posos de la historia han ido depositándose en el lugar. Pero, sobre todo el camarín de la Virgen, algo en común tiene -a escala- con los espacios citados. 

Pues bien, por unos días he dejado el Santuario de Lluc en Mallorca y, con ocasión de visitar a mis familiares en Navidad, he pasado unos días en Montserrat. Al fin y al cabo Lluc sigue la estela de este lugar emblemático en su identificación con la tierra y la lengua, en la calidad de las celebraciones litúrgicas, el interés por la cultura, la acogida a los peregrinos…

En esta montaña hay un monasterio cuidado por una numerosa comunidad de monjes, una escolanía de niños bulliciosos, varios restaurantes, habitaciones de distintas categorías. Una Iglesia visitada por miles de turistas procedentes de todas las nacionalidades. Un centro turístico de primer orden.

El nombre de Montserrat -monte serrado, en catalán- se asocia a unos macizos rocosos que originan paisajes poco habituales. ¿Qué calificativo se ajusta a las formas que exhibe la montaña? Para mí los adjetivos que mejor le cuadran son el de audaces e imponentes. En efecto, la montaña destaca por sus descomunales peñascos cónicos clavados firmemente en el suelo, alzándose en su verticalidad y se diría que desafiando la pesadez y la rutina de tantos otros paisajes.

Montserrat es un abigarrado conjunto de instituciones. Hay que ir paso a paso para enterarse de lo que ofrece este fabuloso escaparate.  

Escolanía de voces bien educadas

He sido miembro de la coral del santuario de Lluc cuando era de voces mixtas en mi etapa de estudiante de filosofía. Viví muy cerca de la Escolanía recién ordenado de sacerdote cuando di clases a los niños. He regresado ahora para atender a los peregrinos cuando en teoría estoy jubilado. Sé que no resulta nada fácil mantener unas docenas de voces afinadas y en forma. Hay que sostener la atención de los pequeños y se hace preciso alargar las horas de ensayo. 

El espectador con una educación musical mediana goza al escuchar los cánticos de la escolanía. Si tiene desarrolladas las papilas musicales es posible que la escucha le abra una ventana a la trascendencia. Sin embargo los niños –que también tocan instrumentos- no dejan de ser niños juguetones y las hormonas han iniciado su ebullición en algunos de ellos. En Montserrat sólo hay niños. Dicen que el timbre musical cambia al incorporar a niñas. Puede ser, pero en Lluc también cantan un grupo de ellas. Entre otros motivos porque se dificulta tener los cantores precisos procedentes únicamente del género masculino como sucedía años atrás.

La Escolanía de Montserrat es, si no el coro más antiguo de niños cantores, sí uno de ellos. Hay quien lo remite al siglo XII. En todo caso hay documentos del s. XIV que acreditan su existencia. Los muchachos participan en las celebraciones litúrgicas y las plegarias que tienen lugar en la Basílica. Los escolanes reciben una formación musical de alto nivel y no queda atrás la educación humana y la intelectual. No raramente se les solicita para conciertos a lo largo y ancho del mundo. You tube da razón de su larguísimo repertorio. 

Monjes cultos que oran y trabajan 

Los monjes benedictinos que pueblan el lugar -unos 60- tienen encomendada la tarea de que el monasterio y el santuario resulten el escenario óptimo para el encuentro con Dios, la oración, el retiro, la dirección espiritual. Por supuesto que los miembros de la comunidad, como todos los monjes, tienen muy presente la vida de oración, la acogida a los peregrinos y el trabajo manual o intelectual. Ora et labora es el lema que ya echó  a andar S. Benito. El tiempo se aprovecha. Los monjes miraban el reloj de sol y miran ahora el de pulsera. 

Por supuesto, entre los miembros de la comunidad se encuentran intelectuales de primera línea, particularmente profesores y escritores. Es ya inacabable la lista de publicaciones de la Abadía. A mí personalmente me editaron el libro Aproximació al misteri de Déu allá por los años ’80. Hay monjes de mucho prestigio: el mallorquín J. Massot, especialista en la guerra civil, H. Raguer que sabe de salmos, de historia y de periodismo. Lluís Duch es un sabio sólido y macizo que escribe sobre temas enrevesados de antropología. 

Los monjes alaban a Dios y cultivan el silencio, pero también llevan cabo diversas tareas de carácter pastoral, cultural e intelectual: preparación para determinados sacramentos, recepción de grupos, conferencias, celebraciones litúrgicas, confesiones, dirección espiritual, clases, investigaciones, escritos, estudios bíblicos y litúrgicos, edición de revistas, etc. Por supuesto, también andan atentos al buen funcionamiento del monasterio y del santuario y para ello no rehúyen trabajos materiales y artesanales.

La liturgia  marca el ritmo diario de la jornada monástica. Cinco veces al día se reúne la comunidad con este fin. La Eucaristía constituye el momento central de la jornada en el Monasterio y en el Santuario. Muchos peregrinos toman parte en las liturgias monacales. 

Mi propósito era hablar del Montserrat espiritual donde algunos ilustres peregrinos, como S. Ignacio de Loyola, experimentaron fuertes conmociones espirituales. Del Montserrat que venera una Virgen negra, cuya imagen besan miles de peregrinos diariamente, una imagen con mucha leyenda sobre sus espaldas. 

También quería escribir unos párrafos sobre el Montserrat corazón del catalanismo y finalmente acerca de la montaña mágica de la cual han brotado relatos de todo tipo. Relatos de energías misteriosas, de las visitas de Leonardo Da Vinci, de búsquedas del grial por parte de los nazis… Está claro que deberé dejar estos propósitos para sucesivas entradas.  

jueves, 20 de diciembre de 2012

El sabor político de la Navidad


Bien saben quienes están familiarizados con los evangelios de la infancia que sus relatos no pretenden reproducir escenas de carácter histórico. Sin embargo no dejan de proclamar verdades como puños. Sucede con frecuencia: la verdad más genuina no necesariamente se relaciona con el resultado que arroja la matemática o la probeta. 

Determinados relatos imprimen huellas más duraderas en el corazón que la verdad sucinta de un acta judicial o las imágenes sin fotoshop de una fotografía realista. La prueba no hay que buscarla lejos. Desde hace dos mil años en los más apartados rincones de nuestro mundo hay gente que se reúne para festejar el nacimiento de un niño en pañales, gimiendo en una cueva y calentado por el vaho de unos animales.

Los elementos que enhebra esta historia ni siquiera son muy seguros. Sin embargo, no se sabe de grupos que se reúnan para colocar en el centro de su atención un acta bien sellada mientras la ensalzan con cantos y la celebran con dulces. 

El sentimentalismo, un virus navideño

El tópico de que en Navidad se contagia el virus de una sentimentaloide fiebre infantil sigue en pie en numerosos ámbitos y rincones. Tan es así que de pronto los abuelos se movilizan y van a la búsqueda de papel de aluminio y mechones de algodón para fabricar ríos de cristal y nubes blancas. En esta recurrente pandemia infantil de sentimientos y ternuras no faltan los cantos, los abrazos y los dulces.

Bien está todo ello y más aún en tiempos de recortes, de corrupción y de ciudadanos indignados. Bien está siempre y cuando no induzca al letargo y a cruzarse de brazos. Bien está si el conjunto no se reduce a cantarle a la noche silenciosa de la cual brota un bebé de ensortijados cabellos rubios y mofletes color rosado.

La verdad del relato es más profunda y menos azucarada. El pesebre y los pañales remiten a un mundo pobre y frío, a un rechazo hasta el punto de que a una madre embarazada no le queda otra salida que la de alojarse en un establo. 

La dimensión escondida

Esa es la dimensión más escondida de la navidad. Una dimensión política en la que la narración de Belén toma postura en favor de los desprovistos de dinero, de voz y de prestigio. No deja de ser inquietante que al pie del pesebre no estén el gobernador, ni los sumos sacerdotes, ni los sabios escribas. A cambio sí estarán en los días de la pasión.

Las primeras páginas del evangelio se refieren también a una muchacha sencilla que tiene la desfachatez de afirmar que Dios ensalzará a los humildes i humillará a los poderosos. Poco tiene en común con la voz melosa y edulcorada que nos presentan ciertas estampas y relatos sobre la Virgen María, ornamentada con vestimentas azules y aclamada por angelitos rechonchos. 

La noche de paz a que se refiere el más famoso de los villancicos no logra silenciar que el niño tierno de Belén cuestionará los cimientos de su pueblo: el templo, la institución del sacerdocio, la ley. Nada extraño si los poderosos concluyen al cabo que más vale que muera un hombre por el pueblo que no todo un pueblo a causa de un hombre. 

Hijo de Dios, Salvador, Mesías, Rey… son títulos atribuidos a un niño frágil, embutido en harapos y reclinado en un pesebre. Los que no cuentan son los que cuentan en las matemáticas de Dios.

Jesús nació en una época llamada “pax romana”. Una paz parecida a la del cementerio: los poderosos encuentran acomodo y tienen medios para lograr que nadie proteste. El niño pondrá las bases para otro tipo de paz: la “Pax Christi”. Una paz basada en un tipo de relaciones humanas más sinceras y cálidas. En una política más solidaria y participativa. En una economía menos especulativa. 

La historia del niño Jesús no consiste en una entretenida y poética narración para escuchar una vez al año en la Iglesia y celebrarla luego alrededor de la mesa familiar. Es más bien la semilla de la buena nueva. Interpela a los hombres y mujeres de nuestro mundo a la hora de establecer una convivencia más decente. 

El niño de Belén todavía no balbucea palabra alguna, pero su protagonismo en el relato -que ni siquiera casa bien con la historia- advierte que no está de acuerdo con las relaciones opresoras que se dan entre los hombres y mujeres de nuestro mundo. Cuando sea mayor se indignará y protestará.

Ahora bien, levantar la voz y protestar incomoda a quienes tienen la sartén por el mango y han construido el laberinto por el que circulamos. Una tal osadía se paga. He leído en alguna parte que el niño Jesús en el pesebre ya lleva dibujada la cruz en la frente.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Prelados domésticos... ¡Todavía!




Vaya por delante que no tengo absolutamente nada contra quienes hace unos días recibieron en la diócesis los honores de prelados domésticos, capellanes de su santidad, etc. A unos no los conozco, con otros mantengo una relación nunca enturbiada y me parecen personas muy dignas y tratables.

Más aún, tiendo a suponer que los destinatarios de los títulos honoríficos se sienten incómodos ante la situación que les ha sobrevenido. No se trata, por tanto, de atacar a la persona, sino de opinar acerca de los honores que se reparten en la Iglesia de Dios.

¿Condecoraciones para personas que tienen un buen curriculum? Me parece directamente en contra de las recomendaciones de Jesús acerca de que no sepa la mano derecha lo que hace la izquierda. En las antípodas de sus consejos a propósito de no exhibirse con largas túnicas ni ensanchar las filacterias. Una ignorancia culpable del versículo aquel en que prohíbe los títulos y los honores. Véase Mt 23,1-12.

Los obispos no lucen nada bien con sus capisayos colorados. En más de una ceremonia he escuchado detrás de mí a alguien preguntando con sorna qué disfraz era el del señor de rojo. Pero que a quien no es obispo se le conceda como gracia honorífica vestirse como tal, ya resulta esperpéntico. 

Nuestra sociedad laica, light y líquida no está para tales monsergas. Sus hombres y mujeres consideran que las vestimentas y títulos en cuestión no pasan de juegos infantiles, no van más allá de una candorosa vanidad. Ahora bien, los infantilismos  no cuadran en unos señores hechos y derechos, que han ejercido altos cargos de dirección y administración. 

Circulan por nuestras calles personas visceralmente anticlericales a quienes por cierto no les pasan inadvertidos estos hechos. No quieran saber los sarcasmos, las chacotas, los sapos y culebras que salen por esas bocas. ¿Cómo contradecirles? ¿Con qué argumentos?

Creía que este tipo de condecoraciones había caído en desuso. Pues no, todavía hoy, en pleno siglo XXI, en tiempos postmodernos, se conceden tales prebendas. Disculpen si mi afirmación va salpicada de demagogia, pero no me imagino a los seguidores de Jesús, por los caminos de Palestina, distinguiéndose con tan estrafalarias vestimentas. 

Que la mano derecha no sepa lo que hace la izquierda. Está en los evangelios, pero se ignora la afirmación tranquilamente. Se premian los méritos y para ello se ha creado el cardenalato, los prelados domésticos, los capellanes de su santidad… ¿Quién premia los méritos de la humilde catequista que le roba horas a su ocio y hasta a su familia, para enseñar unas nociones a los niños de la parroquia?

Por lo demás, no se ignoran tan olímpicamente otras frases que se hallan en las mismas páginas. Por ejemplo, la de no separar lo que Dios ha unido. O aquella otra: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia. Claro discrimen que habría que poder denunciar en algún tribunal vaticano. Hoy por hoy no existe tal Institución, pues sí funciona la Congregación para la doctrina de la fe, pero no la Congregación para la buena conducta. 

Existen vicios ante los cuales uno cierra un ojo, sabedor de que la naturaleza humana tira hacia el placer como la cabra al monte. Pero suelen cometerse en un discreto anonimato. La vanidad de la que hablamos justamente alcanza su punto álgido cuando se despliega ante los ojos de la multitud. Si bien no descarto que alguno, aquejado de narcisismo, se disfrace ante el espejo. Todo podría suceder. 

Por otra parte, es de esperar que se critiquen los premios concedidos como favoritismo de un obispo en pro de determinados clérigos. Y se preguntarán muchos qué esquemas mentales le mueven a un obispo a embarcarse en la dispensación de tales prebendas. Y se preguntarán los destinatarios qué hacer con los títulos. Porque si no es educado renunciar a ellos y despechar al obispo, tampoco resulta honroso aderezarse con los atuendos en cuestión. Lo que se dice un regalo envenenado.   

Acabo con unas disquisiciones sobre las vestimentas eclesiásticas de la alta jerarquía. Convendrán conmigo que no aumentan el grado de santidad de quien las viste o calza. Y si ustedes frecuentan las calles y ámbitos que frecuentan la mayoría de los mortales convendrán igualmente que son motivo de risa, burla o escarnio. 

Se ha suprimido la tiara pontificia, la silla gestatoria, varios metros de los vestidos cardenalicios. Pero todavía queda mucho donde recortar. Ahí sí que los recortes serían del todo saludables y no en los campos donde los llevan a cabo los políticos. 

Se cuenta que el Cura de Ars le obligaron a vestirse la muceta, la cual recibió de mala gana. Días después escribió a su obispo estas palabras: 

la muceta que tuvisteis caridad de darme, me ha causado un  gran placer, pues no tenía bastante dinero para completar una fundación y la he vendido por 50 francos. Por este precio he quedado más que contento (4 de noviembre de 1852).

No hay que prestarse a halagar vanidades. Aunque bien mirado, ornamentarse con colores rojos y escarlatas, mucetas, sobrepellices y armiños, más bien supone una humillación o una grave penitencia. Me temo que poca gente se hallaría dispuesta a emperifollarse con tales prendas
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